El hijo de Dios cumple su misión

«Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: -«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: “Tras dé mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” °°° Juan 1, 29-34. Juan el Bautista presenta a Jesús de Nazareth como: Cordero de Dios y el Hijo de Dios.

Nos permite conocer la identidad y la carta de presentación del Salvador del mundo. Aquel que asume nuestra realidad y la convierte por la fuerza de su Espíritu en medio de salvación y superación. Aprendemos a mirar de frente el misterio de Dios. Pensar en alguien que está por encima de nosotros y en medio de nosotros. Alguien que puede recibir y dar a la vez. Es Cordero y es Hijo: Como Cordero, nos recuerda la primera pascua, la sangre del Cordero pascual. La que constituía la gran señal de la liberación de Israel. (cf. Éxodo 12, 13-14). Para los primeros cristianos, Jesús es el nuevo Cordero que libera a su pueblo. Que quita el pecado el mundo. Ya no celebramos la pascua con levadura vieja, sino con el ázimo de pureza y de verdad. (cf. 1 Corintios 5, 7-8). Cristo es el nuevo Cordero sin defecto y sin mancha. (cf. 1 Pedro 1, 18-19).

Como Hijo de Dios asume la obra de su Padre celestial. Es el título que recoge perfectamente la identidad de Jesucristo. Él mismo lo explica: “Si yo no cumplo las obras del Padre, no me crean. Pero si las cumplo, aunque no me crean por mí, crean por las obras que hago y sepan de una vez que el Padre está en mí y yo estoy en el Padre.” (Juan 10, 37-38). El misterio de nuestro vivir, se descubre y se afirma en el misterio de Dios. Sabemos que Él es justo, es misericordioso. Perdona, entiende, espera, es dinámico, se revela de múltiples formas; se comunica con nosotros a través de eventos personales o de terceros, se quedó para nosotros en la mesa del altar. (cf. Juan 6, 53-54). Es el Cordero que quita el pecado del mundo. (Juan 1, 29). Quien logra conocer y aceptar el misterio de Dios; logró la maravillosa experiencia de su vida.

El Papa emérito, Benedicto XVI afirma de acuerdo a la Escritura, que: Jesucristo celebró su pascua. Él mismo era el Cordero. Él mismo, es el verdadero templo. El templo vivo, en el que habita Dios, y en el que nosotros podemos encontrarnos con Dios y adorarlo. (Homilía in Cena Domini. 5 de abril 2007). Cuida tu salud: Nunca dejes de confiar en Aquel que puede salvar tu vida.

Arquidiócesis de Ibagué

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