Los gobiernos de los “nuevos mejores amigos†y algunos de los petroleoadictos funcionarios de otras naciones de la vecindad han acentuado la ofensiva que desde hace años enfocan contra los medios independientes de sus respectivos paÃses.
En Venezuela con toda suerte de argucias legales el gobierno bolivariano le quitó la licencia de funcionamiento al canal más popular de televisión, retiró las frecuencias a centenares de emisoras de radio y limitó drásticamente los recursos del Cadivi para la importación de papel periódico; acciones tomadas contra aquellos medios que no comulgaban con los métodos y las propuestas del régimen.
Por cierto, dentro de ese proceso de restricciones a los medios independientes muchos claudicaron y se plegaron a los dictámenes de Miraflores, solo se mantuvo en su lÃnea el canal de cable Globovisión al que le han montado toda suerte de hostigamientos, tanto a sus propietarios como a la estación, a la que han impuesto ( a través de Conatel) una multa escandalosa por haber cubierto los incidentes de la cárcel de El Rodeo.
Al sur el presidente ecuatoriano la ha emprendido contra la prensa independiente amparado en el dominio que ejerce sobre el poder judicial y todo aquel que se le opone o denuncia los actos ilegales del gobierno o la familia de Correa se ve cobijado con una denuncia que se traduce en un juicio expedito y una condena estrafalaria en dinero y de prisión contra los periodistas o propietarios de los medios que se resuelve en la expropiación de los mismos.
Igual ocurre en Argentina donde desde la Casa Rosada se aplica una estrategia que restringe y condiciona la importación de papel periódico e impone medidas de fuerza contra empresas periodÃsticas que no son afectas al partido de gobierno.
Ni hablar de lo que acontece en Nicaragua y las relaciones del presidente Ortega con la prensa independiente y las no muy sutiles fórmulas de amedrentamiento utilizadas en Colombia, en el gobierno pasado, contra los periodistas y columnistas que no hacÃan parte del incensario del gobierno.
Todo lo anterior demuestra que los gobiernos autoritarios saben con certeza hacia donde deben dirigir los embates para sustentarse en el poder e intimidar a quienes opinan diferente.