Salud y sabor

Crédito: August de Richelieu en Pexels – EL NUEVO DÍALos padres pueden aprender a crear una oferta de alimentos saludables para conquistar el paladar de los niños.
Creo firmemente que no existe nada en este mundo que nos defina mejor que nuestros gustos alimenticios. La mayoría de nosotros sabemos muy bien cuales cosas nos apetecen y también sabemos qué es lo que por ningún motivo nos quisiéramos meter a la boca.
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No está claro cómo es que cada cual encuentra sus amores y sus odios, ni cómo inculcarles a nuestros hijos el amor por lo que les hace bien. Pero lo que sí está claro es que la buena salud depende fundamentalmente de una buena alimentación.

Toda mamá sabe lo difícil que es enseñarle a un niño a que amplíe sus horizontes gastronómicos.  Lograr que los hijos prueben algo nuevo, a veces resulta tan difícil, que uno prefiere dirigir sus esfuerzos en otra dirección. 

Mi madre me decía que el hambre los haría comer y el sueño los haría dormir, cuando yo me quejaba de lo difícil que era convencer a mis hijos de que se alimentaran como a mí me parecía que debían hacerlo.

En un experimento llevado a cabo hace cerca de cien años, una pediatra estadounidense quiso investigar cómo se forman los hábitos alimenticios.  La  doctora Clara Marie Davis, del hospital Mount Sinai en Cleveland, Ohio, recogió a quince niños huérfanos, que tenían entre seis y once meses de edad.

Hasta el momento en que comenzó el estudio, todos los niños habían sido alimentados únicamente con leche.

En aquellos tiempos, la comunidad médica creía que a los niños se les debía educar de manera muy estricta, pero la doctora no estaba totalmente convencida de que fuera malo comer lo que a uno le gusta. Así que diseñó un estudio en el que los mismos niños decidirían, todos los días, qué era lo que iban a comer.

Cada día, a la hora del desayuno, almuerzo o cena, se pondría ante ellos una selección de 34 alimentos de una lista que incluía frutas, verduras, cereales enteros y sin procesar, carnes y pescado.  En el menú no habría pizza, ni hamburguesas, ni dulces, ni ponqués, ni helado. Nada de lo que los niños que yo conozco prefieren comer en vez de un plato de carne con verduras.

 Las diferentes preparaciones se ponían dentro de platos iguales. Estaban cuidadosamente preparados y cortados en trozos pequeños o hechos puré. La doctora entrenó a unas niñeras para que le dieran a cada niño lo que quisiera, sin tratar de influenciar de manera alguna su decisión. El estudio continuó durante seis años y los resultados fueron dramáticos. 

Los quince niños probaron todos los alimentos de la lista al menos una vez.  Pronto, todos comenzaron a manifestar sus propios gustos y preferencias. Una de las conclusiones del estudio fue que, estos niños, que habían llegado al hospital delgados y desnutridos, al poco tiempo estaban sanos, fuertes y con el peso y la talla apropiados para su edad.

El experimento reveló que cuando a un niño se le presenta con una serie de opciones sanas, poco importa lo que escoja para comer.

Sofía Gaviria

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