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“Vivimos en un mundo que no conocemos y no nos apetece hacerlo”

COLPRENSA - EL NUEVO DÍA
El escritor tolimense William Ospina habla sobre su nueva entrega literaria ‘El taller, el templo y el hogar’ en la que critica a la humanidad.

El reconocido autor colombiano William Ospina, en una nueva entrega literaria de nueve ensayos, llama a la humanidad a la reflexión respecto a los efectos ambientales que ha provocado el hombre.

En entrevista con Colprensa, el autor habla sobre ‘El taller, el templo y el hogar’, nombre que le dio a su manuscrito, evidenciando los peligros ambientales del mundo moderno en una crítica a la humanidad.

- ¿Con qué se encontrarán los lectores en este libro?

Este libro es sobre la sociedad contemporánea, las posibilidades y los peligros que vive el mundo moderno. Hace 20 años vio la luz el libro ‘Es tarde para el hombre’, donde señalaba algunos peligros que estaba viviendo la humanidad contemporánea y hace tres años publiqué otro que se llama ‘Parar en seco’, al igual que en ellos aquí encontrarán reflexiones del trasfondo cultural en el cambio climático y lo que deberíamos hacer para enfrentar los peligros a los que estamos expuestos y así tratar de entender qué es lo que hace, por qué esto pone en riesgo y retrasa la continuidad de la vida.

- ¿Qué significado tiene ‘Taller, templo y hogar’?

El ser humano es alguien que produce cosas y ese hacer es una de las características principales del ser humano, hacemos cosas que transforman el mundo cosa que los animales no hacen, entonces el hacer es algo que esta intrínsecamente y es muy importante que nos preguntemos cómo hacemos las cosas y qué responsabilidad tenemos en ello. A eso alude la palabra taller, a esa reflexión del hacer.

El Templo lo relaciono con nuestra manera de estar juntos por medio de principios o valores comunes, entonces cuando hablo del templo lo relaciono con la comunidad y espiritualidad. Cuando hablo del hogar me refiero a nuestra manera de vivir, no solo en una casa sino también en la naturaleza, nosotros habitamos cada parte del mundo y no estamos viviendo bien.

Entonces esas tres cosas en esta época están divorciadas, dejando de lado la responsabilidad y vivimos en un mundo cada vez más agrietado, menos solidario con una comunidad insatisfecha y el resultado de todo eso es que estamos maltratando el mundo, usamos el agua pero no nos preguntamos de dónde viene ni para dónde va, entonces la humanidad necesita un cambio urgente.

- ¿Cuál es su mirada sobre la sociedad colombiana frente a estos temas?

Colombia es un país que tiene una doble característica, la de ser uno de los países más ricos en biodiversidad, una verdadera fábrica de agua, una vegetación y abundancia infinitas, es decir, todos los factores positivos de una riqueza natural extraordinaria y al mismo tiempo un estado y sociedad muy débil por falta de compromiso.

En Colombia parecen no estar en condiciones de salvar todo ese tesoro que está siendo amenazado cada vez más de una manera eficaz, eso nos lleva a que el país necesita con urgencia generar una conciencia ciudadana, tanto de la riqueza que tenemos como de los peligros que estamos afrontando.

Aquí quiero resaltar que la humanidad no necesita un folleto de instrucciones o un listado de recomendaciones de lo que hay que hacer, la humanidad debe tener conciencia, porque nosotros mismos tenemos las soluciones pero no nos enteramos y no es porque no haya suficiente acceso a la educación o a la información, sino porque simplemente no importa.

- El país ha tenido varios fenómenos ambientales este año, como el pozo la Lizama y ahora Ituango, ¿qué lleva a que el hombre no los prevenga?

La mayor parte de esos proyectos se hacen a espaldas de la comunidad, y no es que la comunidad no sepa, por ejemplo, se sabía que se construía una represa, pero la comunidad no entiende qué significa hacer eso, qué significa hacerla en un río tan poderoso como el Cauca y en un territorio donde las crecientes son tradición, sumado a una época en la que el clima se altera de forma dramática, entonces eso lleva a que no hay conocimiento sobre el territorio, no conocemos nuestros climas o de la conveniencia de esos proyectos y eso termina produciendo emergencias en las que la gente que no sabe nada termina siendo la víctima.

Así mismo, no hay educación por parte del Estado en esos temas, convirtiéndolo en un actor irresponsable que desprotege a la comunidad y solo aparece para decir que salgan corriendo porque viene el río, entonces habitamos en un mundo que no conocemos, no nos educan en la responsabilidad, el conocimiento y la prevención y por eso vivimos en una lógica de desastre perpetuo.

- ¿Por qué decidió hacer este libro?

Cuando uno es escritor siente que tiene una gran responsabilidad social, no solamente en el deseo de transmitir unos sueños o pensamientos, sino también el deseo de entender la época en la que vivimos, para mí el ser escritor es ser fiel al país y aún más a esta época, entonces escribir un libro como este es una manera de expresar mi compromiso con el mundo y con el ambiente.

- ¿Qué quiere dejarle a los lectores?

El libro está hecho para que el lector siga unos razonamientos, y se entere de cosas que no sabe y pueda discutir con las situaciones que se están planteando, porque esto es una compañía de reflexión frente a los crímenes ambientales que cometemos.

BOGOTÁ, COLPRENSA

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