En ocasiones las deficientes gestiones de funcionarios continúan perjudicando a los ciudadanos, aun después de pasados varios años de su retiro.
Un caso emblemático es el del paso del ex ministro de Transporte Andrés Uriel Gallego que extrañamente no recibe la crítica ni soporta la acción de los organismos de control a pesar de las múltiples razones que se acumularon a lo largo de los ocho años que estuvo a cargo de la cartera.
Como el organismo tiene injerencia en diversos frentes, describir exhaustivamente la compleja herencia tomaría varios tomos, con capítulos para la Aeronáutica, Inco, Invías y un largo etcétera, por lo que es preciso señalar ejemplos emblemáticos.
El desgreño de la Aeronáutica con descalabros monumentales como el aeropuerto del Café en Manizales o el inagotable drama del aeropuerto Eldorado.
No puede dejar de mencionarse el extenso fracaso del Plan 2500 que afectó a habitantes de las más diversas regiones del país.
Por supuesto no es posible olvidar la preferencia por contratistas como los Nule, con los masivos perjuicios para el país y los colombianos; las controversias sobre vías en Boyacá, Cundinamarca y Norte de Santander. Sin dejar pasar la sucesión de aviesas manos en Invías que se saldaron con perjuicio, para el patrimonio público medido en millardos.
Basta recordar un episodio que costó 63 millardos de pesos en el que participó el director Mauricio Ramírez Koppel en contubernio con políticos y contratistas del Tolima, del cual nadie volvió a hablar, pero sí llama la atención que últimamente se les estén asignando licitaciones en la región a los mismos como si los antecedentes no tuvieran incidencia.
Para rematar, todos los usuarios, especialmente los de Ibagué, tienen que padecer el engendro del RUNT un contrato a todas luces mal concebido y peor ejecutado por personajes cercanos al Ministerio, como lo fue en su momento el adminículo obligatorio de control de velocidad para los vehículos intermunicipales del que no volvió a saberse, pero que fue de obligatoria adquisición y lo proveía, cuando no, un fabricante de un paisano del Ministro.
¿Cuántos años habrá que padecer los rezagos de esa “edad de oro”?