Leopoldo Alfonso resistió un ACV y ahora maneja los recursos de Ibagué

Crédito: Hélmer Parra / EL NUEVO DÍAAunque el accidente le ‘robó’ su pasión por jugar fútbol, no le arrebató el ciclismo.
El Secretario de Hacienda de Ibagué, Leopoldo Alfonso, recordó el momento más crítico de su vida, pero también, el que lo hizo ser más fuerte y demostrar sus capacidades para manejar unas de las oficinas más complejas de la Administración municipal.
PUBLICIDAD

El Papa Francisco sobrevolaba el territorio colombiano, faltaban pocas horas para su arribo a Catam, y mientras muchas familias veían en la televisión la manera en que los noticieros transmitían el minuto a minuto del vuelo, la familia del secretario de Hacienda Leopoldo Alfonso Iannini almorzaba.

Tenía previsto ir a verlo, pues residía en Salitre, muy cerca donde pasaría la caravana, pero justo cuando llegaba a la cocina a dejar su plato, su esposa escuchó un estruendo, al ingresar vio a su esposo de pie y alrededor los fragmentos de loza.

Recuerda Leopoldo Alfonso, que veía a su esposa angustiada mientras corría hacia el teléfono para llamar una ambulancia, aunque sus labios se movían, y él le decía que ‘no era para tanto’, solamente unos platos rotos’, nadie lo escuchaba.

“Ese día sentí como un corto por mi cabeza, no caí al piso ni nada, solo me acuerdo ver la loza y mi esposa correr, yo le hablaba, le decía, ‘no es para tanto, esperemos a ver qué pasa’. Eso era lo que pensaba, porque aunque sentía que movía la boca, en realidad no me salían palabras”, cuenta.

Así ocurrió el accidente cerebrovascular que sufrió Leopoldo Alfonso Iannini esa tarde de septiembre de 2017, cuando “gracias a Dios y a su esposa”, quien fue diligente al llevarlo de urgencia a la clínica, le salvó la vida.

“Esos minutos, esa reacción de ella marcó una gran diferencia, según lo que me explicaron los médicos, si me hubiese demorado no habría recibido la terapia trombólisis, en la que licuan los trombos que tapaban mis venas, mis arterias”, asegura Alfonso Iannini.

 

Otro milagro

Una semana antes de sufrir el accidente cerebrovascular, Leopoldo Alfonso disputó el que fue su último partido de fútbol, su deporte favorito, la profesión que soñó antes de ingresar a la Universidad Nacional.

Cuenta que desde niño se apasionó por el fútbol, y por su buen nivel, ingresó al Maracaneiros, su posición en la cancha era como volante mixto. Pero a los 17 años, y luego de no ser llamado a una selección juvenil, su mamá lo obligó a inscribirse a la Universidad.

“Esa es una de las grandes pérdidas que tuve por este accidente, no puedo volver a jugar, y esa es una de las paradojas de mi vida, porque cuando jugaba me detectaron bradicardia, pulsaciones lentas.

“Para la época decían que era normal para un deportista de alto rendimiento, yo destacaba, era una máquina y jugaba sin problemas, pero de ahí radicó mi problema”, cuenta.

El día que iba a abandonar la Unidad de Cuidados Intensivos sufrió su segundo ‘milagro’, pues el médico había ordenado que lo desconectaran de los aparatos porque ya lo podían subir a piso, pero gracias a una enfermera jefe, esto no ocurrió y preciso esa noche fibriló.

“Gracias a esa señora, quien no dejó que me desconectaran, pude salvarme otra vez, pues esa noche mi músculo cardíaco se alteró, pasó de unos 50 a 140 pulsaciones y el peligro era que se me generaran más trombos.

“Al otro día, cuando desperté, a mi alrededor había una junta de médicos, quienes me preguntaron que debía someterme a una cirugía, les respondí que hicieran lo que consideraran necesario y me adaptaron un marcapasos; además, debo tomar anticoagulantes para evitar trombos”.

