Petro se acerca a cifras de canasta familiar en Providencia, pero le faltan factores en el análisis

Crédito: Colprensa / EL NUEVO DÍA
Habitantes del archipiélago coincidieron en que los altos costos de la comida y los arriendos se deben a múltiples factores, que no son nuevos, como la dolarización de la economía, la falta de control de precios, y a la dependencia de los productos importados. Coincidieron con Petro en que la llegada de mano de obra externa contribuyó a encarecer esos precios.
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Después de que el presidente Gustavo Petro dio una rueda de prensa durante los últimos días de agosto sobre el balance de la reconstrucción de Providencia luego de visitar el lugar e inspeccionar las obras,  apareció en su cuenta personal de Twitter un hilo sobre el tema, uno de los trinos decía:

“La reconstrucción, pensada como contratación externa a los habitantes de la isla, llevó una fuerza de trabajo foránea y una cantidad de funcionarios que pervirtió por completo la economía de la isla. Hoy un huevo vale mil pesos, una naranja 12.000 pesos y un arriendo 7 millones”.

RedCheq revisó el video de la rueda de prensa y encontró que lo que dijo al respecto en realidad fue:

“Al hacer una arquitectura básicamente bogotana, basada en el concreto y en el acero, se tuvo que traer una fuerza de trabajo de centenares de trabajadores foráneos a la isla, aún muchos están allí. Eso provocó un golpe económico quizás más destructivo que el mismo huracán porque hoy un huevo en la  isla vale 1.000 pesos”. . . “con los niveles de dinero que llegaron en manos de los contratistas para hacer la reconstrucción los precios de los alimentos, de los arriendos, se elevaron sustancialmente, un arriendo que valía 450.000 pesos hoy vale 7.000.000”. 

RedCheq no encontró en el video de la rueda de prensa alusión al precio de las naranjas, como dice en el trino.

Le preguntamos al equipo de prensa de Petro en qué fuente basaba estas afirmaciones, pero hasta el momento de publicar este chequeo no había respuesta.

RedCheq encontró que la afirmación de Petro es discutible, primero porque aunque los valores que menciona de alimentos como el huevo y de los arriendos se acercan a la realidad, las fuentes consultadas precisan que estos valores dependen de los lugares donde se compren los alimentos y respecto a los arriendos, depende del estrato socioeconómico o el tipo de sector, si es comercial o residencial.

Asimismo, aunque la mayoría de las fuentes consultadas coinciden con Petro en que una de las razones del alto costo de vida en el archipiélago de San Andrés y Providencia fue la llegada de la mano de obra externa para la reconstrucción de la isla, porque se disparó la demanda y la oferta fue limitada para atenderla, también explican que hay otros factores que hay que tener en cuenta, como la dolarización de la economía de la isla, la falta de regularización y control de precios, la dependencia a las importaciones (mencionada por el presidente) y los altos costos de los fletes.

“Un huevo sí vale $1.000 pesos. Antes de la pandemia costaban un 50% menos. Por ejemplo, cada semana se hace mercado y después de la pandemia y el paso del huracán ha subido entre $50 mil y $90 mil”,  aseguró César David Useche, habitante de la isla, después de recorrer  varios lugares del archipiélago y de preguntarle a otras personas.

Sobre el precio de los arriendos, dice que en las zonas de estratos bajos puede costar $1.000.000, pero eso dependerá de si es casa o un local comercial, sus comodidades o si está amoblada. 

El periodista César Pizarro, quien trabaja en la zona, afirma que el archipiélago sí tiene precios altísimos en comparación con otros departamentos de Colombia.

Pizarro sostiene que sobre todo las frutas siempre han sido costosas. Además, el valor del arriendo de viviendas siempre es caro, el promedio es de $1.500.000 en adelante,  pero explica que un arriendo de $7.000.000 puede corresponder a una bodega.

Comparte estas fotos para verificar los precios: 

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De acuerdo con la foto, este local de 47 metros cuadrados tiene un precio de $4.500.00, que incluye la administración, y está ubicado en el edificio Park View, “que es el edificio más moderno de la isla, en el exclusivo sector de Sarie Bay donde reside gente de estrato 6, frente al Tropical Park, ubicado al lado del mar”, explica.

