Resaca decembrina

Terminó el desenfreno consumista de fin de año. Son pocos los que atienden espirituales llamados para hacer una pausa en diciembre, reflexionar y buscar la paz interior, e incontables los alienados por la ilusoria publicidad que acuden en hordas a los templos comerciales y sustituyen el cariño verdadero con baratijas u objetos caros e inútiles, para regalar a quienes no los necesitan.

A una viejita conocida –de menguante salud y escasa visión- el hijo le trajo de España un Smartphone Android: “¡Mamá, tiene pulsímetro, gps, lector de huellas digitales y es resistente al agua..! Este cándido cree que el caro artilugio le servirá a su progenitora -en término muy breve- para flotar sin riesgo entre lluviosas nubes y hablar con él desde el más allá. Aquí, solo la visita cada cinco años.

Y en el marco de la chispeante alegría decembrina, las numerosas riñas hogareñas registradas por la Policía indican que la paz, armonía y unión familiar, necesitan de estas fechas para hacer sus ajustes. Uno observa que sin vainazos, peleas y recriminaciones lacrimosas, las cenas navideñas y de año nuevo no tendrían sabor hogareño: “...todos sabemos que usted no es hijo de mi papá…”; ó “…ustedes me robaron parte de la herencia de mi tía…”. Son destellos navideños.

Pero concentrémonos en 2015, que no pinta bien. Y no tanto por el precio del petróleo. No. Es que nadie percibe situaciones escalofriantes por venir: las profecías de Malaquías y Nostradamus, que no presagian nada bueno y, lo más angustioso: en octubre “elegiremos” gobernadores, alcaldes, diputados y concejales. ¡Sálvanos, señor, que perecemos!

El acertado San Malaquías, vaticinó que el Papa 112, el actual, sería el último pontífice “que hará pacer a sus ovejas en medio de numerosas tribulaciones; pasadas estas tribulaciones, la ciudad de las siete colinas (Roma) será destruida y el juez terrible juzgará al pueblo”. Lástima del Papa Francisco, prometía.

El inquietante Nostradamus predijo que este año: “La gente se negará a pagar más impuestos al rey”. Quedamos ‘paila’. Aquí tenemos presidente. “El cielo se abrirá, los campos serán quemados por el calor”. ¿Será el fenómeno de ‘El Niño’ o este profeta adivinó la tala de bosques y el hueco en la capa de ozono? “Los ricos morirán muchas veces”. Será de codicia, porque con la reforma tributaria y el salario mínimo quedaron sonrientes.

La catástrofe, la caja de Pandora de los colombianos, será la elección de los politiqueros de siempre, con los vicios de costumbre. Apenas comienza el año, no hay candidatos inscritos, y ya comenzó la trashumancia de votos, los ‘pactos de convergencia’, los ‘acuerdos programáticos’, los ‘acercamientos ideológicos’, perversa retórica que no es otra cosa que las componendas previas para perpetuarse en el poder y eternizar la corrupción, la inequidad y la injusticia.

Ojalá votemos bien. Si no, en el próximo diciembre felicitarnos será como desearle Feliz Navidad a un pavo.

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