Armero: 36 años de profundas huellas y dolor

Crédito: Jorge Cuéllar / El Nuevo Día.
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Como cada 13 de noviembre, las ruinas de la desaparecida ‘Ciudad blanca’ toman vida y se convierten en un reflejo del pasado, en medio de la tristeza por aquellos seres queridos que desaparecieron, también, hay historias de reencuentro que generan esperanza.
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Entre recuerdos, búsqueda y creencias, se conmemoraron 36 años de la desaparición de Armero, aquel municipio pujante que dejó una profunda huella y que continúa siendo para los sobrevivientes de la avalancha del 13 de noviembre de 1985, su hogar y el lugar con el que mantienen una conexión intacta.

A diferencia de otros años, ayer se notó una reducción significativa de visitantes, algunos piensan que puede ser por la pandemia, mientras que otros opinaron que se debe al paso del tiempo.

No obstante, un lugar que mantiene el interés religioso y se considera un símbolo de la tragedia, es donde falleció Omaira Sánchez Garzón, la niña que quedó atrapada entre el lodo y que no pudo ser rescatada, al parecer, por fallas en las motobombas.

En el sitio donde vivió 60 horas de agonía, según datos que se han conocido a través de la historia, hay dos altares, cada uno de ellos está decorado por diferentes tipos de juguetes y muñecas, igualmente, los rodea una significativa cantidad de placas que contienen mensajes de agradecimientos.

Algunas están deterioradas por el paso del tiempo y otras sobresalen, porque fueron puestas entre 2020 y 2021.

En varias de ellas se lee “en acción de gracias por los favores recibidos”, en otros por temas de salud, también, se le atribuyen milagrosas intersecciones. John Jairo Jiménez es un ambalemuno que actualmente vive en Bogotá, contó que desde hace cuatro años llega a Armero, para visitar a la niña Omaira.

“Para mi es un angelito, porque en el momento que pasó la avalancha era una niña, un ángel, entonces yo me invoco a ella tanto en lo personal, en lo laboral, en la salud y la familia. Le pongo los planes y proyectos de vida como agradecimiento”.

Narró que cada noviembre, hace un esfuerzo para viajar y traerle flores como detalle a su ‘angelito’, asimismo, agregó que hace algunos años sufrió un accidente y que tras superarlo confía aún más en Omaira. “Cada paso lo pongo en la voluntad de ella y de Dios”.

Así como John Jairo, durante este sábado, decenas de creyentes se acercaron a los altares a traer diferentes ofrendas para seguir pidiendo favores y dar gracias a la pequeña.

Otro de los lugares que es un punto de encuentro, es el parque Los Fundadores, allí se encuentra una réplica en piedra de la visita que hizo el papa Juan Pablo II frente a una cruz, en esta ocasión fue adornada con pétalos de rosas rojas, como homenaje a las cerca de 25 mil personas fallecidas.

En este mismo lugar, fue dejada una ofrenda floral por parte del Comandante de la Sexta Brigada del Ejército Nacional y diferentes autoridades civiles, al igual que, eclesiásticas.

Asimismo, se adelantó una misa que estuvo presidida por monseñor José Luis Henao Cadavid, ceremonia en la que los visitantes elevaron plegarias por sus seres queridos.

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Testimonios de las adopciones

Aunque ya han pasado más de tres décadas del día del desastre, existen familias que no pierden la esperanza de hallar a sus seres queridos y como dice el adagio popular ‘el que busca encuentra’, existen historias de jóvenes que decidieron seguir su instinto y emprendieron un largo recorrido, para encontrar sus raíces.

Este es el caso de Lorena María Santos Ramírez, quien cuenta que fue el nombre recibido  tras ser adoptada, pues antes de la tragedia se llamaba Zuly Janeth Sánchez. En la época de la tragedia tenía dos años 10 meses y, según le contaron, ese fatídico día su madre la dejó al cuidado de una señora que la llevó a una vereda para cuidarla.

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Pasadas las semanas, ninguna persona llegó a recoger a Zuly, por lo que la cuidadora decidió entregarla al Bienestar Familiar y “ya en tres meses estaba en un hogar de familia en Ibagué”. Mientras tanto, su hermana Yakeline Sánchez, creció en Armero – Guayabal con la familia paterna y hace 10 años se radicó en Bogotá.

Lorena María narró que “inicialmente buscaba a mi mamá, Lilia María Sánchez, no sabía que tenía hermanas”, pues sus padres adoptivos siempre le mencionaban que ella era oriunda de la ‘Ciudad blanca’, información que le generó una duda que la obligó a buscar a su familia original.

Tras encontrarse con la Fundación Armando Armero y practicar una muestra de ADN, hace cinco años logró encontrar a su media hermana Yakeline.

Al preguntarle a Lorena María qué opina de la reciente respuesta del Icbf, en donde aseguró que no hubo procesos de adopción entre los niños de Armero, indicó que apenas cumplió la mayoría de edad, solicitó ante el Instituto información del llamado Libro Rojo, pero nunca le dieron respuesta.

Dejó como mensaje, que sí son posibles los reencuentros a pesar del tiempo, un ejemplo de ello, es su espera de 30 años, pero que al final dio un resultado positivo, “si se puede, no hay que perder la fe”.

Otra experiencia es la de Jenifer de la Rosa, quien de nacimiento tenía el apellido Tapazco, que es el de su madre biológica. Ella terminó viviendo en España con una familia adoptiva, es licenciada en periodismo y comunicación audiovisual, además se especializó en la realización de documentales.

