Para mejorar la motivación, hagamos reconocimientos con generosidad

Crédito: Pexels.com / EL NUEVO DÍA
Numerosas investigaciones señalan la importancia del elogio o reconocimiento para mejorar la motivación, la autoestima y el desempeño de las personas, además de la capacidad cerebral para recordar y reforzar ciertas aptitudes, valores y comportamientos.
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Si fuéramos conscientes del impacto que nos producen los reconocimientos que recibimos, posiblemente seríamos más generosos para obsequiarlos, porque un elogio es un regalo, y no cuesta.   

Muchos no elogian a otros porque no se han acostumbrado a ello, no han aprendido a hacerlo; otros, porque lo consideran melosería, cursilería o pasado de moda. Aquí cabe precisar la diferencia entre elogio y adulación.  El primero es un reconocimiento de los méritos o habilidades positivas de una persona, cosa, logro o situación, mientras que adulación es una alabanza exagerada, inmerecida y generalmente interesada o utilizada para conseguir algo a cambio.

Los reconocimientos son una recarga de energía y estímulos para quien los recibe. Es beneficioso para todos, en los niños refuerza sus comportamientos positivos, en los colaboradores de una empresa contribuyen a mejorar el rendimiento y el clima laboral; fortalece las relaciones de pareja, estimula las relaciones sociales y favorece el ejercicio del liderazgo.

Infortunadamente tendemos a enfatizar lo negativo y a hacer observaciones sobre lo que no está bien, y poco nos ocupamos de resaltar lo positivo y la valía de las personas o hechos. Elogiar y hacer reconocimientos es un hábito que mejora la calidad de la comunicación interpersonal. Para que así sea es bueno aprender a hacerlo en forma correcta, es imperativo que se sienta sincero y que sea agradable para quien lo recibe, que el momento y el lugar sean adecuados; de no tener este cuidado puede lograrse lo contrario, hacer que la otra persona se sienta incómoda y fastidiada.

 

Para asegurar un efecto positivo, tenga en cuenta lo siguiente:

· Conviértalo en hábito, pero sin exagerar, de hacerlo demasiado frecuente pierde el impacto y puede sonar empalagoso.

· No postergue ofrecer el reconocimiento, hágalo lo más pronto posible. Llame, escriba un mensaje, un WhatsApp, pero expréselo.

· La forma es importante, ofrézcalo con amabilidad, mire a la persona, sonría.

· Procure ser breve. Igualmente sea directo, no exagere en adjetivos, hágalo creíble. Por ejemplo, no diga: “Laura eres la funcionaria más bonita, inteligente y capaz de la empresa y mereces nuestro reconocimiento”.

· Sea específico. Celebre las conductas o las acciones no a la persona. No diga: “Felicitaciones usted es excelente” diga, “Su exposición fue excelente, clara y precisa. Felicitaciones”.

· Utilice un lenguaje positivo. No diga, “Felicitaciones, ya era hora, casi que no ganan” diga: “Felicitaciones, ganaron en un excelente partido”.

· Evite la palabra “pero”, porque le quita valor al cumplido. Por ejemplo: “Qué agradable que vinieron a visitarnos, pero lástima que no trajeron a ...”.

· Recuerde que los reconocimientos no son solo para “la gran final”, o para logros muy destacados, a lo largo de los procesos también hay pequeños logros y momentos que justifican darlos, inclusive estos pueden contribuir para que se aplique mayor esfuerzo y se consigan mejores resultados.

Una época como esta, cuando se vive gran tensión, estrés y situaciones complicadas, es una buena oportunidad para practicar y reforzar este hábito, que infortunadamente ha caído en desuso. Practiquemos con generosidad los cumplidos, basta unos segundos para reconocer lo que hacen los demás o expresarles cuánto valoramos su presencia y sus logros.

MARTHA CRUZ

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