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Las basuras, un problema que se salió de control

Una ciudad con los espacios públicos limpios, el césped cortado, los árboles podados, sin papeles en las calles invita a los ciudadanos a proteger y conservar la limpieza. ¿Qué esperamos para empezar a recuperar el orden?

 

El desaseo de las calles ibaguereñas se volvió incontrolable. Hace pocos días este medio de comunicación registró que en la carrera Tercera, en pleno corazón de la ciudad, donde se ubica el centro administrativo y económico capitalino, que alberga parques, plazas, restaurantes, oficinas, empresas y centros comerciales, se acumulan las basuras, y los recicladores, que buscan elementos para vender y los indigentes, algo qué comer, rompen las bolsas y dejan desperdigados los desperdicios.

Pero no solamente en la principal arteria de Ibagué ocurre este fenómeno. Los ibaguereños han denunciado en reiteradas ocasiones que los dueños de los restaurantes de la Zona G en la Macarena, Cádiz, Magisterio, y en la 60, dejan en las vías y los parques grandes cantidades de recipientes desechables de icopor y restos de comida, con lo cual las calles se convierten en inmensos muladares.

Lo mismo sucede en la ciudadela Simón Bolívar, donde están desesperados con las actuaciones de los residentes del sector que amontonan basura, muebles viejos y colchones en los separadores de la avenida a cualquier hora del día, así no sea el horario en que pasa el carro recolector. Este problema no es solo desagradable para la vista, también perjudica la salud, porque las basuras en descomposición despiertan malos olores, atraen roedores y gallinazos y son foco de infecciones.

Las basuras se multiplican por doquier ante la mirada indiferente de las entidades que deben velar por la sanidad de la ciudad y de los mismos ibaguereños que se habituaron al desorden y la suciedad. La responsabilidad del aseo en la ciudad recae en múltiples actores. Por una parte, se encuentran los dueños de restaurantes, oficinas y otros negocios, así como los habitantes de barrios y conjuntos cerrados; a ellos les corresponde sacar las basuras en el horario que indica Interaseo; la empresa de aseo ha de cumplir con los horarios de recolección. Además, los ciudadanos están en la obligación de clasificar sus desperdicios, de manera que los recicladores identifiquen el material recuperable y lo tomen, sin necesidad de romper las bolsas.

Sin embargo, todos los actores están fallando. ¿Qué sucede con el sentido de pertenencia? ¿Qué pasa con el aprecio por la ciudad? ¿Interaseo puede mejorar su servicio? ¿Qué le compete hacer a la Alcaldía? Es evidente que el abandono, el desaseo, el deterioro y la falta de limpieza de las calles impactan de forma negativa el amor y el orgullo que deben sentir los ibaguereños por la ciudad. Además, el desorden se contagia y se propaga, como una peste, a gran velocidad.

Una ciudad con los espacios públicos limpios, el césped cortado, los árboles podados, sin papeles en las calles invita a los ciudadanos a proteger y conservar la limpieza. ¿Qué esperamos para empezar a recuperar el orden?

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