Tolima, el nuevo dorado

Casi la quinta parte de los colombianos viven en Bogotá. Por ello y por su cercanía con el Tolima, la capital del país puede ser oportunidad de desarrollo o amenaza regional. El reciente anuncio del vicepresidente Vargas Lleras, en el Consejo de Ministros de Barranquilla, debe poner a pensar ya en un escenario a cinco años de la nueva relación Ibagué - Bogotá.

Ese proyecto vial de Vargas Lleras marchará a la mayor velocidad posible, teniendo en cuenta las urgencias de aportes privados de capital de las denominadas APP-IP (recordemos también que en este esquema de Asociación Público Privada de Iniciativa Privada va en marcha la autopista Ibagué - Cajamarca). Adicional a esto, está el plan de un nuevo aeropuerto para Bogotá en las cercanías de Madrid, Cundinamarca. Esto solucionaría el cuello de botella aéreo del país, atribuido a un aeropuerto Eldorado de Bogotá ya saturado por el desbordado incremento de pasajeros.

Tener tan cerca a Bogotá y un aeropuerto de tal envergadura como el proyectado, generará cambios importantes a nuestra región. Quizás sea el momento en que se pueda pensar en una segunda ola de industrialización del Tolima, tras el fallido proceso industrial del decreto 78 de 1988. Sin duda esta experiencia de errores nos será útil ahora para construir de nuevo sobre bases firmes. Y es que tener acceso tan cercano a la mayor economía de Colombia y en tan buen sitio para exportar al Asia, aprovechando las obras que también facilitarán el acceso a Buenaventura, es algo trascendental a la hora de proyectar cualquier industria. Ni se diga de la facilidad de contar con un terminal aéreo internacional.

Preciosamente por su tamaño y miope planeación, Bogotá es una urbe que se salió de las manos en costos de tierras, en eficiencia logística y calidad de vida. Todos los planificadores de grandes inversiones industriales saben que uno de los puntos alternativos de localización de las fábricas podría estar bien al Sur de ‘la capital’, cerca de nosotros. Y estas fábricas requerirán de proveedores agrícolas de alta competitividad, como la que podemos ofrecer acá.

Pero también en el correo voz a voz muchos bogotanos aseguran que solo están esperando pensionarse, para irse a vivir a una ciudad con mejor clima y menos congestionamientos. El Tolima es una de las opciones más cercanas y me atrevo a pronosticar, por ello y por razones económicas, que Ibagué vivirá, después de 2020, un crecimiento sin precedentes.

Las tendencias están claras, pero no así la forma como las aprovecharemos. Si no contamos con gobiernos técnicamente bien dotados y vacunados contra la corrupción, el desarrollo infraestructural de Ibagué va a colapsar. Tampoco veremos renacer la agroindustria, aunque veamos pasar por nuestras narices el comercio internacional del país.

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