No sea usted una persona tóxica

Crédito: Tomada de internet / EL NUEVO DÍA
Difícilmente alguien acepta que es una persona tóxica, independientemente de que quienes le rodean la califiquen así. Son seres que necesitan ayuda porque no son conscientes del impacto negativo que causa su actitud. Por ello lo primero es identificar algunos rasgos que caracterizan a este tipo de personas:
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· Usualmente son de carácter fuerte, desconfiadas, egoístas y manipuladoras

· La expresión de su rostro es agria, carecen de sentido del humor, casi nunca expresan alegría y sonríen poco, por ello muchos prefieren tenerlas lejos para evitarse problemas

· Generan o hacen eco a chismes y tienden a reproducirlos sin verificar si son hechos ciertos

· Se expresan con ironía, sarcasmo, sátiras e indirectas y todo lo critican con acidez.

· Menosprecian la opinión de otros. No escuchan, no dialogan, ni aceptan sugerencias.

· Suelen magnificar los defectos y minimizar o ignorar las virtudes de otros.

· Son arrogantes y altivas; son autoritarias y contundentes; siempre tienen la razón y no permiten controversia alguna. Consideran que nunca se equivocan y esperan que todos las escuchen y estén de acuerdo en forma sumisa sin expresar opiniones que las contradigan o presenten alternativas a sus afirmaciones.

· De ellas se suele decir en voz baja que “vive envenenada”.

· Amargan la vida a quienes les rodean en casa, en su trabajo o en el vecindario, donde sufren y las aguantan, casi siempre sin decir nada para evitarse peores problemas. Su pareja, hijos y demás miembros cercanos de su familia sufren su maltrato especialmente psicológico, sin atreverse a decirles cuánto daño les causa.

· Perciben mala intención en todos si hacen algo que no les gusta, sin aceptar que los demás pueden tener otras preferencias porque consideran que las suyas son las únicas válidas.

· Sienten odio irrefrenable por personas que, real o imaginariamente, las han ofendido, sin importar que el evento haya sucedido mucho tiempo atrás y que se trate de una nimiedad. En su corazón no cabe el perdón a pesar de que se dicen muy católicas, oran y van a misa con frecuencia

· Cuando ayudan a otros lo hacen con arrogancia y lo predican en voz alta.

· Creen que todo marcha bien y nada malo pasa si son ellas quienes comandan la operación.

 Infortunadamente son muchas las personas que comparten estos rasgos y la mayoría no es consciente de esa condición ni del inmenso daño que causan a otros y al ambiente que les rodea. Tampoco son conscientes del daño que se causan a sí mismas, porque suelen ser personas profundamente amargadas, que sufren por casi cualquier cosa y a quienes nada ni nadie les satisface. Son ellas mismas las que se aíslan, alejan la felicidad y las que hacen que el afecto que alguna vez les tuvieron se agote con tanto maltrato que dan a otros; sus cercanos las soportan por temor, pesar u obligación. Sobra señalar que actitudes y comportamientos como los mencionados afectan con mayor severidad la salud mental y la convivencia en el hogar y en el entorno, en circunstancias de confinamiento como las que vivimos como consecuencia de la pandemia.

 Lo anterior puede constituirse en una patología que debe ser tratada por psicólogos, solo que difícilmente lo aceptarían porque ni saben ni aceptan que están enfermos. Mientras eso se logra, será una gran ayuda si se les invita a reflexionar, acaso tomando el listado anterior para que ante cada punto se pregunten si algo de eso las describe, y se respondan a sí mismas con absoluta honestidad; y si tienen el valor, pedir a personas muy cercanas y de entera confianza, que las retroalimenten en ese ejercicio, eso sí, garantizándoles que escucharán con atención, tomarán nota y no reaccionarán con la fiereza con que suelen hacerlo.

 

*Asesora y Formadora en Habilidades Blandas y Productividad Personal

 

 

MARTHA CRUZ

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