 

Empezar desde cero

Una de las decepciones que sufrió fue cuando llegó la terapeuta a valorarlo, el ejercicio era sencillo, escribir el nombre, narra que en ese momento se sintió humillado, e incluso le dijo a la doctora que no le pidiera esas cosas, que él podía hacer más y no simplemente estampar su firma en una hoja.

“Eso es como ofensivo, le dije, y la muchacha me respondió que solamente lo escribiera, y cuando tomé el lapicero no pude; ahí me di cuenta la magnitud de mi problema.

“Yo era profesor de la Universidad Nacional, participé en proyectos e investigaciones, desarrollé una destreza para escribir, entonces cuando ella se fue quedé sumido en una decepción profunda y empecé a dudar”.

Tras 18 días de estar en la UCI iniciaron las terapias, en un principio duraban media hora y luego ocho horas que se extendieron durante siete meses

“Al inicio, renegaba por lo que me había ocurrido, decía, ‘por qué me ocurrió esto a mí, yo me cuido en mi alimentación, practico deportes’, peleaba con mi vida, pero gracias a un médico, que fue como un psicólogo para mí, cambié ese pensamiento.

“Usted es un bendecido de Dios, me dijo, el 33% de las personas mueren, el otro 33 queda con una discapacidad, no pueden volver a caminar, hablar y el cuerpo queda paralizado, del otro 33 por ciento solamente el 10% puede llevar una vida normal, y usted quedó en el uno por ciento, si sigue así, podrá volver a hablar y hacer cosas que otros no pueden. Eso me cambió la actitud”.

Siete meses después era más fluido para hablar, y se concentró en terminar la redacción de su libro, después pudo volver a dictar clases y participar en proyectos de investigación para la facultad de Ciencias Económicas de la Nacional.

               

Amigos Vs. Enemigos

Durante la convalecencia conoció a sus amigos y enemigos, recibió todo tipo de llamadas, pero recuerda una que lo marcó y le dio seguridad para continuar con su recuperación.

Pero también, conoció a quienes lo ‘apuñalaron por la espalda’, aquellos que se aprovecharon de su situación, incluso para robarlo.

Esto ocurrió debido a que tenía unas actividades empresariales, y confió en unos ‘amigos’ para que manejaran sus cuentas, y estuvieran pendientes de la producción, pero lo que hicieron fue aprovecharse de esa confianza.

Pero también estaban los amigos. “Óscar Barreto me marcó y contrario a lo que esperaba escuchar, o lo que la mayoría me decían, él me habló de futuro, sobre un método para continuar con mi vida normal y solamente necesitaba de mi disciplina.

“Se me hizo raro que me dijera esas palabras, y hoy le agradezco por ese apoyo, y puedo ofrecer esta entrevista, dictar clases, manejar, y aportarle a este Gobierno, pues ahí entra Andrés Hurtado quien confió en mí y me dio la oportunidad, demuestra que esto es meritocracia y un año después de haber sido nombrado Secretario de Hacienda, puedo decir que logré las metas y demuestro lo que soy”, apostilló.

 

En tiempos de Covid-19

Tres años después del ACV llegó otra preocupación, la pandemia originada por el Coronavirus, y debido a su trabajo, el contacto con las personas, se infectó, por supuesto, el riesgo era mayor debido a sus antecedentes médicos.

“Sentí mucho miedo cuando me pasaron el examen, llevaba dos días con fiebre, dos amigos míos ya habían fallecido de Covid-19 y yo con mi condición. Pero me sirvió el trabajo, estar ocupado. Sí tuve que estar dos días en clínica por observación, pero luego salió el nuevo resultado, esta vez negativo, volví a sentir la tranquilidad. Soy católico, pero a partir de eso, uno valora la espiritualidad”, reflexionó Alfonso Lannini.

 

FRASE:

“A veces, en mis declaraciones a los medios se me salen palabras que no debería decir, quienes no saben lo que me ocurrió opinan que soy un ‘burro’, pero eso me quedó después del ACV”, Leopoldo Alfonso.

 

ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS

Comentarios