“Tuve la muerte muy cerca, y uno no sabe el valor de la vida ni de la salud, hasta que no las siente perdidas”

SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
Sandra Rocío Meneses, gerente de la Gestora Urbana, nos contó sobre los difíciles problemas de salud que tuvo que enfrentar que la llevaron a estar retirada un tiempo de la empresa; sin embargo, su carácter no dejó que tardará en volver. La funcionaria le contó a EL NUEVO DÍA sobre esa experiencia que la marcó, su familia, amores y sueños.

¿Por qué le llamó la atención trabajar en cargos públicos?

La vida lo va llevando a uno por caminos que no se imagina que va a cruzar. Empecé con cargos públicos hace muchos años; me llamaron para la Secretaría de Planeación de Saldaña en 2004 y trabajé ahí hasta 2007, así fue que comenzó mi carrera como funcionaria pública. Anteriormente, trabajé 10 años como instructora del Sena, desde 2002 hasta 2012.En ese momento en que estuve en la Secretaría de Planeación, me di cuenta que me apasionaba el sector público; de hecho tuve la oportunidad de ser alcaldesa encargada por un período de ocho meses allá y me gustó.

De ahí me pico el bichito de ser servidora pública. Me gusta trabajar por las comunidades, por la ciudad; esa es la parte política que me gusta, no la politiquería. También fui asesora de la Secretaría de Planeación municipal, desde el 2012 hasta el 2017.  

¿Dónde estudió?

Ingresé a la Universidad Nacional en 1992, fui muy juiciosa. De hecho, siempre he sido muy “nerdita”, nunca perdí una materia ni en el colegio, ni en la universidad. 

¿Cómo tomaron la noticia en su casa de su ingreso a la Universidad Nacional?

Al principio mi mamá no me quería dejar ir, porque ella decía que estaba muy pequeña con 16 años, sola en una ciudad tan grande. Hasta que la convencí, mis tíos me ayudaron y me fui a estudiar. 

Hace poco salió una noticia sobre un desacato de la Gestora Urbana a una tutela que fue interpuesta por la señora Fabiola García, ¿Cómo fue qué sucedió eso?, ¿Cómo va el proceso?

Sufrí un aneurisma y tuve tres hemorragias desde agosto y septiembre del año pasado, a raíz de eso me ausenté un tiempo de la empresa en 2017, regresé a finales del mismo año, pero el tiempo posquirúrgico me desenlazó problemas de depresión y ansiedad, lo que generó que me volviera a ausentar.

En ese ir y venir por incapacidades, pasó lo de la señora Fabiola. Ella pasó un derecho de petición y se le contestó tarde, sin embargo, resalto que esto fue en la época en la que no estuve; revisé la cronología de los hechos y llamé al doctor Darwin Aguirre, quien quedó de gerente encargado ese tiempo. Le pregunté qué había pasado, por qué habíamos llegado a ese punto, y él me hizo la trazabilidad de todo; me dijo que hizo lo que pudo para tratar de contestarle a la señora, y se solicitó al juzgado para que quitara el desacato, porque ya se había dado respuesta. No obstante, ya lo había enviado y elevado grado de consulta, y eso sucedió un día antes de yo reingresarme de mi incapacidad; de hecho, me enteré a los ocho días porque lo vi en la prensa; él no me informó directamente. Soy la que menos velas tiene en ese entierro, y se lo expuse a la jueza, esperaremos a ver qué pasa. 

Como comentaba, hace poco afrontó un tema difícil de salud, ¿Hace cuánto empezaron estos problemas y cómo se encuentra actualmente?

Me posesioné en enero de 2017 y también tengo la culpa porque pensé que como era la nueva podría con todo. Además, como se sabe el Alcalde tiene jornadas de trabajo extensas, él nos ha citado a las cinco de la mañana, y a las 11 de la noche estamos recorriendo barrios. De esta manera, estaba trabajando casi los siete días de 22 y 23 horas, entonces mi cuerpo se desgastó. 

Así me empezaron a surgir dolores de cabeza y me ponía roja, eso fue para mayo y junio de 2017; para agosto, el dolor de cabeza empezó a ser muy recurrente. Me daba casi todos los días y me tomaba dos dólex y se me pasaba. En ese mes, iba del trabajo para mi casa y sentí un dolor terrible, como un punzón en la nuca y pensé que la cabeza se me iba a explotar. La verdad no sé como no me estrellé; entré a la casa y empezó a dolerme el pecho y pensé que era un ataque cardíaco. 

Me fui para la Clínica Tolima y como raro, me dieron un mal servicio; empecé a torcerme del dolor; sentía que me iba a desmayar y la doctora lo que me decía era respire que usted lo que no está es respirando, me hicieron exámenes de sangre y me salieron bien; me hicieron un TAC, pero sin contraste, y la doctora me dijo: usted está bien, está es estresada. 

Y después de esto, ¿Cómo siguieron los dolores?

