Gabriel Camargo y la salida de Gregorio Pérez

A Óscar Héctor Quintabani, bienvenido sea, y ojalá logre encontrar rápidamente el equipo, que ya se estaba acoplando bajo las órdenes de Pérez y había mostrado buen desempeño.

Distintas reacciones causó en el mundo deportivo del país lo sucedido la semana anterior en Ibagué, cuando el director técnico del Deportes Tolima, Gregorio Pérez, fue despedido por el presidente y mayor accionista del club, Gabriel Camargo Salamanca.

La salida de Pérez correspondió a desacuerdos con Camargo, y que, según el uruguayo, afectaron su dignidad e imposibilitaron su trabajo. El descontento del técnico, según relató a los medios, se dio porque Camargo, a través del gerente del Tolima, Ricardo ‘Pitirri’ Salazar, le habría enviado varios recados y recomendaciones al ‘profe’, con el fin de ajustar algunas cosas en el equipo.

Caso similar a lo ocurrido con el veto a un periodista en enero, un centenar de voces se alzaron en redes sociales y distintos medios para caer encima a Camargo, pues según algunos, el técnico es intocable, y los códigos del fútbol rezan que el que decide el ordenamiento táctico y la inclusión de X o Y jugador en la formación titular es el director técnico y no el presidente del club.

No obstante, y aunque pareciera tener lógica que quien debe definir la parte deportiva de un equipo es quien fue contratado para ello, hay que decir y reconocer que Camargo como presidente, dueño y cabeza visible durante décadas del Deportes Tolima, tiene todo el derecho de opinar, comentar y sugerir lo que se le antoje, al menos en lo que tiene que ver con su equipo.

Aunque a muchos no les guste la forma de ser del boyacense, su poco carisma, su figura autoritaria y su debilidad para la diplomacia, ante lo ocurrido hay que rescatar que, en esta vez, la decisión de Camargo, aunque mal vista por muchos, es totalmente respetable y está dentro de sus facultades, a diferencia del veto al periodista.

No tendría sentido ser el dueño de algo o el jefe de alguien sin poderle hacer una sugerencia, una recomendación o simplemente darle una orden, esté equivocado o no. Incluso aquello pasa en cualquier empresa, oficio o profesión de la vida, y es casi normal que los jefes opinen y cuestionen el trabajo de sus empleados.

Lo otro que hay que mencionar es que no cabe duda que quienes están detrás de Camargo, sobre todo en lo que tiene que ver con las relaciones públicas y las comunicaciones, en efecto no han podido aprender a leer al dueño del Tolima, ni ayudarle a él ni al club a manejar situaciones de “crisis” o situaciones en las que el trabajo de buen comunicador es vital para evitar opiniones infundadas, o bochornos, que divinamente afectan la imagen del equipo.

A Gregorio Pérez, buena suerte en su camino y gracias por el cariño demostrado en el corto tiempo en la musical. A Óscar Héctor Quintabani, bienvenido sea, y ojalá logre encontrar rápidamente el equipo, que ya se estaba acoplando bajo las órdenes de Pérez y había mostrado buen desempeño.

REDACCIÓN EDITORIAL

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