Dejar a los niños vivir su infancia

En los últimos días se agitó la opinión pública alrededor del controvertido concurso de belleza infantil denominado “Miss Tanguita”, que se celebró en Barbosa Santander. Conforme se conoció, el evento tuvo como protagonistas niñas entre cinco y 10 años, las cuales desfilaron en pasarela, en escenas que repiten unas galas y trajes, similares a las de los concursos de belleza en que participan mujeres de mayor edad, incluso en trajes de baño de dos piezas.

Pero, lo que tal vez despierta mayor curiosidad de este hecho, es la actitud de la alcaldesa de la población mencionada, para quien es normal y aceptable este tipo de presentaciones en niñas de tan poca edad; en estos desfiles aparecen las infantes gestualizando y transmitiendo, un lenguaje corporal asimilable al de los reinados, en que las candidatas se pasean sensuales por las pasarelas destinadas a mostrar sus formas femeninas y algo de sus atributos mentales, para cautivar a jurados y asistentes.

Estos concursos realizados con niñas de tan tierna edad, según los conocedores del tema, pueden conducir a la destrucción de las vivencias que permiten a los niños disfrutar realmente su infancia, con juegos adaptados a su estado de desarrollo, sin ponerlos a actuar en temas de personas de mayor edad, como los desfiles y presentaciones de los reinados de belleza. Este tipo de problemática aparece comentada por David Buckinham en su texto titulado: La Infancia Materialista crecer en la cultura consumista, en el que expone: “Pero las críticas del consumismo y del mundo comercial, van a menudo mucho más allá; de hecho, el debate parece versar a menudo sobre la completa destrucción de la infancia”.

Hoy se ha vuelto corriente observar tantas mamás agradadas con que sus niñas de poca edad, se diviertan pintándose y vistiendo prendas de mujeres mayores y hasta adoptando muchos de sus gestos y posturas. A todo esto se agrega el ingreso temprano de los infantes en las redes sociales, que tienen contenidos abiertos. Se siguen perdiendo del imaginario y del mundo infantil, los alegres juegos de motricidad y las imágenes lúdicas, que tal vez con un poco de mejor fortuna, otros mayores que ellos sí conocimos. Pensemos, en sí, de verdad, el consumismo nos puede estar llevando al menoscabo de la infancia, concepto que aparece en la obra comentada asociado con el Síndrome de la infancia tóxica.

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