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“Mis padres habían hecho un álbum de fotos y la última era la del volcán Nevado del Ruiz con toda la tragedia, sabía que tenía que ver con todo esto, en mayo (de 2019) cuando empiezo a buscar a mi familia biológica, es cuando me entero que mi padre había fallecido en Chinchiná (Caldas)”.

A pesar de este primer hallazgo, sus dudas no se desvanecieron y a través de internet encontró un dato que le cambió la vida, “de repente, otra persona también adoptada, buscaba a su madre biológica que se llamaba como la mía, nos hicimos la prueba de ADN y resultó que Ángela, es mi hermana, ahora tengo dos sobrinas”.

Sin importar que han pasado 35 años, las dos empezaron trabajar en unir nuevamente esos lazos de sangre, “hay tanta gente que sigue separada y no sabe dónde está su familia, lo que es muy trágico, entonces lo que pedimos es ayuda para unificarlas, que haya también una disculpa institucional, nunca se preguntó a los familiares que tenían indicios de seres queridos que habían sobrevivido, tampoco, se les ayudó a hacer denuncias”.

Jenifer, quien vive en Madrid, España, expresó que aunque sabía desde pequeña que era armerita, de alguna manera le daba vergüenza decirles a sus padres españoles que quería buscar su origen, por ello, decidió dar ese paso que ahora le trae más tranquilidad, “le digo a esas personas adoptadas, que no tengamos ese sentimiento de culpa hacia la familia, la realidad es normal, que busquemos de donde venimos”.

 

Pruebas de ADN, una ‘muestra de fe’

Como se volvió costumbre desde hace 10 años, la Fundación Armando Armero aprovecha los 13 de noviembre para seguir recolectando muestras de ADN y lograr más reencuentros, pese a la reciente respuesta del Bienestar Familiar, padres y madres que perdieron a sus pequeños hace 36 años, no pierden la esperanza de dar ese abrazo que tanto guardan.

Este es el caso de Luis Edgar Velandia, un hombre que afirma que alcanzó a ver en un helicóptero a su pequeña hija Diana Marcela, de dos años, al lado de otros menores. Mencionó que en el momento de los hechos estaba en Melgar, pero cuando llegó la vio cubierta de barro y que la habría identificado por su figura, “me hago la prueba, porque sería una gran bendición, que en tantos años aparezca la primera hija que tuve en Armero”.

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Entre los rostros que están marcados por la angustia de la búsqueda, estaba Esperanza Montenegro que junto a su familia llegó de Pasto, a buscar a varios seres queridos. Narró que desde mediados de los 80’s vienen con frecuencia al Tolima, pues entre los desaparecidos están Jenny Montenegro Vanegas que tenía 7 años y Reinerio Montenegro Vanegas de 5 años.

“A ellos, la mamá los dejó en el cementerio en el momento de la avalancha, de allí salvaron muchos niños. Ella salió a buscar a su mamá y no regresó, desde este tiempo buscamos a los niños porque sabemos que están vivos”.

Añadió que por su cuenta hicieron un derecho de petición al Bienestar Familiar y al igual que la entidad le respondió recientemente a la Fundación Armando Armero, les indicaron que no tienen ningún dato.

Sobre ello, Esperanza dijo que están inconformes y no comprenden porque ahora dicen que no habían protocolos de rescate establecidos, si era una tragedia anunciada.

“Nosotros tenemos la esperanza, cada vez que venimos acá de reencontrarnos, deben estar adultos y como están apareciendo algunos de los niños de esa época, sabemos que están vivos, la tenemos muy clara”.

Lucila Téllez, es otra mujer que tiene la ilusión de encontrar a su hija Yamile Téllez que tenía 4 años en 1985, por eso cada año cumple con la cita del 13 de noviembre y por eso, ayer se hizo la prueba de ADN, narró que el día de la tragedia hacia las 3 p.m. tuvo el último contacto con la menor que fue llevada a la vereda Maracaibo por sus padres.

“A mi el corazón me dice que la niña está viva, ella cumplió años el 20 de abril, es decir que tendría 40 años”.

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Respuesta imperdonable

Claudia Mercedes Ramírez Villamizar, es otra de las madres que guardan la certeza de que su pequeño  Andrés Felipe Cubides Ramírez, salió con vida ese día, pues hay varias evidencias visuales. Recordó que los protocolos de rescate fueron infames, “a estas alturas de la vida, 36 años después nos vienen a decir que el Bienestar Familiar ni siquiera tiene listas de los niños que sobrevivieron de la tragedia, eso es ridículo y ofensivo para los sobrevivientes que perdimos a nuestros hijos”.

Agregó, que le parece una falta de respeto la forma en que respondió recientemente el Icbf al derecho de petición radicado por la Fundación Armando Armero, “es una falta de respeto, no solamente con la población de Armero, sino con nosotras las madres que estamos buscando a nuestros hijos y nos tratan como si fuéramos absolutamente nada”.

Mencionó que “es un derecho como colombiana saber qué pasó con los menores, ¿dónde están los niños?, me tienen que dar respuestas”.

Y Francisco González, director de la Fundación, indicó que las jornadas de ADN tienen el fin de encontrar la compatibilidad entre los niños que “literalmente se robaron, adoptaron por conductos regulares, irregulares, legales e ilegales.

“No es ninguna mentira porque están en imágenes de televisión, mientras los rescatistas los están llevando en brazos, hay testimonios de familiares que los vieron en albergues del Icbf, hay muchas pruebas”.

Coincidió, en que ahora de manera “indolente” se negó hasta la existencia del Libro Rojo.

Algunas madres han pedido a la Fundación que se emprendan acciones jurídicas.

Recordó que en este proceso, se ha contado con el apoyo del científico Yunis Turbay.

 

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XIMENA VILLALBA C.

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