A los quince días me dio lo mismo y conseguí un médico internista y me dijo lo mismo que en la Clínica Tolima, que estaba estresada. Llegaba demacrada al trabajo, mis compañeros me decían que me fuera para la casa. Después de una noche que no pude dormir del dolor, decidí irme para Medicádiz, y efectivamente allá el doctor me dijo que tenía ‘papiledema’, que es  sangrado detrás de los ojos; me tuvieron en observación y me enviaron un examen especializado, para saber qué parte del cerebro era el que estaba sangrando.

Me hicieron un TAC, y me quedé dormida y cuando me despierto estaba en la UCI de Medicádiz, vomitando. Pasaron una serie de cosas de las que no me acuerdo. Después, autorizaron mi operación y me fui para el hospital universitario de la Nacional.  Me operó el doctor Bastos, uno de los mejores neurocirujanos de Latinoamérica, a mi esposo le dijeron que podría no despertar, o no reconocer a las personas. Fue un milagro que me desperté y reconocí. 

¿Qué le dijo el médico?

Que tenía un aneurisma y el cerebro muy inflamado, tenía catorce días para recuperarme y que esos días  también pueden ser mortales. Todos los días yo rezaba y pedía por mis dos hijas. Sobreviví a esos catorce días, y pensé que podría irme para la casa, pero al otro día el doctor Bastos me dijo que no podría irme, toca mirar cómo seguía. Me hicieron otra vez cateterismo y me dolió mucho. Finalmente, me dijo: “Querida Sandra, nos vamos de otra cirugía”, me explicó que la primera vez tenía el cerebro tan inflamado que no pudo ver cómo corría la sangre, pero que ahora sí me quitaría el aneurisma. Volví a salir bien de la segunda cirugía, que fue el 13 de octubre, y el 17 ya estaba acá. Tuve dos meses y medio de incapacidad.

¿Ha tenido tratamientos sicológicos?

Claro, y lo que me explica el siquiatra y la psicoterapeuta, es que tengo un estrés laboral que me generó una aneurisma y la aneurisma me generó un estrés quirúrgico. Es una recuperación de mínimo dos años, lo que pasa es que como yo he sido muy activa, cuando estuve en incapacidad yo ya me quería ir a trabajar, porque tenía el dolor, pero estaba encerrada, quería producir. 

¿Cómo fue la vuelta al trabajo después de la incapacidad?

Difícil, porque pensé que todo estaría bien, pero yo empecé a cambiar, y pasaron cosas que menguaron mi aspecto físico. Me cansaba mucho, empezó un dolor que arrancó en la ceja y pasaba al oído, adelante y atrás. En estos días ha vuelto.Volví al médico y me la pasé de incapacidad en incapacidad. Entonces le dije al Alcalde, que a él no le servía que yo fuera a trabajar tres días y me incapacitará cinco, entonces le solicité que me diera las vacaciones y me dijo que sí, que me las tomará. He sufrido un cuadro ansioso-depresivo, diagnosticado por psiquiatría, actualmente estoy tomando medicamentos. 

¿Ha pensado en retirarse?

Lo he hablado con mi esposo, pero por la connotación de que aún estoy enferma no es conveniente para mí. Estamos esperando a ver cómo sigo avanzando, porque los medicamentos de entrada me hacen bien, pero después siento que me vuelvo inmune. 

Mis amigas me han dicho que me quede quieta, pero no puedo. Sin embargo, sé que es un llamado de atención que debo tomar en cuenta. No voy a renunciar, por la responsabilidad y preocupación que me genera, pero mi vida sí va a cambiar, y creo que será a lo largo de unos seis meses o un año. Vamos a ver, estoy pegada a Dios, preguntándole que tiene para mí. 

Sabemos que está cursando una maestría en Gerencia de Calidad, ¿Cuándo es el grado?

Prácticamente ya la estoy terminando, estoy en los últimos ajustes de mi trabajo de investigación para graduarme, de hecho ya tuve esta semana reunión con mi directora de tesis, porque pensé “no qué tal me muera por otra aneurisma, por lo menos me muero magíster, no perdí cuatro años ni a botar esa platica, ya este año me gradúo porque me gradúo”.Por ende, aspiro estar graduada en septiembre, si puedo antes mejor. La demora es culminar el trabajo y conseguir los jurados que me evalúen. 

¿Qué otra experiencia significativa tiene que la haya transformado?

El nacimiento de mis hijas, uno con el primer hijo se enloquece no sabe qué comprarle, dónde ponerlo, que no vaya a llorar; es una cosa muy linda ser mamá por primera vez. Y el segundo embarazo no fue programado, pero esta niña dijo yo voy para este mundo y se vino. Con las dos me enfermé porque como soy hipertensa, me dio preeclampsia; pero el nacimiento de ellas ha sido un hecho extraordinario, es inexplicable. Y otra experiencia puede ser cuando murió mi papá, sucedió cuando tenía cinco años.

¿Qué la hace feliz?

