“El periodista debe ser indispensable y cumplir un rol político en la sociedad”

COLPRENSA - EL NUEVO DÍA
A sus 87 años de edad, murió en Bogotá, el escritor y periodista Javier Darío Restrepo, quien ejerció el periodismo durante más de 55 años.

En una extensa entrevista, el periodista Javier Darío Restrepo ofreció una lúcida reflexión sobre la actual crisis del periodismo y los periodistas colombianos llamando, como siempre, las cosas por su nombre. Hoy reproducimos su testimonio como un sencillo, pero sentido homenaje a su memoria.

- ¿Cómo se hizo usuario de Twitter?

Mis hijas me iniciaron en las primeras letras de todo lo digital. Lo utilizo para estimular pensamiento, conocer puntos de vista, pero no es una pasión. Lo dosifico muy bien. Tiene que esperar porque estoy leyendo, escribiendo... Entonces le hago caso.

He logrado imponer el orden de las prioridades: primero soy yo y después Twitter. Lo uso, pero Twitter no me usa a mí. Esa es la gran diferencia. Es otro de tantos instrumentos de conocimiento.

- ¿Cómo ha sido la experiencia, qué ha descubierto?

Tal vez lo que he descubierto es que me había demorado en tuitear. Ahora desde @JaDaRestrepo comparto mi columna del Heraldo para destacar algunos pensamientos.

Me impresiona la reacción casi inmediata de la gente que la retuitea. Pero, también, que hay pocos comentarios o muy escuetos. No se llega al fondo del tema tratado para avanzar.

- Sin embargo existe una excesiva confianza en los veloces contenidos de las redes sociales y una cada vez mayor desconfianza de la gente con los periodistas y medios de información. ¿Qué piensa de esto?

Para un periodista la confianza es irreemplazable. Necesita de la confianza lo mismo que el organismo vivo necesita del aire. Informamos para que nos crean, pero sin confianza el periodismo es inútil, desechable.

El periodista necesita que le crean y la sociedad creer en quién le informa. Cuando desaparece la confianza el periodista es manipulable. Nunca tendrá una información verosímil, y sobre todo, está perdido porque la desconfianza es una especie de ceguera colectiva. Los periodistas tenemos la obligación de fortalecer la confianza de la sociedad, pero eso no es un asunto fácil, ni de técnicas, sino de actitudes. Actitud de apego a la verdad y, particularmente, de servicio a los otros a través de la información.

- ¿Y la importancia de la web cuál es?

La web tiene un enorme poder, pero un poder que será lo que uno haga de él. Si se le confiere a la web ese poder, se volcará hacia la desconfianza. Pero, si por el contrario se entiende que la confianza se construye todos los días, en ese momento se entenderá que el periodismo es, ante todo, una construcción diaria de confianza a través de una información creíble porque es exacta.

Detrás de la confianza lo que existe es rigor informativo. Cuando este existe, se reconoce. Cuando no, la información es superflua.

- Desde los medios hoy se recibe más opinión qué información. Esto ha hecho que la gente desconozca los hechos, la verdad, que esté despistada porque se está informando con opinión que, como se sabe, es subjetiva, tiene prejuicios, es lo que piensa o cree el periodista.

El desequilibrio es evidente. El periodista tiene que conocer a profundidad los hechos para poder opinar, y conocerlos es haberlos investigado e informado. El receptor debe tener siempre claro sobre qué está opinando.

La primera necesidad de un periodista cuando informa es que le crean. Es un deber enumerar las distintas opiniones y ejercer una función crítica sobre las mismas. Señalar, por ejemplo, cuando una opinión no tiene en cuenta un hecho; exagera las cosas; incorpora datos falsos para una argumentación. Es decir, el periodista debe convertirse en un crítico agudo para orientar a su receptor.

La gente es inmensamente sensible a toda tetra de parcialización con la información. Sabe cómo está siendo informada, puede distinguir si están haciendo propaganda a favor de alguien. Y, cuando descubre a un periodista que sesga la información y las mismas opiniones el periodista cae.

 

Periodismo sin pasión

- El periodismo ya no es una actividad estable. Quiénes se formaban en las escuelas de periodismo, mal que bien, sabían para dónde iban y por qué lo estudiaban. ¿Hay un reacomodamiento comercial?

Una de las preguntas más frecuentes que atendemos en el consultorio ético de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (Fnpi) tiene que ver con eso. Al fin de cuentas, ¿Qué somos los periodistas? ¿Influencer? ¿Creadores de contenidos? ¿Qué diablos somos nosotros?

Esa es la consecuencia del predominio de lo comercial sobre lo profesional. Cuando es así se imponen las reglas publicitarias.

