Nuevo premio para el poeta Nelson Romero Guzmán

Sin lugar a dudas 2015 pasará a la historia personal de Nelson Romero Guzmán y de paso, a la historia de la poesía tolimense, como el año de la gran cosecha por los dos premios obtenidos.

El primero a comienzos de año con “Bajo el brillo de la luna”, Premio Casa de las Américas y ahora hace dos días, con “Música lenta”, Premio Nacional del Ministerio de Cultura 2015 al mejor libro de poemas publicado entre los años 2013 – 2014.

Pero si bien los premios resultan gratificantes, mayor es la satisfacción de percibir en los últimos poemarios de Nelson, una madurez que nos permite afirmar sin dudas, que estamos ante una voz mayor de la poética latinoamericana y que ha solidificado una propuesta estética que se encumbra hacia niveles de la filosofía donde dialoga con los conflictos ontológicos del creador artístico.

Según Pfeiffer “Todo complejo verbal tiene dos aspectos, el audible y el inteligible: sonido y sentido” y es en el poema donde se materializa esta dupla que conjuga música y palabra, en una simbiosis perfecta.

En la obra de Nelson, que acaba de ser premiada por el Ministerio de Cultura, no solo se evidencia este principio, sino que su título lo contempla explícitamente.

“Música lenta” desde el punto de su estructura externa parece obedecer a una sinfonía clásica con sus tres movimientos, las tres partes que en el libro reciben los subtítulos de: ceremonia, música lenta y variantes. El contenido de las mismas se desarrolla a partir de pequeños textos que combinan, la prosa poética y el verso libre, en una distribución irregular.

El libro se inicia con un prólogo muy particular, escrito supuestamente por la poeta norteamericana Silvia Plath, quien se suicidara en el año 1963, a los treinta años de vida. Este artificio de trasladar la voz poética a una muerta, le permite a Romero Guzmán hablar de sus propias obsesiones frente a la escritura y recriminarse así mismo, en una búsqueda de las razones que le asisten para continuar la dolorosa tarea de hacer del poema, un grito que pueda llegar a muchos lectores.

Con el uso de las técnicas de la intertextualidad, entre las cuales sobresale el pastiche, discurren los otros dos movimientos. En el segundo “Música lenta”, las cuerdas, los instrumentos y las partituras se entrelazan a manera de laberinto para hablar de la muerte como cita inexorable y el tercer movimiento es una combinación de referencias literarias y pictóricas, con realidades locales tratadas estéticamente.

La cultura del Tolima está de fiesta, porque este hijo de Ataco ha trascendido las fronteras y con mensajes que intentan desentrañar visiones de mundo del hombre contemporáneo, nos está haciendo visibles en el contexto universal.

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