Mi familia: mis hijas, mi esposo y mi mamá. También estudiar, leer un buen libro o mi trabajo si no tuviera tantos conflictos internos, porque cuando estuve de alcaldesa encargada en Saldaña, sentí la satisfacción de que la gente me decía que lo había hecho muy bien. Pero esta empresa está en cuidados intensivos, el Alcalde ha pensado en la liquidación y pienso que sería lo mejor que puede suceder, porque la Gestora debería ser la flor bonita de la Administración municipal y es la empresa que le ha pasado de todo.

¿Cómo se llaman las niñas?

Juana Morales y Miranda Char.

¿Por qué tienen apellidos diferentes?

Llegamos a la parte amorosa (se ríe). Primero, me casé con el papá de mi hija mayor en el 2005, estuvimos siete años juntos y casados cinco. Él se enamoró de otro persona y nos divorciamos. Conocí a mi segundo esposo trabajando políticamente, y fue en una coyuntura de transición en mi vida, porque estaba en el duelo de lo que me había pasado. Si no nos hubiéramos conocido en ese momento estaría sola, no tendría a nadie, pienso que es la mano de Dios, seguro pensó “si a esta niña no le envío el ‘Don Juan’ se me cierra y no me nace Miranda”.

Y apareció Óscar, a quien amo, me ha apoyado de todas las formas: como esposo, amigo, confidente. Es un soporte para mí, ha estado en todas estas batallas. Cuando estuve enferma estuvo al pie de mi cama todo el tiempo. Pienso que es el hombre de mi vida, llevamos siete años juntos y quisiera envejecer con él.

Y ahora conociendo otro aspecto, ¿Qué le saca la piedra?

La gente lenta, tener que estar acosando. Realmente no es que me saque la piedra, porque no soy de explotar y tratar mal la gente, pero sí me molesta, por lo mismo como soy rápida.

¿Qué le gusta hacer en los tiempos libres?

Dormir, soy fanática de dormir. En la época que no podía dormir por la enfermedad o el cuadro de ansiedad, era muy difícil, porque para mí dormir es un placer. También veo películas, juego con las niñas, salimos a almorzar en familia y me gusta leer.

¿En qué otra labor le gustaría desempeñarse?

Pues soy docente en la Universidad Cooperativa, dicto clases en Ingeniería Civil la materia: Gerencia de Proyectos de Obra Civil, y una electiva llamada Interventoría y Licitaciones. La pedagogía es mi vocación, puedo tener algún problema o algo, y con mis estudiantes me distraigo. Puedo estar cansada del trabajo y cuando llego a dar clase, se me olvida que el tiempo ha pasado. Ahorita que termine mi maestría, quiero hacer doctorado y dedicarme de lleno a la docencia.

EL TRATO CON EL ALCALDE ES CORDIAL

¿Qué tal es la relación con el Alcalde?

Él tiene su temperamento y forma de liderar, no soy quién para criticarlo; pero digamos que no ha sido fácil porque soy de un temperamento fuerte o más bien que digo las cosas, no me quedo callada. Pero él ha aprendido a respetar mis criterios, y más aún cuando me enfermé, él me visitó y el trato ha sido más cordial. 

¿A quién admira?

A mi mamá y a mi abuela, porque mi abuela viuda sacó a cuatro hijos adelante, y mi mamá, a mi hermano y a mí. Pero si vamos a personajes más conocidos, me parece interesante las mujeres en política como: Margaret Thatcher o Hilary Clinton, admiro a las mujeres con poder. 

¿Con cuál palabra se describe?

Acelerada, trabajadora, disciplinada, estudiosa y buena gente. 

¿A qué le teme?

A la muerte definitivamente, porque ya la tuve muy cerca, uno no sabe el valor de la vida ni de la salud, hasta que no las siente perdidas. Y con lo que me pasó, uno de mis mayores temores era  dejar a mis hijas solas, sin guía. Y me afectaba el hecho de que son de papás diferentes, me preocupaba pensar que cada papá cogería a su hija y no se criaran unidas. 

Qué defecto considera que tiene?

El hecho de ser acelerada, eso es un defecto a la larga porque no pienso muy bien las cosas y soy explosiva; a mí se me nota que no me gusta algo. No soy hipócrita, y lo considero un defecto porque en este sector público me he encontrado gente tan falsa, doble. 

¿Con quién considera que no se la lleva bien? ¿A quién no le recibiría un tinto?

No se me ocurre una persona, uno no es perita en dulce para caerle bien a todo el mundo, ni todo el mundo es perita en dulce para que le caiga bien a uno. Pero que diga definitivamente a fulanito o fulanita la detesto, no. De hecho, en la  administración central no he tenido roces con nadie, y en la oficina, la bienvenida que me hicieron fue muy linda, más bien siento aprecio y cariño. 
¿Qué la sonroja?Soy tímida, me sonrojo con facilidad por cualquier cosa.

Y para cerrar, ¿Algún recuerdo que considere es de los mejores?

Los de pequeña, porque uno es contento, feliz por todo. En mi caso, por ejemplo tocaba la guitarra y estaba en la tuna o en danzas. Esa época fue muy chévere, hace poco nos reencontramos, y fue muy divertido volver a tocar la guitarra después de 25 años y saber de nuestras vidas. 

 

 

 

 

 

 

 

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