 

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Pizarro precisa que en Providencia  los precios se duplican en comparación con San Andrés. “Ellos tienen allá arriendos de $3.000.000 en promedio. Por lo tanto, si se está cobrando $7.000.000 es especulación, producto de la poca oferta y mucha demanda de arriendos por la misma llegada de obreros y por los residentes que ya vivían en arriendo. Están haciendo su agosto para recuperarse económicamente de la recesión que produjeron los dos años de pandemia y el huracán que mantuvo cerrado al turismo en la isla ese tiempo”.

 

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Esta foto muestra que un cartón de huevos por 12 unidades doble a (AA) vale 8.550 pesos, lo que quiere decir que cada huevo cuesta $712 pesos.

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Esta factura suministrada por Pizarro es del 23 de agosto del 2022, el supermercado es Supertodo Express, en la calle 3 #15-07, en Sarie Bay. Según la imagen, la docena de huevos vale $8.550, es decir que la unidad vale 712 pesos. “Este es un supermercado en el sector más exclusivo de San Andrés”, señala  el periodista.

Juanita Ángel, empresaria del sector hotelero en San Andrés, cuenta que una lechuga puede costar $8.000, un solo tomate hasta $3.000 y que un huevo cuesta $800.

Sobre los costos de los arriendos afirma: “lo que se está diciendo en redes sociales lo están tergiversando, lo digo por la experiencia propia con el hotel, donde se alejó el Consorcio Providencia. Una cosa es arrendar la casa para familias por un año y otra arrendarla para alojar 10 y 15 trabajadores por un periodo de seis u ocho meses. Efectivamente lo de los arriendos de $7 millones es cierto, pero ¿cuántas personas metían en cada casa?”.

George Gordon, habitante de San Andrés, le dijo a RedCheq que antes de la pandemia un huevo podía costar entre $500 y $700, y en Providencia subía hasta $800 en promedio, pero luego del huracán subió a $1.000. 

En cuanto al caso de los arriendos, Gordon afirma que es difícil estimar un precio porque eso varía según el estrato, si es casa o es un negocio. “En Providencia le pueden alquilar una casa en $5.000.000, pero si es de $7.000.000 lo están robando”.

¿La mano de obra externa encareció la isla?

“San Andrés tiene déficit de mano de obra tanto de oficios varios como de técnicos y profesionales. Aquí es una paridera encontrar mano de obra disponible. Por ejemplo, las cadenas hoteleras no saben cómo hacer, incluso ofrecen toda clase de beneficios para enganchar gente y ni así. Por lo tanto, traer gente de afuera era totalmente necesario”, explica Pizarro.

La empresaria del sector hotelero en San Andrés agrega que, respecto al panorama que dejó el huracán, en las islas ha habido oportunidades laborales, pero que tocó llevarla mano de obra de afuera porque la gente local no quiere trabajar. “El gobierno sí ayudó mucho a la reconstrucción, pero hace falta. Fue una oportunidad para los que hemos sabido aprovechar”.

Para Germán Márquez, profesor titular jubilado de la Universidad Nacional, biólogo, con doctorado en Ecología, quien vivió en Providencia hasta finales del 2021, la mano de obra de afuera que se llevó a la isla ocupó toda la vivienda disponible, lo que hizo que se presionara al alza los precios. 

Cuenta que las primeras casas que se reconstruyeron fueron las mejores, las casas de recreo de gente adinerada del interior del país para alojar a los ingenieros y contratistas, mientras que la gente seguía en las carpas, “porque a ellos no los metieron en carpas, sino en las casas, entonces hicieron que todos los precios de arrendamientos se fueron para arriba”.

Puntualiza que quienes vivían en arriendo en Providencia quedaron en una situación difícil y que incluso posteriormente le dieron subsidios para ayudarles con el arriendo. “Esto se dio por una intervención mal concebida y planificada hecha de espaldas a la realidad local, con poca atención a la gente, preocupados por la infraestructura, pero no por la gente”.