Uno de los esquemas a los que más se acude en la publicidad es darle nombre comercial a todas las cosas. Y hoy decir periodista ya parece poca cosa. En cambio, “influencer” o “creador de contenidos”, le hace creer a la persona que es una especie de “deidad” que llega a las salas de redacción. ¡Creador de contenidos! ¿Y el periodista qué? ¿Por qué está ocurriendo eso? Porque permitimos que así ocurriera. Una de las razones de la crisis del periodismo es que subestimamos la profesión. Nos limitamos a creer que periodista es el que registra el escandalito del día y punto. Por eso todos los días va tras el escandalito, lo registra y no es más. Su profesión no es otra cosa que eso. Si como periodista día tras día le doy tan poco contenido y tan pobre alcance a mi actividad profesional, es natural que llegue a despreciarla. Que no la tenga en cuenta. Que nunca haga el ejercicio de preguntarme para qué soy periodista.

- El periodismo no parece solo estar atado al presente, sino que evidencia una constante pereza por hacer el oficio. Es común detectar deficiencias de contenido y gramaticales. No hay contexto, ni recordación de los hechos. ¿Por qué con tantos recursos digitales el periodismo de hace 20 años era distinto, mejor?

Porque es un periodismo sin pasión. Es un periodismo de cálculo. Siempre está pensando en dónde pagan mejor y a qué hora le van a pagar. No digo que eso sea trivial, pero eso no es lo esencial para el periodismo. Cuando ha sido distinto es porque eran periodistas que asumían su función como una misión.

No hay cálculos. La persona vive para eso. Su mayor ilusión en la vida es hacer periodismo. Si le preguntan dirá: yo quiero morirme en esto porque es la razón de ser de su vida. ¿Cuántos periodistas pueden decir con sinceridad hoy que la razón de ser de su vida es el ejercicio profesional? Eso es lo primero que hace falta. Hay que entender que todos los instrumentos que da la tecnología son medios y no fines que el periodista puede utilizar al servicio de los demás.

- ¿Y lo digital?

A veces el acceso de los periodistas a los medios digitales es como la llegada de un conquistador: tengo que ganarme esto y utilizarlo para mi beneficio. Una actitud que esteriliza todo. En cambio, el que se acerca y se apropia de lo digital pensando que puede informar mejor y prestar un servicio mucho más cabal, ese periodista está en una actitud mental que podrá valerse de todo eso para progresar. El ejercicio del periodista tiene que partir de esa actitud frente a su profesión. En el consultorio ético he respondido 1875 consultas. Desde estas ha crecido mi convicción de que los problemas éticos que tiene el periodista comienzan con la debilidad de su definición profesional. Más periodistas de los que uno cree no pueden responder para qué es periodista.

- Un diagnóstico poco optimista. ¿Murió el periodismo como lo reconocíamos usted y yo?

Está en crisis y toda crisis es una oportunidad porque nos muestra las debilidades que tenemos y nos obliga a buscar caminos, a reinventarnos, a superarlas, pero no nos damos cuenta porque los periodistas somos poco autocríticos. En Colombia y en el mundo el periodismo está ante una gran oportunidad para reinventarse, pero parte de esa reinvención debe comenzar con la convicción de que el periodismo no es un ejercicio profesional para poder, sino para servir. 

 

El periodismo es una actividad política

- ¿El periodismo en Colombia le está hablando a la sociedad?

No. Se está hablando más así mismo. El “yoismo” lo está destruyendo. El periodismo por esencia es servir al otro, estar abierto al otro y esto ignora por completo al periodista. Si no es así este profesional debe replantearse para qué hace periodismo.

- ¿Hago periodismo para que mi medio suba los ratings, la circulación? ¿Porque es lo que me indican los que me pagan la comida? ¿Porque tengo que destacarme, pero primero actúo para que me conozcan y luego que aprecien de mi trabajo? Ese es un periodismo alrededor del yo.

El periodismo y el periodista se salvan en el momento que se entienda, con todas sus letras, que el periodismo es un servicio en función de los demás. Que el periodista está al servicio del otro y trabaja para que el otro sea conocido, atendido, defendido. La única satisfacción posible para un periodista es haberle prestado un servicio a los demás. Su éxito consiste en que la información sirva de impulso, de cambio para los otros en la sociedad.

- ¿Periodista lejano de la política entonces?

El periodista no es para un partido, tampoco tiene por qué estar en uno, pero sí tendría que estar ejerciendo una influencia política en la vida de la sociedad.

Si le preguntan a los redactores de cualquiera de nuestros medios: ¿Usted hace un ejercicio político de su profesión? ¡Se asustan! Entienden mal esto, piensan que lo están acusando de estar al servicio de la u, la h, la j o cualquier denominación. El periodismo tiene que reinventarse y redefinir su esencia. Esto significa elevar la profesión y sacarla de ser un simple elemento de entretenimiento para la gente que no tiene qué hacer.

- ¿Quién es el otro o los otros en el periodismo?

