Cultive el hábito de escuchar

Con frecuencia se repite que nacimos con una boca y dos orejas para indicarnos que debemos “hablar menos y escuchar más”.

Esta expresión que es tan popular también es sabia. Muchas personas suelen pensar que deben estar hablando todo el tiempo sin dar espacio al silencio, y eso lo advertimos en amigos, compañeros de trabajo, presentadores, maestros de ceremonia, etc. y llegan a conversar tanto y a decir cosas tan inocuas y repetitivas que fatigan, incluso, pueden llegar a convertirse en una pesadilla.

El silencio es paz, es tranquilidad, nos permite admirar la belleza de las cosas y de los sonidos, escuchar una cascada, da espacio a la creación, nos ayuda a reflexionar, nos permite escucharnos a nosotros mismos, facilita la comprensión de una lectura o da cabida a encontrar la solución a un problema.

El callar es también una expresión de respeto por el otro; cuando se escucha a un expositor se le demuestra respeto, infortunadamente este suele encontrar entre los asistentes a varios competidores que no pueden parar de hablar y de paso distraen a los vecinos e incomodan; si desea conversar en medio de una conferencia, mejor retírese o guarde los comentarios para el momento adecuado.

No se entiende cómo en un concierto la gente se pone a charlar. Así sea para comentar sobre lo bueno de la interpretación, lo simpático del artista o lo malo que le parece. No es correcto hacerlo en ese momento; si le gusta disfrútelo y deje escuchar y si no, abandone el recinto.

O ¿que tal a quienes les gusta comentar las películas, explicárselas a su hijito o anticiparle a su acompañante lo que puede ocurrir? Estas personas hacen que la agradable experiencia de ir a cine se vuelva un fastidio.

Igualmente, ocurre que a veces los maestros de ceremonias consideran que deben hablar todo el tiempo y quieren llenar hasta el último segundo de una presentación hablando, así sea repitiendo o haciendo observaciones obvias o superfluas.

En una conversación normal entre amigos usted debe aprender a escuchar, no hay nada más fastidioso que aquellos que les gusta terminar la frase que uno empieza, o aquellos que siempre tienen una observación extensa por hacer, o que cambiando el tema de la conversación tercian hacia el tema que desean.

Es hora de reflexionar sobre su manera de comunicarse, de recordar que el silencio también expresa afecto, solidaridad, comprensión; es más significativo un abrazo afectuoso en silencio que una cantidad de palabras sin mayor sentido. Esto es válido sobre todo cuando usted visita a alguien que ha perdido a un ser querido. Lo que menos necesita es un discurso.

Así como es importante utilizar las palabras correctas, también es importante saber callar. Si calla y escucha con atención tenga la certeza que hará el mejor ejercicio de comunicación.

MARTHA CRUZ

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