Jekyllcito y la transparencia en Navidad

El ser humano siempre ha sido y será una enorme contradicción. Por un lado el espíritu bueno, que ayuda a la perpetuación de la especie y la conservación del planeta. Se dice que ese es nuestro legado de Dios. Pero, por otra, el espíritu egoísta y despiadado, que pone en peligro no solo la vida de la Humanidad sino de toda la Tierra misma. Es el espíritu del mal, el Tánatos griego-freudiano.

Las religiones, la filosofía y hasta la literatura, como en el cuento El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, se han preocupado por el tema de esta bipolaridad insalvable y nos dan luces sobre qué hacer. Pero, a veces surgen, contradicciones entre filosofía, religión y ética, que llevan a cuestionar a filósofos como Heidegger o a ciertos católicos fervorosos, que parecerían no tener compasión humana.

Releo la denuncia social Por qué no soy cristiano, del pensador inglés Bertrand Russel. Concluyo que filósofos auto-críticos de otras culturas podrían haber escrito acertados libros titulados: ‘por qué no soy musulmán’ o ‘por qué no soy judío’, con similares conclusiones a Russel… No es que unos u otros sean malos per se. Malos son (¿o somos?) muchos de sus equivocados practicantes.

Gracias a Dios, el subconsciente colectivo promueve el lado bueno del hombre. El lado oscuro, solo puede fortalecerse en regímenes, sociedades o familias dictatoriales, llamados a desaparecer. Las leyes y la cultura del ‘glasnot’ (la transparencia de Gorbachov), buscan de alguna manera exaltar el lado positivo y reprimir el malo, que algunos designan con el ego humano.

El Internet y las redes sociales de comunicación, han traído por primera vez en la historia la posibilidad de ser transparentes. Todos, pobres o ricos, sabios o elementales, tenemos la posibilidad de trascender hasta los confines del mundo.

Y, venturosamente, el mundo virtual dispensa amor, afecto, buenos pensamientos, a quienes transmiten la bondad y compasión del doctor Jekyl. Esos son seres de luz a quienes debemos agradecer todos los días su presencia en este mundo virtual. Pero también rondan espíritus llenos de ‘ego’ que usan chat, correo electrónico y Facebook, para comunicarse.

Ellos hieren, insultan, desprecian y odian, a veces a nombre de la fe o la política; tratan de manipular con pensamientos perversos a sus contactos, familiares y amigos. Por supuesto, los seres llenos de ‘ego’ pronto evidencian su maldad y por ende son rechazados por el subconsciente colectivo.

Quizás estos seres de ‘ego’ pudieran hacer un simple ejercicio de ‘paz y amor’, cuidando sus diálogos interiores dañinos, aunque sea solo en Navidad. Quizás así, poco a poco, controlando como un adicto a su lado perverso –la maldad es la peor adicción- puedan fortalecer su doctor Jekyll. Si el pequeño ‘Jekyllcito’ (El Niño Dios) nace en su pesebre interior, esta será una verdadera Navidad.

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