La izquierda que requerimos

Colombia es uno de los países con mayor desigualdad social. Sin embargo la izquierda progresista presenta lánguidos resultados. En Chile, en cambio, la izquierda ha logrado construir una sociedad más justa en solo una generación.

Para entender mejor la situación remontémonos a la historia, desde el origen del concepto ‘izquierda’. Este nace en 1789 de la ubicación de los delegados de la asamblea nacional constituyente de la revolución francesa. En efecto, mientras los defensores del rey se agruparon a la derecha del presidente de la asamblea, quienes se oponían a este veto se ubicaron a la izquierda.

Hoy en día, en países como Chile o Suecia, la izquierda representa unos valores de: progreso, igualdad, solidaridad y libre pensamiento; estos valores contrastan con las prioridades de la derecha: autoridad, identidad nacional, orden, seguridad, tradición y conservadurismo.

Pero el colombiano del común, lleva más de tres generaciones, al menos desde 1948, de un condicionamiento ideológico negativo a las opciones de izquierda.

Para dicho ciudadano, en su memoria histórica, izquierda es sinónimo de: revolución violenta, desde el ‘bogotazo’ de los cuarenta; la guerrilla liberal de los cincuenta; las Farc y ELN, de los sesenta; el M-19 de los 70; la toma del Palacio de Justicia y otras tragedias narcopolíticas de los 80; y la novela venezolana del chavismo de los noventa, pasando por el Caguán del siglo XXI. Conclusión: izquierda = violencia e inseguridad.

Cierta parte de la Iglesia, los medios de comunicación y la ultraderecha, han aprovechado esas explosiones de violencia reprimida, para ayudar a consolidar una imagen equivocada. Desde los púlpitos, la imprenta y las telecomunicaciones modernas, el terror a la izquierda se ha forjado en el imaginario colectivo. Y, como si fuera poco, en ciertas oportunidades en que la izquierda ha llegado al poder, ha dado papaya. Sí, pésimos precedentes nacionales han sido personajes ególatras y autoritarios, como Petro, o delincuenciales como los hermanos Moreno.

Entonces ese mismo colombiano ‘del común, que respeta valores de trabajo, libertad, mérito, y justicia, se confunde. Piensa que estos son valores de la derecha, cuando sin duda son transversales. Mientras tanto, se enquista la caricatura de la izquierda de generar caos y anarquía. Pocos recuerdan las experiencias exitosas de gestión ejecutiva de esa izquierda de todos los matices, desde Navarro Wolff hasta Sergio Fajardo y Guillermo Alfonso Jaramillo; estos son políticos que han representado en sus regiones alternativas de progreso y estabilidad semejantes al modelo chileno.

La izquierda madura, la de los cambios progresivo y consensuados, la de unir en vez de polarizar, merece en el Tolima una oportunidad. Desde aquí, ‘bajo el sol del Espinal’, debe consolidarse una opción democrática de anticorrupción, trabajo, libertad, mérito, y justicia, que busca una nación con desconfianza creciente en el sistema.

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