“La JEP y el proceso de paz necesitan ajustes”: Alirio Barrera

Josué Alirio Barrera, precandidato presidencial del Centro Democrático.
Crédito: Cristhian Bonilla / EL NUEVO DÍA.Josué Alirio Barrera, precandidato presidencial del Centro Democrático.
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El exgobernador de Casanare y precandidato presidencial del Centro Democrático dijo que haría cambios al tribunal de paz pese al acuerdo del Gobierno con la CPI. Habló también de la impopularidad de Duque y sus propuestas de reactivación económica.
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Usted está compitiendo por la candidatura del Centro Democrático contra cuatro miembros del uribismo cuyos nombres han tenido mayor resonancia en el pasado. ¿Qué lo diferencia de ellos?

 

A diferencia de muchos candidatos que se prepararon tanto en el exterior y no conocieron la realidad de la vida en Colombia, yo nací en el campo, me desplazó la violencia, estuve a punto de ser reclutado por grupos al margen de la ley, trabajé en las calles como vendedor ambulante. Viví la necesidad mientras a otros se la enseñaron en tablero y computador.

Después, siendo amansador de caballos, llegué a la Gobernación del Casanare con una crisis financiera y una ingobernabilidad gigante, pero lo entregué con excelentes resultados y sin una denuncia en mi contra. Por ejemplo, bajé el índice de pobreza del 56% al 18.3%, dejé el desempleo por debajo del 9%, subimos la competitividad 12 puestos, pagamos todas las deudas y dejamos un superávit. Tenemos la experiencia y la capacidad para gobernar. 

 

El candidato único será elegido a través de encuestas con militantes inscritos y los seguidores del partido. ¿Cómo está haciendo para conquistar el voto uribista? ¿A cuál de los dos segmentos le apuesta?

 

A los dos sectores. Dentro y fuera del uribismo tengo una aceptación muy fuerte. Nuestra historia de vida, nuestra experiencia de gobierno y nuestros resultados me hacen pensar y tener la posibilidad de llegar a cualquier nicho social del país. Hoy a la gente no le interesan mucho los partidos políticos. No le importa la izquierda o la derecha. Lo que necesitan es una mano amiga que les ayude.

 

O sea, no le apunta tanto al militante uribista sino a la ciudadanía en general...

 

Dentro del uribismo nos ha ido bien, pero, obviamente, la encuesta general tiene un valor del 75%. Tenemos que ganar la confianza del pueblo colombiano, pero sin perder el horizonte y los lineamientos que tenemos, por eso también vamos a ganar la aceptación dentro del partido, sobre todo por la lealtad, la gratitud y los ideales.

 

Cristhian Bonilla / EL NUEVO DÍA.

 

¿Por qué cree que los precandidatos del Centro Democrático no despegan en las encuestas?

 

Dentro del partido, nuestros compañeros llevan varios años y yo llevo un mes. Esperemos que la gente escuche mi propuesta y se familiarice con algo distinto. Los que llevan más tiempo son los que están registrando en las encuestas, porque la gente lleva escuchándolos cuatro o cinco años. Hay que esperar diciembre o enero para ver cómo van las cargas y empiecen a salir los candidatos de cada partido. En el momento que haya un candidato establecido, se va a disparar. La gente está esperando a ver quién queda de cada sector.

 

Le hago una pregunta que ya se la he planteado a otros precandidatos del uribismo: ¿Cree que la impopularidad de Iván Duque sea un lastre para su campaña?

 

Todos los gobiernos tienen altibajos. El gobierno del presidente Duque ha sido estable, bueno, decente. Nadie estaba preparado para enfrentar una pandemia. Retomaremos lo bueno, haremos un alto en el camino en cosas que no nos parezcan, reorganizaremos algunas otras y trabajaremos con lo que tenemos. Pero también llegó la hora de que la gente deje de ver los partidos y vea personas por su capacidad, historia de vida, formación, principios y valores, su amor por la patria, su capacidad de liderazgo y sus resultados de gobierno.

 

¿Es cierto que el expresidente Álvaro Uribe los regañó porque están criticando abiertamente el gobierno de Duque?

 

Él ha sido supremamente respetuoso. No ha tomado partido. Nos ha dejado plantear nuestras propias reglas de juego. Pienso que cuando sea elegido el candidato único del partido, entrará con toda a apoyarlo.

 

¿Cuáles serían las primeras acciones que desarrollaría si ganara la Presidencia?

