Grano a grano en Planadas crece un emprendimiento familiar con aroma de café

Crédito: Suministradas por Marcela Olaya - EL NUEVO DÍA El grano que se produce en la empresa La Cinta ya se abre espacio en el mercado europeo.
La unión de talentos y esfuerzos, al igual que el amor heredado por los cafetales originó La Cinta, una propuesta sostenible y amigable con las aves, en el sur del departamento.
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El aroma y sabor del café colombiano sigue conquistando al mundo, un ejemplo de ello es ‘Devoción’, una marca que se destaca en los mejores restaurantes de Nueva York y que empieza a ganar terreno en la gastronomía contemporánea. Este logro es del antioqueño Steven Sotto, un empresario que le apostó a una bebida creada con granos de alta calidad, que se produce en diferentes regiones del país.

Detrás de ‘Devoción’ hay varias familias campesinas que cada día le ponen el alma a los cafetales, una de ellas está ubicada en la vereda El Rubí de Planadas, municipio del sur del Tolima que empieza a convertirse en destino obligado para los amantes y empresarios del buen café.

Marcela Olaya Prieto es una joven de 23 años, caficultora de cuarta generación que siente un gusto y admiración por el avistamiento de aves. Ella por azares del destino y sin proponérselo, logró ‘enganchar’ a la empresa de su familia La Cinta S.A.S. con Devoción desde hace cerca de cuatro años.

Recordó que el gusto por las aves hizo que se conociera con Salomón Winograd, gerente de Sostenibilidad de Devoción, en ese entonces en el predio La Cinta se empezaba a trabajar en la variedad de cafés, por lo que el primer paso fue enviar muestras a la empresa. Hoy La Cinta como empresa maneja 16 variedades de café, lo que les permite reconocimiento entre compradores nacionales e internacionales. Se estima que en los últimos tres años, la familia recibió alrededor de 150 visitantes provenientes  de 15 países, entre ellos, Australia, Estados Unidos, Rusia y México.

“Que Devoción esté en este momento donde está,  (considerado) el café más ‘chic’ de Nueva York, también nos hace sentir felices, porque es un granito de arena que nosotros también hemos puesto”, expresó la joven.

Y es que el amor que tiene por la tierra, surgió a temprana edad, pues narra que tuvo la fortuna de crecer entre cafetales. Desde hace ocho años su familia empezó a trabajar en una producción de café orgánico que ya cuenta con certificación, a lo que se suma otra actividad paralela.

“Tenemos árboles nativos amigos de las aves, les ofrece alimentos a las especies nativas. Toda esta idea ha ayudado bastante a que nuestros clientes, más allá de un buen café, busquen una historia en él, un tema de conservación, de unión familiar”.

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Pasión por las aves

El avistamiento de aves es una prioridad para Marcela, pues lo ve como una puerta que le permite escapar de la rutina, “me fascina ir a recolectar café porque puedo tener una conexión con las aves. Hice un estudio básico de las aves que conviven en los cultivos y saqué cosas positivas, como cuántas anidan en ellos, cuántas dependen de los cultivos o cómo se puede manejar”.

Resaltó que cuando se inició el proceso de reforestación con árboles nativos, solo se contaba con 75 clases de pájaros, pasados tres años, la cifra supera las 136. “Me fascina la memorización de los nombres científicos, que suenan raros pero son fascinantes, saber que cada especie está por una razón y hay que cuidarlas”. Entre los datos hallados, es que hay más de seis especies, que se alimentan de la broca.

Al preguntarle a la joven cuáles son sus proyectos, indicó que seguirá aportando al crecimiento de La Cinta, pues tan solo hace un año fue creada formalmente como empresa, asimismo, quiere apoyar a otros caficultores, que por diferentes circunstancias terminan desanimándose y apartándose de las asociaciones. “Estamos haciendo un vínculo entre los caficultores y compradores, de forma directa”.

Finalmente, Marcela envió un mensaje a los jóvenes que ante la falta de oportunidades abandonan su tierra, “se debe luchar, esta es nuestra tierra, toca estudiar y capacitarse, y venir a apoyar a la gente de uno. 

“Estudie, vine aquí, seguí en el tema de aves, he capacitado gente y entre todos hemos sacado a la familia adelante. La idea es seguir apoyándonos, en el campo está el futuro y si no le apostamos al campo, la ciudad tampoco va a sobrevivir”.

 

Trabajo sincronizado

En la familia Olaya Prieto cada miembro cumple un rol importante, por ejemplo, el padre Nolberto Olaya es el gerente de La Cinta y tiene a cargo la comercialización, manejo de clientes y producción orgánica; “mi mamá Eloina Prieto es artista, entonces en estos años hemos estado mezclando la pintura con las aves y el café, a través de dibujos con ramas y flores de café”.

La hermana mayor Yeimi Olaya es la encargada de manejar la contabilidad de la empresa, luego sigue Yeferson Olaya quien actualmente es catador Q Grader y cuenta con una larga trayectoria en el tema, Marcela además de encargarse en una propuesta turística y de observación de aves, cumple la función de comercializar la marca de café tostado La Cinta y el chocolate El Ocaso, Anderson Olaya tiene la labor de los diseños de marca, mientras que el menor, aprende de todo aquello que encierra el mundo del café.

“Para nosotros es importante darle un valor agregado a cada uno de los productos y apoyar a otros. Para el vino de uva, la fruta se compra aquí en el municipio, el chocolate se les compra a los productores con un valor adicional”.

La unión de los talentos de cada miembro del núcleo familiar, permite que hoy La Cinta se convierta en un ejemplo de emprendimiento, pues lograron articular una alta calidad de café, sostenibilidad ambiental y arte.

Una de las recompensas a la dedicación y el esfuerzo, es lograr que su producción esté llegando a Dinamarca, Estados Unidos y Australia. Actualmente, en el portafolio de la empresa cuentan con gran variedad de tipos de café como naturales, lavados, geisha, bourbon rosado, entre otros.  

“Cada cliente es diferente, con Devoción se está manejando algunos cafés como geisha y también les gusta a veces los cafés que son un poco normales, que se están dejando en el olvido como los caturros. En estos días nos están pidiendo naturales”.

Redacción sociedad

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