Incubadoras de violencia

Con sabiduría decía un preceptor que la educación es una vacuna contra la violencia. Por eso causa desazón la indiferencia con que se celebró el “Día escolar de la no-violencia y la paz”, cuya intención es insertar en la educación de niños y jóvenes conocimientos sobre derechos humanos, solidaridad, concordia, tolerancia y respeto por las ideas y creencias de los demás. Seguramente hay poca audiencia por las vacaciones, pero esta conmemoración merece, en una coyuntura como la que vive nuestro país, actos diarios de reafirmación.

Si los niños crecen copiando e imitando lo que hacen los adultos, cunde el mal ejemplo que amplifican los medios de comunicación. Se inicia un noticiero con una clara advertencia: ‘Este programa debe ser visto en compañía de un adulto’. Y luego, como entrada, aparecen con toda su crudeza las noticias sobre los “picaderos” de Buenaventura donde criminales hacen literalmente picadillo a la gente; y el plato fuerte en lo internacional es la masacre de 43 estudiantes en Ayotzinapa, México, que dicen fueron incinerados con llantas y basura durante 24 horas y arrojadas sus cenizas a un río. El postre puede ser las explosivas masacres de los suicidas fundamentalistas en el Asia.

Lo paradójico es que el mismo noticiero presenta, como nota de farándula, la ‘instalación’ del fotógrafo Spencer Tunick (tipo que le gusta empelotar gente en plazas públicas) de 110 mujeres desnudas posando en México.

Pero eso sí, en el video se ocultan electrónicamente todas los partes pudendas y todos los senos de las féminas. ¿Qué argumentos tiene entonces el adulto para explicar al menor por qué se tapan 220 senos, que lo único que puede provocar son “pensamientos impuros” –como decían las señoras que preparaban niños para primera comunión- y en cambio sí, se muestren escenas sangrientas y horrores terroristas?

Con estos banquetes visuales de violencia real y de trajinar con videojuegos dónde la satisfacción se consigue liquidando con violencia la mayor cantidad de enemigos virtuales, no es extraño que los niños lleguen al colegio ‘cargados de tigre’ a provocar con groserías a sus compañeros, a negarse a obedecer a sus profesores: ‘el cucho ese que me la tiene montada’; a escaparse del colegio, y a irse convirtiendo en un problema para su familia y para la sociedad.

Por eso cada vez son más frecuente noticias como: “En la puerta del colegio mató de dos cuchilladas a su compañero”; “Las compañeras le partieron un brazo por ser la más linda”; “Aumentan los jóvenes armados en los colegios”; “El bullyng (matoneo) preocupa a padres y educadores”.

Hay también estudiantes díscolos sobreprotegidos. Un jurista conocido por sus ínfulas y permisivo con su hijo que le pega a sus compañeritas, lo instruyó para que responda cuando lo lleven dónde el rector: “No contesto nada sin la presencia de un abogado”. “Y Ahí mismo me llama, mijito”.

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