Diferencias sobre la negociación del cese definitivo del conflicto

Persisten por fortuna las mayorías que se inclinan por la continuidad del proceso de conversaciones que conducirán al final del conflicto, paso que resulta indispensable para la utopía de fondo, consistente en tener por fin un país en paz.

Pese a las tendencias que procuran que las conversaciones tengan los desarrollos y el final esperados, por esas cosas buenas de la democracia, existe una oposición a los hechos de la negociación. Los inconformes insisten en hostigar el proceso, con señalamientos de que se trata de una paz con impunidad y que los integrantes de las Farc deben ir a la cárcel, por sus acciones en muchas de las cuales han perecido compatriotas víctimas del secuestro, los ataques a poblaciones y ocurrido múltiples casos de reclutamiento de menores, entre otros.

Estas argumentaciones tienen piso en la realidad, pero, es de esperarse que en una guerra de tanto tiempo sin solución, con actores en orillas tan opuestas, un Estado que no ha podido evitar la gran inequidad reinante, y una guerrilla, que ante las causas para ella objetivas, decidió la búsqueda del poder por las armas, se llegue a situaciones de máximo escalamiento y degradación, que rayan en violaciones del Derecho Internacional Humanitario, hechos en los que han incurrido también las fuerzas oficiales, inclusive en connivencia con otros irregulares, apoyados por dirigentes políticos, propietarios de grandes predios y líderes económicos de distintas regiones.

Ante estas circunstancias y cuando se trata de dos partes que negocian para que los insurrectos depongan las armas, es evidente que tanto el Gobierno como las Farc, son conscientes de que no se trata de un proceso de entrega, sino de lograr un acuerdo sobre puntos concretos de la vida de los colombianos, para, primero que todo, detener el conflicto y luego reincorporar a la sociedad a los rebeldes en las distintas áreas de actuación de cualquier colombiano, inclusive en el plano político.

Desde estos puntos de vista y sin negar la verdad y la justicia que encarnan la situación, es poco sostenible que los integrantes de esa guerrilla se cocinen en las cárceles, así haya muchos sapos que se deba tragar la sociedad.

Finalmente, deberá adoptarse una vocación de reinserción y reconciliación, por encima de los deseos de justicia retaliadora; esta es una verdad que ha rodeado los procesos de esta índole, en todos los tiempos.

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