Acuerdos de paz y lo que puede venir

Debemos indudablemente admitir que sabemos poco de la vida en paz, nuestra recapitulación en el tiempo nos conduce a ver acontecimientos seriados de injusticia y desigualdad, seguidos de una violencia ciega, inicialmente entre contendientes que pelearon por una u otra forma de Estado, luego por otros que llevaron las armas a una lucha de clases en alta desigualdad, que no pudo existir como confrontación democrática, por la falta de tolerancia en la dirigencia nacional.

Ante el desarme inminente del actor más significativo de la guerra entre irregulares y el Estado, surgen expectativas sobre lo que puede venir como consecuencia de este acuerdo del fin del conflicto, cese al fuego y dejación de las armas por las Farc. Lo más importante por ahora, es lograr que la gente libremente apoye el acuerdo de paz y que se haga respetar la vida y los proyectos personales de quienes se reintegran a la sociedad civil.

Un análisis realista nos dice que el cese al fuego bilateral y la dejación de las armas no son soluciones mágicas para que desaparezcan los grandes conflictos, las desigualdades económicas y sociales, los agrios antagonismos políticos entre los colombianos y las brechas territoriales, étnicas y de género, que siguen afectando a tanta gente. Pero, por encima de todas estas realidades, se impone la lógica de que habrá un país inclinado hacia la paz, factor que precisamente ofrece la gran oportunidad, para concertar políticas de fondo, que permitan superar estos desequilibrios.

Es inevitable que muchos pensemos que los acuerdos están abriendo una puerta, que otorga espacios de participación para la comunidad a través de sus organizaciones más diversas, incluyendo en este nuevo enfoque a los sectores minoritarios, como una forma clara de mejorar la convivencia. Lo anterior, teniendo en cuenta que son muchos los colombianos que no han podido ser partícipes de las decisiones que afectan su futuro, por los prejuicios que pesan en este país, contra los que piensan diferente y por las vías violentas de hecho, aplicadas contra sectores de opinión, que han sido aniquilados por el simple hecho de querer hacer oír su voz.

Se impone, para todos, creer en que la paz es posible, y apoyarla. Muchos serán los escollos que debe superar este proceso, pero, más allá de los peligros reales que implica, está la necesidad de que nos involucremos en él.

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