En este mismo sentido, Ana Isabel Márquez, antropóloga, magíster en Gestión de Turismo Sostenible y doctora en Ciencias Sociales en Desarrollo, Agricultura y Sociedad, profesora de la Universidad Nacional (sede San Andrés), sostiene que la reconstrucción después del huracán fue caótica debido a que nunca se contempló la planeación que implicaba llevar tanta gente a la isla.

“Esto fue una carga adicional para la isla. Esta gente consume los productos que llegan a los negocios, porque la mayor parte de las empresas de la reconstrucción no asumieron traer los alimentos para la mano de obra. Eso hizo que rápidamente se desabastecieran los supermercados, hay gran demanda con poca oferta. La capacidad de oferta era limitada. Esa alza de demanda hizo que se encareciera más la vida. Mientras las empresas pueden hacer un mercado cada que entra el barco, la gente que vive del día a día o de los ingresos mensuales no tienen la capacidad adquisitiva, terminan accediendo a productos costosos y en algunos casos no pueden acceder”, narra.

Para ella, la mano de obra de afuera sí encareció los productos. “Hay que reconocer que acá no hay suficiente mano de obra, pero tampoco hubo el interés del gobierno de contratar esos trabajadores locales porque es más costosa”.

Agrega que sí hubo mucha especulación de precios, uno de ellos el de alquileres porque en gran parte las personas que llegaron a trabajar lo que hicieron fue alquilar las casas que estaban en buenas condiciones o incluso repararlas y darles prioridad a esas viviendas para estar ellos cómodos. 

“Ocuparon todo y presionaron al alza los arriendos porque esta gente pagaba $7.000.000, incluso $10.000.000 para una casa. Esto fue tan grave porque mucha gente quedó sin casa, para el local es imposible pagar ese valor o más por una renta. Eso generó un déficit de vivienda tremendo. Hay gente que sigue vivienda en carpas o arrimadas en otras casas”, afirma Márquez.

Dolarización y altos costos de fletes

Pizarro indica que el alto costo de vida se debe también a que la economía está dolarizada. “La dolarización de la economía y los altos costos de los fletes de carga, tanto aérea como marítima, tienen la canasta familiar por las nubes desde hace mucho tiempo”, asevera Pizarro.

Explica que como casi todo se importa se depende de la fluctuación del dólar, y como todo se lleva en barco o avión, se depende también de los costos de los  fletes. “Hay que sumarle el monopolio en las rutas y operaciones portuarias de carga marítima. Es un asunto que debe atender la Superintendencia de Puertos y Transporte y la Superintendencia de Industria y Comercio”.

En eso coincide Juanita Ángel, quien dice que la razón del alto costo de vida es el monopolio en el transporte y la logística. Agrega que la economía de San Andrés y Providencia está dolarizada porque se depende mucho de Panamá y de Estados Unidos.

 “Muchos productos se traen de allá y sí influye el dólar en el costo de vida, pero el problema es el municipio (alcaldía) porque emplea  a la gente por unos sueldos relativamente buenos por pocas horas de trabajo, entonces conseguir gente para trabajar en un hotel es difícil, porque por un mínimo y ocho horas casi nadie quiere aceptar esa oferta porque el municipio les paga el mismo mínimo o un poco más por menos horas”.

Falta producción local

“En San Andrés hay una población grande, una isla súper poblada, que hace difícil lograr una producción local que garantice la alimentación para todos, pero también se ha desestimulado esta producción, en especial en Providencia, como la agricultura, porque desde hace varias décadas dejó de tener apoyo”, asegura Márquez.

Enfatiza en que al depender de lo que viene de afuera se origina una relación estrecha con el precio del transporte hasta las islas. “Además de los costos logísticos hasta San Andrés, se añade la traída a Providencia, eso hace que los precios de los productos que vienen de afuera sean costosos”.

Para Márquez, otro factor del alto costo de vida es la ausencia de control de precios, eso quiere decir que en las islas no hay  regulación, no hay ninguna oficina o mecanismo que regule los precios. “La consecuencia es que los comerciantes locales, además del sobrecosto logístico, terminan cobrando lo que quieren. Por ejemplo, sucede mucho que cuando sube el dólar, sube todo, pero cuando baja, nada baja. Los productos están en una constante alza, sin marcha atrás”.

 

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