El valor de la autocrítica

Crédito: Suministrada / EL NUEVO DÍAEl videoclip musical fue grabado por ella y su pareja en casa.
Cuando las cosas no salen como esperábamos en nuestra vida personal o profesional, o cuando no hemos logrado los resultados esperados en determinada actividad, nos preguntamos ¿por qué sucedió así?
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Y, con frecuencia la conclusión es que fue por mala suerte, porque tuvo poco tiempo, porque los compañeros no colaboraron, porque el jefe no dio suficientes herramientas, por la situación del país,…etc.

En pocas ocasiones nos detenemos a pensar cómo hicimos las cosas, en qué fallamos, qué podría haber hecho mejor, qué me faltó, entre otros.

En fin, no hacemos autocrítica, posiblemente porque duele menos y es más cómodo cargarle la culpa a otros.

La autocrítica es vital si queremos mejorar como personas y profesionales. Por ser un ejercicio consciente y voluntario hay que tomar la determinación de hacerlo y además, hacerlo hasta convertirlo en uno de nuestros hábitos más enriquecedores.

Si lo hacemos acertadamente es muy útil sobre todo porque no podemos confiar exclusivamente en la retroalimentación que nos da la familia, amigos o compañeros de trabajo, que podrían ser muy indulgentes.

La crítica de algún miembro de la familia puede estar sesgada y no ser objetiva por el cariño que le tienen y aunque quisieran dar su opinión no lo hacen o la disfrazan para no lastimar.

Algo similar pasa en la oficina o con los amigos, es posible que no le digan la verdad o la digan a medias por temor a disgustarlo, lesionar la relación o para evitar una situación incómoda; pocos tienen la valentía de hacerlo, máxime si han observado que usted no es una persona que sepa aceptar la crítica.

Autocriticarse no es fácil porque lo usual es sobrevalorar lo propio y subestimar lo de los demás, como dice la sabiduría popular “Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. 

Desarrollar la capacidad de autocrítica demanda un esfuerzo especial, pero usted puede lograrlo, por supuesto sin caer en el extremo de ser extremadamente duro consigo mismo, de “flagelarse o darse látigo”.

La autocrítica hecha con ecuanimidad es inmensamente útil para aprender de los errores, corregir fallas, mejorar las relaciones con los demás y aprovechar las oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal, entre otros.

 

Para desarrollar su capacidad de autocrítica comience por:

-  Hacer conciencia de la importancia de controlar las emociones.

- Tener claro que todos cometemos errores, no somos perfectos. Debemos asumirlo y admitirlo.

- Entender que aún con grandes fortalezas y habilidades, tenemos debilidades y fallamos, aunque no nos guste es normal que ocurra.

-  Tener presente que nadie lo sabe todo ni tiene la verdad absoluta, incluido usted.

- Pida a otros retroalimentación, anime a que se expresen honestamente y con claridad. Se invita, no a que identifiquen las fallas, sino las “oportunidades de mejora”, puede lograr que se sientan más libres de expresar sus opiniones. Además, asuma una actitud positiva en ese ejercicio y agradezca las observaciones.

- Recuerde que cada persona ve las cosas desde su propia perspectiva y experiencia.

- Practique la humildad, que consiste en reconocer las propias limitaciones y debilidades. La soberbia y el orgullo bloquean su capacidad de autocrítica. 

No espere más para practicarla, la autocrítica no es solo para aplicarla en situaciones extremas, es una práctica positiva que le puede reportar excelentes dividendos. 

Negar la realidad o mirar hacia otro lado no la cambia. Sólo buscando insaciablemente la verdad, podemos mejorar y crecer.

 

Formadora y asesora en Habilidades Sociales y Productividad Personal.

Martha Cruz

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