El otro es la fuente, el protagonista de la información, pero sobre todo, las personas víctimas. Todo periodista debe tener absolutamente claro que estas personas son los primeros personajes de la información. Ahí aprendemos, de manera radical, a desconfiar de todos los que tienen poder. Sea el poder que sea.

El periodista es alguien que rechaza visceralmente el poder. Que, ante este, se pone a la defensiva porque sabe que es dañino, contagioso, la peor de las enfermedades. Debe conocer y entender esto para tratar a los poderosos. No para condenarlos de antemano, sino porque sabe que entre el poder y él debe existir distancia de por medio para ejercer su función crítica.

El periodista está ante el poder para criticarlo, pero no por su cuenta, sino dando instrumentos y voz a la sociedad que necesita ejercer esta crítica sobre los poderosos, porque, al fin y al cabo, manejan el bien común que afecta a todas las personas, por tanto, es un mecanismo de defensa que tiene la sociedad: ejercer una crítica al poder.

- El New York Times es de propiedad de un conglomerado de medios, pero en Colombia los dueños de los grandes medios son empresarios, industriales, banqueros. En estas condiciones, ¿Es fácil pensar en replantear la profesión para aprovechar esa gran oportunidad para el periodismo?

No. Va a ser inmensamente difícil. Piensa en la reacción de cualquiera de las gerencias de los grandes medios que celebraron y se sienten bien bajo el paraguas de uno de nuestros riquitos, ricotes o cualquiera de ellos. El hecho de que un grupo de ricos se haga cargo de uno de los medios más importantes del país es una pésima noticia para el periodismo, pero lo ven como algo para celebrar.

- Puede ser una oportunidad de negocio desde la perspectiva del medio, pero una mala noticia para la sociedad…

Y para el propio periodismo, porque se va acabando hasta convertirse en una triste pieza de publicidad. Nada más. La estructura financiera de los medios se debe reformar si queremos reinventarnos. El periodismo debe prescindir de todo apoyo publicitario, de todo patrocinio de gobiernos y de instituciones, pero al enunciar esto abren los ojos hasta que casi se les salen.

¿Y entonces de qué vamos a vivir?, me preguntan-. Su desconcierto es mayor cuando respondo: el único dinero sano para un medio de comunicación, sobre todo para su credibilidad, es el dinero que viene del suscriptor. La gran autoridad de un medio es su suscriptor. En muchas partes del mundo ya es así. Se dieron cuenta que era una herejía el dogma de que, sin publicidad, el periodismo no podía vivir. Es un cambio radical, mucho más de lo que nunca soñaron, pero indispensable.

- ¿Cuál es el deber interno del periodista en el ámbito de la ética?

La ética es la vocación que tiene todo ser humano de ser excelente. Así de simple. Si se quiere ser excelente, siempre se debe someter a juicio lo que se hace. El periodista nunca está satisfecho con lo que es, ni con lo que hace, por eso siempre se está reinventando. La ética, por tanto, es la pasión de crearse a sí mismo todos los días.

No se trata del simple hecho de acatar unos articulitos de un código de ética, eso solo es una ayuda. La ética, en cambio, es una condición de las personas que quieren ser excelentes. La gente tiene una equivocación continua cuando, al conocer las trampas de los congresistas, robos de los contratistas y demás, dicen: es que lo que hace falta aquí es ética. ¡Se equivocan! Ahí lo que hace falta es un juez y un policía.

- Politólogos, antropólogos, sociólogos están ocupando las salas de redacción de los medios ejerciendo una labor que estaba destinada a los periodistas, advierte en la misma columna la periodista Lara. ¿Cree que el periodismo debería ser una especialización o maestría y no una carrera de pregrado?

Eso lo que pone en evidencia, una vez más, es la necesidad de identificar para qué es el periodismo y, como están las cosas en la actualidad, más valdría que fuera una especialización.

Hoy no hay una identidad clara sobre el periodismo. La tecnología ha contribuido con la idea difusa de gente que se siente periodista porque con cualquier medio o aplicativo puede captar noticias, difundir datos y su pensamiento en blogs.

Somos nosotros quienes tenemos que convencer al mundo de la necesidad del periodismo y de formar periodistas que se vuelvan indispensables para la vida de la sociedad, sino, se seguirá creyendo que periodista es cualquier persona que maneja un aparato digital.

- ¿Qué le pasaría a la sociedad si dejara de tener periodistas? Es una pregunta que permitiría mostrar el papel que debe cumplir un periodista completo, no el que entretiene con deportes y todas las liviandades de hoy y que no le hacen ni bien ni mal a la sociedad y por tanto son inútiles.

Usted ha señalado que el periodismo y los periodistas tendrían hoy que ser otra cosa, pero no por mandato de una “moda”, como podría pensarse de lo que llaman “cambiantes ecologías mediáticas”, sino por la exigencia de una cultura nueva y de las audiencias que han cambiado por exigencia de una nueva historia.

BOGOTÁ, COLPRENSA

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