“ Soy una mujer de decisiones y no me arrepiento de las que he tomado”

“ Soy una mujer de decisiones y no me arrepiento de las que he tomado”
Inés Yohanna Pinzón, secretaria General de la Universidad de Ibagué, especialista en Derecho Penal, Máster en Derecho Biomáster y Bioética y docente de planta de la Universidad del Tolima, le contó a EL NUEVO DÍA sobre su amor por la docencia, los momentos más difíciles que ha tenido que afrontar en su oficio y lo que la enamoró de su esposo, Ómar Mejía
SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
Foto: SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
16 Dic 2018 - 3:01am

¿Por qué le llamó la atención trabajar en el sector educativo?

Cuando uno es recién egresado de la universidad no tiene claro cuál va a ser el camino, soy abogada y realmente no tenía ningún contacto con el sector, pero recién salí, un profesor, que en su momento era el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Ibagué, Manuel José Álvarez, me dijo que si no me interesaría dar una clases porque me había ido muy bien en el pregrado. Y empecé por ahí y me quedo gustando el ejercicio propio de la docencia. Y se abrió un concurso en la Universidad del Tolima para docentes de planta e ingresé.

¿Cuántos años lleva de docencia?

Desde el 2006, prácticamente desde que me gradué.

¿Desde hace cuánto es docente de planta de la UT y cómo fue el paso a la Unibagué?

Quedé desde el 2010 como profesora de planta en la UT y tuve la oportunidad, en el 2012, de ser la Secretaria General. Fue una experiencia muy enriquecedora, duré ahí un poco más de un año, después me fui a crear el Centro de Conciliación y Consultorio Jurídico de la Universidad.

Ya después pedí licencia para ser decana de Derecho en la Cooperativa, y fue una experiencia muy corta, pero enriquecedora. Volví a la UT, y en este momento me fui en una comisión administrativa a la Universidad de Ibagué, como Secretaria General, es como volver a la casa porque soy abogada de la Unibagué.

¿Por qué le llamó la atención ser docente?

Será que lo que uno piensa de pequeño se cumple, porque de pequeña decía que quería ser profe y tener 12 hijos, más barato por docena no era nada. Me encantaba juguetear, creo que tuve muñecas hasta los 15. Cuando ingresé a Derecho nunca me planteé ser docente, creo que la vida le va mostrando a uno el camino, y fue un gran reto porque tenía muchos estudiantes que tenían mi edad.

- Se caracteriza por ser muy allegada a sus estudiantes, ¿cómo hace un docente para ganarse la confianza de un estudiante?

Hay que ser muy empático, la empatía es un valor que se ha perdido mucho y es ponerse en el lugar del otro. Si uno no es capaz de ponerse en el lugar del otro, no es capaz de construir una relación humana. Para ser profe hay que ser muy paciente, es de querer el oficio.

Entrando al tema sentimental, ¿cómo se conoció con el amor de su vida?

Es una historia bien particular, Ómar era mi profesor universitario en el último semestre. Esa historia del profe con la estudiante sí puede ser real, estaba enamorada perdidamente, y pues ese amor tuvo sus frutos. Fueron dos años de relación, un año en el que estuvimos viéndonos y uno en el que él estuvo afuera del país; a los tres meses que se había ido le dije que yo no servía para estas relaciones a distancia, porque para mí eso es muy difícil. Entonces, él vino, habló con mi familia y nos comprometimos, efectivamente Ómar llegó seis meses después y nos casamos.

¿Cuándo se casaron?

En el 2006. Y si me preguntan cuál ha sido el día más feliz de mi vida, no lo dudo, fue el día que me casé.

¿Qué la enamoró de él?

Es un hombre muy serio, no es fácil; es disciplinado, casero, no toma ni fuma, es una vida muy tranquila. Ómar tiene todo lo bueno de un hombre, es un excelente padre, les dedica tiempo a sus hijos.

¿Cuánta es la diferencia de edad?

Son 14, casi 15 años de diferencia. Pero los años no pesan, creo que las mujeres maduran más rápido que los hombres. Y le debo mucho a Ómar, no solo desde lo personal o familiar, sino también desde lo profesional, es un hombre que todo el tiempo estuvo ahí diciendo sigue adelante.

¿El tema de la edad fue un inconveniente en las familias?

Sí, al comienzo familiarmente era muy difícil. Cuando conocí a Ómar tenía 19 años, era una mujer muy joven, y las familias empezaron a decir: ‘oye mira tú estás muy joven, casi no has conocido la vida’, aparte soy la menor de cuatro hermanos, dos de ellos hombres súper celosos. El día que me casé hubo muchas apuestas de que esto no duraba ni seis meses y ya vamos a cumplir 13 años.

¿Quién manda en la casa?

Eso sí está claro, yo.

