Sigue el impacto por la corruptela judicial

Parece que llega el momento en que la corrupción comienza a impactar la sociedad colombiana, se evidencia en el aumento de las manifestaciones de indignación, ya que, ni siquiera la justicia en sus más altos estrados se salva de estar contaminada por actuaciones torcidas.

Esta realidad se constató con el mensaje presidencial del 17 de marzo, en el cual el mandatario dejó claro que el Gobierno no acepta lo que ya muchos medios y personas están solicitando, en el sentido de que no sea solo el Presidente, el magistrado de la Corte Constitucional más afectado en el escándalo por la posible venta de conciencias a los mejores postores, sino que sean todos los integrantes de la Corte Constitucional, quienes renuncien por estar por acción o por omisión, inmersos en mayor o menor grado en este tipo de conductas censurables.

Es lógico que el Gobierno tiene el deber de impedir que ocurran procesos de desinstitucionalización que horaden la democracia y la gobernabilidad del país, tan desacreditadas, principalmente por la corrupción, que ya no deja sector ni lugar alguno sin su fatídica presencia.

Es obvio que muchos sectores de opinión se están cansando de esta generalización de lo malo, porque quienes más incurren en estos hechos, no son el común de la gente, son los líderes, los tomadores de decisiones, las personas que más ingresos perciben, llenas de privilegios y para las cuales no existen escrúpulos ni límites en su ambición de enriquecerse, así sea mediante métodos condenables.

Desde ya se puede anticipar que las buenas intenciones del Gobierno y los pocos integrantes de las esferas de poder, que se eximen de incurrir en procederes deshonestos, seguirán siendo insuficientes, puesto que, muy pronto las manzanas podridas de siempre, estarán maquinando para hacerle la trampa a las leyes y disposiciones, que traten de poner coto a los tongos y componendas.

En definitiva, se está viendo que ante una clase dirigente tan inclinada hacia la satisfacción de sus intereses personales, con la vocación de servicio perdida, insensible a cualquier regulación ética, que solo se siente cómoda viviendo en la burbuja de sus lujos, lo único que puede salvar la dignidad y el decoro en la sociedad colombiana, es engrosar la protesta y las manifestaciones de indignación popular, para avergonzar y expulsar a los pillos enquistados en el liderazgo nacional.

Comentarios