Yo no soy ‘afro’: soy negra

Yo no soy ‘afro’: soy negra
Muy poco importa, para la legendaria actriz, cantante y bailarina colombiana Leonor González Mina, quien está de visita en la Capital Musical, que gran mayoría de afrodescendientes rechacen el ser llamados ‘negro’.
HÉLMER PARRA - EL NUEVO DÍA
Leonor González Mina recibió las llaves de la ciudad, en la inauguración de los dos concursos que organiza la Fundación Musical de Colombia.
Foto: HÉLMER PARRA - EL NUEVO DÍA
15 Mar 2012 - 12:00am

‘La negra grande de Colombia’ es un título que ha acompañado durante sus más de 50 años de trayectoria artística, como actriz, cantante y bailarina, a Leonor González Mina; y es, a su vez, el que la ha dado a conocer en su correría folclórica ante el mundo.

Pero este rótulo, antes que generarle estigma la ha hecho llenarse de orgullo, pues es consciente de que representa una raza: la del Pacífico, región que ha sido su cuna y testigo permanente de su crecimiento personal y profesional.

Por eso ella quiere llevar lo mejor del trabajo que la Fundación Musical de Colombia orienta hacia los más pequeños, en la enseñanza de la melodía tradicional, a Robles, un pequeño pueblo en el Valle del Cauca que la vio nacer hace 77 años.

En un corto tiempo entre su apretada agenda, que incluyó visitas a la institución Amina Melendro de Pulecio y a la inauguración del Festival, donde recibió las llaves de la ciudad, esta ferviente admiradora de Celia Cruz nos contó algo de esos inicios.


EL NUEVO DÍA: ¿Cómo empezó el título de ‘La negra grande de Colombia’?
LEONOR GONZÁLEZ MINA: Todo sucedió en el comienzo de mi carrera, en Cali, cuando ya se estaba cocinando parte de mi primer disco, del que ya había muchas canciones grabadas.

Fue con un grupo de unos 10 amigos entre el que estaba mi exesposo Esteban Cabezas, que era publicista; el director ejecutivo de Sonolux, Hernán Restrepo Duque, y también Fanny Mikey, Pedro Martínez (su esposo), Enrique Buenaventura, y Álvaro Bejarano, mirando el nombre que me iban a poner.


Uno sugería ‘La rosa negra’; otro, ‘La flor negra’, pero Hernán Restrepo dijo: ‘Dejen de perder el tiempo, que ella se va a llamar ‘La negra grande de Colombia’, y sonó. En relación con mi poca estatura no coincidía, pero debí trabajar mucho para sostener este nombre.


END: ¿Qué incluyó ese primer disco?
LGM: En esos tiempos cantaba mucha música de protesta y contestataria. Incluyó A la mina no voy; Angelitos negros, de Andrés Eloy Blanco, y Tío Guachupecito, un cuento de Antero Agualimpia, que no había niño en el país que no lo contara, un cuento de la región que todavía hago. Incluso estoy pensando grabarlo con coros, porque es hermoso.

También tuvo una canción de Rubén Castro Torrijos, médico compositor del Pacífico, llamada El rey del río, la historia de un hombre que tenía a 10 mujeres en la misma casa, a orillas de un río, y que gustó mucho.


Ya no recuerdo los demás temas que hicieron parte de esa producción, pero sé que ese disco gustó muchísimo.



END: Volviendo al título, ¿qué empezó a significar para usted?
LGM: Una responsabilidad muy grande, en todo sentido, no solamente por la altura, sino por el solo hecho de ser negra, y ser la primera negra que sale a la palestra, por ello tenía que salir muy bien, no sólo con una buena voz, sino también con unas bases estructurales importantes

Me preocupé mucho por eso; entonces estudié teatro antes de salir a los escenarios, porque yo tenía que tener un dominio escénico. Fui la primera actriz integral que salió en ese país: era cantante, bailarina y actriz.


END: ¿Qué opina del rechazo de los afrodescendientes al apelativo ‘negro’?
LGM: Me importa un pepino eso; me siento orgullosa de ser negra; no soy afrodescendiente; ‘afro’ son todos ustedes, porque el mundo nació en África. Yo soy negra, aunque guste o disguste a los afrodescendientes el que les digan de esa forma.

Siempre me ha gustado que me digan negra, porque todo el tiempo mi comportamiento y mi forma de ser y pensar es de una negra. Soy feliz y dicharachera; como me ven, lloro en el momento en que tengo que llorar.


Me gusta ser negra y que la gente me diga cosas lindas, porque estoy haciendo quedar bien a la gente de mi región, y cuando salgo de Colombia ya no pienso en lo de negra, sino que estoy haciendo quedar bien a mi país.


END: Su raza ha sido un espaldarazo en su carrera...
LGM: Lo creo, porque en mi casa me enseñaron a ser así. Mi mamá me decía: ‘Usted va a ser una persona importante y tiene que ser orgullosa de su raza’, al igual que a todos mis hermanos. Ella era una líder increíble de ese pueblo y nos enseñó a ser como somos, cosa que agradezco permanentemente.

END: ¿Su familia también fue buen antecedente?
LGM: En mi familia no había un sólo músico o cantante famoso, pero sí gente con una muy buena voz. Tuve la gran ventaja de que mis hermanos nos levantamos en medio de dos religiones: la evangélica y la católica: mi mamá era evangélica y mi papá, católico. Él era fanático; ella, no.

La misa no era que no me encantara, sino que el sacerdote ofrecía misas de dos o tres horas y uno estaba ‘muerto de hambre’, a punto de desmayarse. Pero todo lo que fuera canto, fuera una u otra religión, me mataba, entonces formamos nuestra forma de pensar, sacando lo bueno de lo uno y de lo otro.


END: La experiencia con los niños de Ibagué...
LGM: Hasta ahora, lo que he visto es sensacional, absolutamente espectacular. Esto no es solamente como para yo copiarlo, sino para que también lo lleve gente con más sensibilidad en cada uno de los departamentos de este país, para hacer cosas bien importantes.

END: ¿Qué tiene por decir ante su visita a la Capital Musical?
LGM: Gracias a la Fundación Musical de Colombia, que me invitó a conocer esta maravilla. Todos estos niños que han estado en el público, con toda seguridad se han ido con ese sueño de verse reflejados dentro de poco en el mismo sitio donde hoy están los Jardines Musicales, dando esa cátedra de canto, amor y entrega, porque hay unos niños que son de una entrega impresionante.

Ustedes no tienen ni idea ¡Ay, Dios mío! de cómo los quiero y les doy las gracias por haberme invitado aquí a la Ciudad Musical de Colombia, a ver un espectáculo que es una enseñanza que la Capital Musical ha dado a toda Colombia.


Ojalá, en vez de verse en televisión esas cosas tan horribles de la violencia, que es lo que gusta, se presente un coro como estos para que vean cómo la gente se relaja y cómo piensa en otras cosas.

Publicada por
HERNÁN CAMILO YEPES VÁSQUEZ