Sobrevive el proceso de paz

Fueron diversas las versiones que se difundieron, sobre el motivo y las circunstancias del desprevenido viaje del General Alzate con dos personas más, por una zona transitoriamente bajo la influencia armada de las Farc, como ocurría en Las Mercedes Chocó, para el momento en que fue hecho cautivo por esa agrupación.

El balance del caso, manifiesta algo que causa el rechazo general, como es el hecho de estar a estas alturas del proceso de paz, reteniendo colombianos, que sigue siendo un elemento que le resta a sus autores, cualquier tipo de afecto político. Pero, también aparecen luces esperanzadoras, puesto que, en ocasiones anteriores de conversaciones con las Farc, esta circunstancia hubiera sido suficiente para que gran parte de la opinión pública, con pasión, pidiera el término del proceso y la solución militar para el conflicto.

Un punto preocupante tiene que ver con la decisión presidencial de suspender el proceso de paz, después de haber conversado con las jefaturas militares, y sin haber consultado con sus delegados de La Habana, cuando se tiene claridad, de que la nación entera asume la paz como un hecho de origen civil, aunque con alto contenido militar, ratificado por los ciudadanos en las urnas. Lo anterior hace presumir, que por lo menos, el Presidente debió tratar el tema con sus delegados en La Habana, entre los que también hay militares, antes de tomar la decisión de su suspensión.

Todo lo que está ocurriendo con este episodio, saca a flote la madurez e irreversibilidad del proceso. Pero, también deja ver la necesidad de disminuir la intensidad de las acciones de hostilidad entre las partes.

Es claro, que por encima de la realidad de negociar en medio de la guerra, por la dinámica de los diálogos, las dos partes tienen la obligación de mostrar la bondad un proceso que tiene dos años de desarrollo, no solo con hechos salidos del puño y la letra de las comisiones, como los importantes preacuerdos logrados en temas como el rural, político y del narcotráfico, sino que, estos progresos necesariamente deben estar acompañados, con hechos claros y perceptibles de las dos partes, que testimonien el desescalamiento de la confrontación.

El proceso se pondrá en alto riesgo si la crudeza de la guerra no cede. Al fin y al cabo, dos peleadores no se sientan a hablar, al tiempo que intensifican la puñera.

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