 

Lo primero sería, en vez de clavar a la gente con impuestos, reducir los gastos de funcionamiento entre un 5% y 10%, lo que equivale a unos $22 billones de pesos; promover una reforma a la justicia para eliminar los vacíos jurídicos que le están dando alas a los bandidos en Colombia, porque el Estado debe garantizar la protección de los bienes, los derechos y la honra de los ciudadanos, y generar incentivos para la generación de empresa y aumentar la inversión en el sector productivo.

 

¿Cuál es su fórmula o receta para que el país pueda crecer económicamente?

 

Una vez reduzcamos los gastos de funcionamiento al menos un 5%, tendríamos más o menos $11 billones para modernizar los sistemas productivos de la mano de la ciencia, la tecnología y la innovación. Tenemos que montar procesos de transformación de los productos de acuerdo con cada región, la capacidad de sus suelos y la cultura de la gente. Vamos a sectorizar las regiones para producir determinados productos, pero también tenemos que buscar nuevos canales de comercialización y cooperación, al tiempo que lo articulamos con el ecoturismo y la protección del medioambiente. Sin desarrollo económico no hay desarrollo social.

 

En el ámbito internacional

 

Usted es partidario de la fumigación de cultivos ilícitos con glifosato, pero el presidente Joe Biden no contempla ese mecanismo en su estrategia antidrogas. ¿Qué decisión tomaría al respecto?

Cómo es que todos los campesinos usamos glifosato para fumigar más de tres millones de hectáreas de comida sin ningún problema ni daño, pero para fumigar 200.000 hectáreas de coca sí hay afectaciones a las personas y el medioambiente. Si existe otra alternativa, vamos a verla, pero que no sea para ir a arriesgar a los soldados que tienen familia y los mate una mina ‘quiebrapata’. Tienen que mostrarnos una manera más fácil de erradicar la coca que con glifosato, siempre que perjudique menos y dé mejores resultados.

 

¿Se atrevería a hacerle una modificación a la JEP a sabiendas de que el acuerdo entre el Gobierno nacional y la Corte Penal Internacional (CPI) para suspender la investigación preliminar sobre Colombia tiene como una condición fundamental que no se reforme ese tribunal?

 

Pienso que no solo la JEP sino el proceso de paz en general necesita unos ajustes y revisión. No se trata de acabarlo, sino de darle cumplimiento con garantías e igualdad de condiciones para todos. Estos temas se evalúan de acuerdo con la situación y sobre la base de qué le conviene más al país. Queremos tener las mejores relaciones con la comunidad internacional, pero también tienen que respetar nuestra manera de pensar. Hay que mirar los caminos para que todos se sientan representados y acorde a una justicia que no tenga inclinaciones para ningún lado. Si veo que no hay igualdad de condiciones para todos, como los miembros de la Fuerza Pública, por ejemplo, pienso que se tiene que hacer un ajuste.

 

¿Cuál sería el carácter de la relación con Venezuela?

 

Las relaciones comerciales con los países de la región se deben sostener y ampliar, pero eso no tiene nada que ver con los temas diplomáticos. No podemos hablar con un Gobierno que desde sus fronteras destruye nuestro país. Allá están entre el 80% y el 90% de las bandas criminales que dañan a Colombia. Debemos tener mucho cuidado con países que permitan que desde su territorio afecten nuestro país, pero los temas comerciales son más de humanidad que de cualquier otra cosa. Bienvenidos los millones de venezolanos que huyen de su país y vienen a trabajar, producir y resguardarse de un régimen tirano, pero que no vengan acá de bandidos.

 

¿Qué piensa cuando el senador Gustavo Petro dice que no fue él el que convirtió el país en una segunda Venezuela sino el presidente Duque?

 

Llegó la hora de que la gente ponga los pies sobre la tierra y mire lo que le conviene. ¿Acá queremos un Estado que regale todo en tres o cuatro años, pero que busque sostenerse 20 o 30 años de una forma que es la mejor? Veamos el caso de Nicaragua, donde meten a la cárcel a toda la gente que está en contra. ¿Queremos ser como ellos o como Venezuela o como Cuba? Si el gobierno de Venezuela fuera tan bueno, sería un punto de encuentro para toda América Latina y los colombianos se irían para allá. Miremos si esos modelos económicos de verdad traen el desarrollo que quiere la sociedad.

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Redacción Política El Nuevo Día

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