Prodigios urbanos

El primer mundo ofrece casi a diario novedosos bienes y servicios fruto de su ciencia y tecnología, a los que acceden con facilidad sus ciudadanos bien remunerados. Pero esa acelerada innovación es causa de frustración tercermundista, porque recién nos endeudamos, desempacamos y apenas intuimos las funciones de un costoso artilugio electrónico, cuando anuncian otro de ‘última generación’, duro de pagar con el mínimo salario y devaluado peso.

Así, que nos hemos adaptado y seguimos usando máquinas de escribir Olivetti portátiles; alternando el chontaduro con el Viagra, y las agüitas de yerbas con la medicina nuclear. En asuntos de marketing, por ejemplo, entre nosotros coexisten sin conflicto la publicidad ‘on line’ y la marchita hoja de plátano que anuncia una venta de tamales; y el glamuroso almacén de alta tecnología, en cuya entrada perviven el vendedor de ‘gelatina de pata’ y la desplazada del pacífico con sus cucas.

Pero, con todo y sus avances, los países ricos están lejos de poder igualar las milagrosas ofertas que se ve en las calles de Ibagué.

Bajando por la carrera Tercera, entre Novena y 12, al que tiene cara de jubilado insolvente -casi todos- le entregan hasta seis volantes que ofrecen “soluciones a su iliquidez financiera”. Si va en muletas, bondadosamente se los echan en el bolsillo de la camisa. ¿En qué andén de Wall Street entregan créditos “hasta por 84 meses”, a viejitos de “hasta 92 años”, aunque estén reportados en Datacrédito y centrales de riesgo? ¿No propiciará este exceso de liquidez un final de vida libertino entre los abuelos?

Entre calles 13 y 14, un discreto volante ofrece algo que merece un Nobel: “El descubrimiento científico del Siglo XXI: células de memoria que potencializan el sistema inmune hasta un ¡437%! En 48 horas elimina el 99% de las células cancerígenas…”. Con este blindaje, la inmortalidad está cerca y los médicos tendrán que emplearse como vendedores ambulantes.

Además, cura todas, ¡pero todas! las enfermedades que tienen quebradas las EPS. Inclusive la impotencia sexual, y seguramente también la administrativa. Debe hasta proteger a los mandatarios del bullying ciudadano y a los árbitros de fútbol de los madrazos de las barras bravas.

Entre calles 14 y 15, cuatro volantes anuncian Caciques y Sabios que logran el amor a las buenas o a las malas: “Con sólo nombre y apellido, garantizo el regreso de su ser amado, ligado y arrodillado, doblegado y amansado, amándote eternamente, sin causarle ningún daño”. Hasta eficientes alcaldes y gobernadores podrían ser.

¿Será posible una adaptación del sortilegio para que nuestros políticos quieran de verdad su región y a la gente? Aunque fuera un poquito. ¡Ah, utópica tarea!

De la calle 17 hasta la 20, el portafolio de servicios, desvergonzado y disoluto, incluye cariño ‘ventiao’, tan escaso ahora, a precios módicos. Me abstengo de divulgarlo no sea que algún ‘pelao’ poseído por el Demonio del Medio Día se desmande. No me lo perdonarían las señoras.

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