Gabriel y las hienas

Gabriel, con tu prematura y respetable decisión de divorciarte para siempre de este mundo, me has puesto a pensar con admiración y afecto en la parábola de un ‘héroe de la vida’, tu propio padre. Y sé bien que cuando afirmo esto de Antonio José, mil hienas de la ultraderecha, unas proselitistas y otras simplemente con corazón de hienas, fruncirán sus hilarantes dientes en contra mía, algunas de ellas chillando con cínico orgullo: “somos cristianos” (sin duda no son los mismos cristianos de Francisco, te aseguro).

Conocí a tu padre, Antonio José Navarro, hace 25 años, cuando fue nombrado Ministro de Salud, por el Gobierno de César Gaviria. Él, Antonio José, hijo de un comerciante radicado en Pasto, nació en esta pacífica ciudad conservadora en el crucial año de 1948, el mismo que se hizo famoso por su ‘9 de abril’. No venía de una familia adinerada, ni tampoco tradicional, sino de unos ejemplares inmigrantes empresariales. Desde su juventud fue un estudiante destacado, que se graduó de ingeniero con honores en la prestigiosa Universidad del Valle y llegó a ser profesor de la misma universidad. Su capacidad intelectual lo llevó a especializarse en Ingeniería del Medio Ambiente en Loughborough University, Inglaterra. Fue becario de la Fundación Rockefeller, del Consejo Británico y del International Development Research Center, del Canadá.

Gabriel, tú llevabas el ADN de un padre excepcionalmente importante, una leyenda viva, en la historia de Colombia. Por el lado de tu madre heredaste seguramente también genes de belleza, de profesionalismo y de esa exquisita inteligencia emocional de quienes se dedican a las artes y la cultura.

No sé qué te pasó exactamente, Gabriel, pero te comprendo, porque yo también sentí muchas veces que esta vida no vale la pena… y afortunadamente ganó la partida mi deseo de sobrevivir. Solo el tiempo y la madurez nos han preparado, como a Antonio José, para luchar contra la bestialidad humana que nos rodea, quizá enfrentando a veces de forma brutal el acecho social de ‘las fieras’, sí, brutalmente, como lo hizo el M-19-Antonio José, el intelectual, se vinculó al M-19 y pagó, como combatiente con su propia humanidad. En mayo de 1985 fue víctima de un atentado en Cali, cuando un colaborador del Ejército lanzó una granada que causó una explosión a diez centímetros de su pie. Hoy, 30 años después, vive con secuelas del atentado que todos conocemos bien.

El resto de su vida es tu historia, Gabriel. Quizás fuiste concebido en Pasto, en la gloria de la alcaldía renovadora de tu padre, el académico, intelectual y exguerrillero, excelente ejecutivo público, que supo reconocer sus equivocaciones y luchar de otra manera, en paz, por una sociedad progresista.

Pero, mientras esto escribo, algunas hienas siguen riendo a carcajadas, por el dolor que aseguran se merece tu padre… No les hagas caso. No reirán de últimos, sacando en cara los pecados guerrilleros de tu padre. Querido Gabriel, a quien conocí de niño, de la mano de Marcela, cuando vivían en la carrera 5a, llevándote al Colegio San Bartolomé (curiosa obsesión de libre-pensadores de educarte en colegios religiosos). Mientras haya juglares, contaremos la historia de unos ‘espíritus buenos’, unos buenos seres humanos aunque no sean ángeles, llamados Antonio, Marcela y Gabriel. Ustedes vivirán por siempre.

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