¿Es de carácter fuerte?

Soy de un carácter dulce, pero fuerte.

¿Cuántos hijos tienen?

Dos, a Andrés Felipe que nació el 31 de marzo de 2008, fue un niño muy deseado, para Ómar era fundamental tener un hijo hombre. (...) Y él ve a Andrés y dice que es el amor de su vida.

¿Y el segundo hijo?

Él sí fue inesperado. Ya nos habíamos planteado una vida sin más hijos y de repente nos dan la noticia de Santiago, para mí fue un poco más difícil, porque ya tenía mi rutina y volver a empezar. El 25 de marzo de 2017 llegó Santiago y es el terremoto de la casa, el sol de todos los días.

¿Cómo hace una mamá con tantas ocupaciones para distribuir el tiempo?

Es muy difícil, nadie se imagina. Pero creo que mi lema diario es un día a la vez, si pienso en la responsabilidad a futuro me agobiaría demasiado porque no voy a ser capaz. Por fortuna todos los días es una rutina de pareja, (…) todo es voluntad y ponerle la mejor actitud.

¿En los planes hay un tercer hijo?

No, no había un segundo, no habrán terceros.

¿Cómo se describe?

Soy una persona muy alegre.

Y, ¿negativamente?

Terca.

¿Qué la entristece?

Muchas cosas, pero que me cause dolor, todo el tema del maltrato a los niños.

¿Qué le saca el malgenio?

Que me afanen sobretodo cuando me estoy arreglando, también cuando estoy nerviosa por algo o cuando tengo hambre.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Qué es lo que más le gusta de su cuerpo?

Mis ojos, y uno que otro lunar, tengo muchos lunares. Aunque tengo que mirar si me quito algunos, porque en mi familia hay un largo antecedente de cáncer de piel.

¿Hay algo de lo que se arrepienta?

Es difícil, generalmente soy una mujer de decisiones y no me arrepiento de las que he tomado. Más bien me arrepiento de lo que uno a veces dejar de hacer como no haber dado el paso al doctorado, siento que es una cosa que tengo pendiente en mi vida y lo tengo que hacer.

¿Cuál ha sido la decisión más difícil que ha tenido que tomar?

En lo profesional, cuando tienes que prescindir del servicio. Creo que es de las decisiones más difíciles en las organizaciones y la gente lo toma personal.

¿Qué experiencia ha sido la más difícil que ha tenido que enfrentar?

Para mí ha sido muy difícil ver a Ómar afrontar ese momento de cuando asesinaron a su hermano hace cuatro años. Fue muy doloroso verle mal a él.

Por otro lado, ¿es creyente en Dios?

Católica, no muy devota. Pero creo que hay una fuerza superior que está ahí.

¿Qué la sonroja?

Una vez tuve una situación incómoda, una estudiante mujer me lograba intimidar en clase, aparentemente le gustaba. Y todos los días llegaba y me decía cosas bonitas.

¿A qué le teme?

A que le pase algo a mis hijos, creo que ese es el mayor temor de cualquier padre.

Pasó de vivir con sus papás a vivir con Ómar, ¿cómo fue ese proceso?

No fue fácil, fui mala para la cocina al comienzo, y Ómar era muy meticuloso con las cosas de la casa, el aseo. La adaptación fue muy difícil, sobretodo cuando eres la menor de la casa y estaba viviendo sola con mis papás. Lloré todos los días recién me casé y Ómar decía que qué me pasaba, (…) y le dije que extrañaba mucho a mis papás, tanto así que nos íbamos a dormir donde mis papás como por dos meses.

¿Cuánto demoró el proceso de adaptación?

El matrimonio se va decantando a los tres o cuatro años, hay crisis en el camino y hay muchos momentos de reflexión. (…) Pero escuchaba esta semana a un sacerdote que decía que el amor no es una sensación, ni es un sentimiento, el amor es una decisión.

¿Cree que le faltó vivir un poco más de su juventud?

Claro, con el tiempo uno piensa eso, lo que pasa es que llega un momento en el que balanceas las cosas, y te das cuenta que es más positivo en este momento.

¿Como mujer se ha sentido vulnerada o discriminada en el ámbito laboral?

Sí, tuve una oportunidad una vez, recuerdo que fui a una entrevista para un cargo que quería muchísimo en un tema de infancia y adolescencia y no me lo dieron. En la entrevista me preguntaron sí era casada, y también tenía a Andrés de Felipe, me dijeron que no servía. El problema de la mujer, no es ser mujer sino ser mamá.

¿Qué le falta por hacer?

Aprender a bailar, creo que fue una frustración toda mi vida. Si hubiera aprendido a bailar estaría en otro lugar, soy totalmente amotriz, pero me encanta la música y ver a la gente bailar.

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