Para conseguir una sana convivencia

Con ocasión de la pandemia que nos cogió a todos por sorpresa, muchas cosas han cambiado y otras tantas seguirán cambiando, entre ellas la necesidad de permanecer en casa mucho más tiempo y compartir con la familia u otras personas, un período más prolongado del usual.
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Vivir de esta manera, requiere que rápidamente revisemos nuestras actitudes para hacer los ajustes del caso y así aportar a una convivencia armónica.

Para lograrlo, es muy importante que:

* Nos comuniquemos mejor. Pero una comunicación en doble vía, donde escuchemos y todos podamos hablar. La convivencia requiere del diálogo, es la única manera de encontrar respuestas, aclarar dudas, arreglar desacuerdos, solucionar problemas y en consecuencia propiciar mejores ambientes.

* Respetemos a los demás. Entendamos que el respeto es la base de una buena relación. La cortesía, los buenos modales, saludar, sonreír, agradecer, respetar los derechos de los demás y tener en cuenta los sentimientos, gustos y disgustos de otros y no sólo los propios intereses, son la mejor forma para convivir en condiciones más sanas y gratas.

* Evitemos las agresiones. Es imperativo que aprendamos a discutir sin insultar, criticar sin lastimar, reclamar sin injuriar, jugar sin hacer trampa ni lastimar. Necesitamos que toda esa agresividad que lastimosamente se observa con mucha frecuencia en el entorno, se transforme en sentimientos positivos que conduzcan a construir en lugar de destruir.

* Tengamos en cuenta al otro para decidir. Parece muy difícil de poner en práctica, y es el origen de casi todos los problemas de la sociedad. Lo que más gusta es imponer, presionar y obligar. Aunque suene a utopía es preciso aprender a concertar, a conciliar intereses para llegar a acuerdos que favorezcan a la mayoría y sobre todo a aceptar las decisiones que se acuerden, entendiendo que para lograr un buen final todos deben ceder algo y también ganar algo, y no se trata de aplastar a la minoría. No es fácil asimilar este hábito y es necesario que en ello se trabaje desde el interior de la familia, del barrio, de la escuela, la empresa, hasta lograr que se convierta en una expresión cultural.

* Cuidar lo de todos es cuidar lo nuestro. Cuidar no sólo nuestras cosas, cuidar también el entorno, recordemos que no todos los recursos son renovables y que es nuestra obligación hacer que las generaciones que vienen, encuentren similares o mejores condiciones de las que hoy tenemos. Ya sufrimos las nefastas consecuencias de la depredación que hemos causado a nuestro entorno, así que cuidemos el agua, los bosques, los prados, no arrojemos la basura al piso, no consumamos más energía de la indispensable, no gastemos papel sin medida. Todo esto ello nos beneficia a todos.

* Aprendamos a valorar. Apreciar lo que tenemos y lo que somos contribuye a elevar la autoestima y facilita una amable convivencia. Dar importancia a los demás, reconocer sus méritos y logros, no subestimar el conocimiento de otros, estimular el liderazgo, la iniciativa, la creatividad y la innovación, son requisitos indispensables para que una sociedad crezca, construya y progrese.

* Todo lo anterior exige, especialmente a los líderes y gobernantes, dar ejemplo con sus actitudes y comportamientos, porque lamentablemente la arrogancia, agresividad e intolerancia suelen ser su estilo predominante, porque erróneamente creen que hace parte del ejercicio de la autoridad y del poder, y bien sabemos que se enseña mucho más con el ejemplo que con el discurso.

El difícil momento que vivimos exige que aprendamos o re-aprendemos todo aquello que pueda ser útil para desarrollar y fortalecer la Convivencia Social, ésa que tanto necesita nuestra sociedad y que, con frecuencia se queda en el discurso y en los buenos propósitos.

MARTHA CRUZ

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