¿Ibagué cómo vamos?

La reciente encuesta de percepción ciudadana, de Datexco, sobre gestión municipal en Ibagué, es de gran trascendencia pedagógica. Si el 67.1% de los ciudadanos cree que Ibagué va por mal camino, tienen un tema de fondo para discutir hasta las próximas elecciones. ¿Cómo llegamos a esta situación?

Mi intención no es hacer leña del árbol caído, por lo cual no me remitiré a criticar la gestión del alcalde. La cuestión va más allá de calificar una administración. Seguramente muchos de los encuestados que califican mal al mandatario -el 71.9%- votaron por él. Creo que ellos son corresponsables de los malos resultados, por no haber escogido bien a un buen ejecutivo.

También son bastante responsables del resultado todos los que se abstuvieron de votar. Y, nadie puede exonerar de responsabilidades a quienes votaron por otros candidatos por pura afinidad partidista o, peor aún, clientelista y de intereses personales. Ellos, sencillamente, hicieron uso aleatorio y oportunista de la democracia así la suerte los exculpe hoy, al corte de cuentas.

Las razones para haber hecho una mala elección de alcalde, pasan por una pedagogía democrática y podríamos empezar a trabajar el tema desde las cátedras estudiantiles. Para empezar, el viejo problema nacional, la abstención, debe llevarnos a una conciencia de participación.

Todos nos creemos con derechos para exigir del gobierno mayor seguridad, una eficiente administración de la movilidad ciudadana, y de los servicios públicos de la ciudad. Pero solo la mitad de los ciudadanos, aproximadamente, cumplen con el deber de votar, una vez cada cuatro años.

Si los ciudadanos no cumplen con este deber, siempre estaremos expuestos a que el elegido represente a un grupo relativamente minoritario, con intereses clientelistas o personales. El verdadero antídoto para que la democracia sea manipulada por propaganda electoral o por prácticas clientelistas es la participación masiva.

El segundo punto a considerar es la hoja de vida del candidato. No basta con tener créditos académicos o intelectuales, siempre deseables por supuesto. Es fundamental que en nuestra propia hoja de evaluación los candidatos tengan una cualidad decisiva: competencias para administrar. No es lo mismo elegir a un concejal o a un diputado, que se supone van a discutir propuestas políticas y filosóficas, a un alcalde. Este candidato va a ser un gerente, el gerente de la más importante empresa de la ciudad, de la cual todos por igual somos accionistas: la Alcaldía de Ibagué.

Quizás en la pasada elección muchos votaron por la simpatía del candidato, por la confianza o cercanía de su discurso. Así han llegado al poder gobernantes nefastos de América Latina, especialistas en seducir a las masas. Pero, ver para creer, las cualidades de competencias gerenciales, es mejor avalarlas con evidencias de hojas de vida.

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