Los niños y nuestra diaria violencia

Los niños, el regalo que nos entrega la naturaleza, admirados como ninguna otra creatura, sobre ellos depositamos las mayores esperanzas como el símbolo de nuestra renovación; han inspirado bellas páginas alos grandes pensadores y literatos, aparecen en las historias y textos sagrados, en los idearios políticos y las constituciones de las naciones. Sin embargo, están siendo agredidos despiadadamente, en hechos que provocan dolor y vergüenza, por decir lo menos.

En una de sus metáforas, por ejemplo, Jesús exalta la realidad de los infantes y llegó a reprender a sus discípulos, cuando en un pasaje de su vida estos trataron de impedir que los niños se acercaran a su maestro para que este los tocara, y les dijo: “Dejen que los niños vengan a Mí; no se lo impidan, porque de los que son como éstos es el reino de Dios”. También El Corán rechaza todo trato inhumano contra los niños y les concede los derechos a ser alimentados, vestidos y protegidos, a disfrutar el amor y afecto de sus padres, el trato igualitario entre los hermanos, la educación y la herencia adecuada.

En nuestro medio, no obstante, según estadísticas divulgadas por estos días, se evidencia una dramática situación, cada nueve horas un menor de edad es asesinado, cada 30 minutos uno acude a Medicina Legal, tras ser víctima de agresión sexual y cada 60 minutos un niño o adolescente es sometido a examen por violencia intrafamiliar; todo esto, desde luego, refleja un panorama preocupante.

Nadie puede entender con toda certeza la razón por la que tan repetidamente suceden crímenes execrables contra los niños, pero, es de suponer, que en esto tiene mucho que ver la mezcla de violencias e intolerancias, que como elementos transversales nos han acompañado tanto tiempo. La situación amerita que todas las instituciones que regulan la vida, y los colombianos en general, nos comprometamos en abordar desde sus más profundas causas el problema. Además, hay que extremar las medidas de prevención, por eso cualquier peligro de violencia o abuso contra los niños debe ser denunciado y abordado a tiempo.

Nota especial. Muy lamentable para la sociedad tolimense la sensible desaparición de nuestro amigo Julio Alberto Londoño, quien desde su pluma perseverante e imparcial, su actividad de ingeniero y su acostumbrada jovialidad, siempre transmitió valores de rectitud y optimismo. A sus familiares y seres queridos y a EL NUEVO DÍA, vayan nuestras sentidas condolencias.

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