El síndrome del retrovisor

La Psicología define el Síndrome del Espejo Retrovisor (SER) como “mirar atrás y sacar conclusiones a futuro”. Susana Recarey Eirís (psicóloga), amplía este concepto y establece que “Nuestro presente es el conjunto de decisiones y acciones que tomamos todos los días cuando nos levantamos de la cama por la mañana. No importa tu pasado si estás dispuesto a construir tu futuro”. En nuestro medio se ha asumido este concepto y se aplica en el contexto político como un síndrome que sufren aquellos funcionarios recién elegidos, que llegan a ocupar cargos de gran responsabilidad y se quedan mirando por el retrovisor y acusando a sus predecesores de los males del futuro, a veces con actitudes mesiánicas o como una manera soterrada de prepararse para enfrentar sus fracasos.

Ibagué hace 23 días cambió de alcalde y algunos creyeron que las cosas mejorarían rápidamente, pero nos hemos encontrado con la fastidiosa costumbre de hablar mal del antecesor y de culparlo de los posibles errores del futuro, actitud que demuestra la incapacidad y la mezquindad para encarar los compromisos y achacarle a los demás la falta de gestión. Por supuesto que no se esperan profundos cambios en la transformación de la ciudad, pero ya era hora, como lo vienen haciendo en otras capitales, de perfilar las soluciones con propuestas innovadoras que muestren un verdadero interés de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes y no tratando de obnubilar y arrasar la pasada gestión.

Los argumentos que ha esgrimido el alcalde adelantándose al incumplimiento de las promesas hechas, insisto, no pueden recaer sobre el funcionario anterior, porque como dice Ángela Merkel, canciller alemana: “los elegidos no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen nombrar para gobernar con el propósito de corregirlos. Culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre”.

Señor Alcalde, efectivamente debemos “cambiar el chip”, entender que “el odio y la tiranía” de la que acusa al anterior burgomaestre no corresponde a un debate político serio y, por el contrario, hace parte de quienes consideran que se llega al poder para actuar en favor de los grupos políticos que lo eligieron y no de todos los habitantes de la ciudad. Esta actitud manifiesta de la actual administración erosiona y enfrenta a la comunidad ante cualquier intento de aglutinarla. No es con ese tipo de lenguaje despectivo que podemos construir ciudadanía, como tampoco ocultando los posibles delitos cometidos en el pasado. La administración tiene la responsabilidad de denunciarlos, para eso están los llamados entes de control y la justicia, quienes juzgarán tales acciones, sin el rencor y el apasionamiento de los “vencedores”.

Una sugerencia coloquial, no mire tanto por el retrovisor, porque se puede accidentar, mire hacia el futuro.

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