Del poco al nada

Luego de la solicitud de preclusión del proceso en que se encuentra encartado Álvaro Uribe Vélez, el país ha pasado del poco de justicia que comenzaba a vislumbrar cuando la investigación estaba en manos de las altas cortes al nada en que lo puso el fiscal Gabriel Jaimes con su absurda petición.
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El caso de Uribe ha hecho más notorias las rendijas de la justicia colombiana, por las que se cuelan quienes pueden contar con un mínimo de posibilidades de escapar de ella. 

A este personaje, la Corte Suprema de Justicia le decretó prisión domiciliaria para evitar que con su poder interfiriera en el desarrollo de las investigaciones que se le adelantaban por compra de testigos y fraude procesal, y apareció la primera rendija: una simple renuncia a su condición de senador bastaría para que el expediente pasara a manos de un funcionario de menor jerarquía y gruesas cataratas, que no pudiera ver las monumentales pruebas recaudadas en contra del reo. 

Así ocurrió, y ahora fiscal y reo nos dan nuevas confirmaciones de que en Colombia la ley es para los de ruana.

¡Cómo contrasta nuestra justicia con la que se imparte fuera del país a mandatarios y exmandatarios!

En Perú, los jueces llevaron a prisión a Fujimori por apropiarse de 15 millones de dólares de la nación; Ollanta Humala estuvo preso nueve meses por el caso de Odebrecht, Pedro Pablo Kuczynski actualmente lo está y Alejandro Toledo anda prófugo. 

El más digno fue Alan García, quien prefirió el suicidio al olor de las mazmorras.

En Brasil, el ex presidente Michel Temer fue encarcelado por escándalos de corrupción en los casos Lava Jato y Eletronuclear. 

El panameño Ricardo Martinelli es juzgado por escuchas ilegales y malversación de fondos. 

El guatemalteco Otto Pérez Molina y su exvicepresidenta, Roxana Baldetti, están en prisión preventiva por fraude aduanero. 

El guatemalteco Álvaro Colom está acusado de corrupción y Alfonso Portillo estuvo encarcelado por el mismo delito; así mismo, el hondureño Rafael Callejas cumple condena por crimen organizado y fraude electrónico.

Estos son importantes ejemplos de cómo la justicia en otros países sí se hace sentir sobre sus más encumbrados hombres de la vida pública, incluidos sus mandatarios. Son experiencias que sirven de lección acerca de lo mucho que tenemos pendiente por hacer, pues sin un sistema de justicia eficiente, ecuánime y digno de credibilidad no hay ninguna posibilidad de que pueda reinar la paz y la armonía.

En este aspecto es mucho lo que Petro hará, si fortalecemos entre todos el Pacto Histórico que puede llevarlo a la Presidencia de la República a liderar las transformaciones que nuestro país necesita.

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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