Con la marca de la avalancha, supervivientes del Baltazar pasaron su primera noche en un albergue

Crédito: Hélmer Parra - EL NUEVO DÍA
Luego de su primera noche en el albergue temporal, los damnificados de la avalancha en el barrio Baltazar esperan ser reubicados para poder vivir en una casa digna.
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Con los primeros rayos del sol que se asomaron por las rendijas del kiosko en el Coliseo de Ferias, las familias que lo perdieron todo por la avalancha ocurrida en el barrio Baltazar se miraban sin saber qué hacer, aparte de agradecer por haber sido rescatados con vida tras las toneladas de barro que les cayeron encima.

Con dolor en el cuerpo debido al maltrato, Jhorman Esneider Martínez Ruiz salió a la puerta del albergue provisional y con las suturas en su ceja y mano izquierda, recordó esa cruda noche del amanecer del domingo cuando lo perdió todo, afortunadamente se salvó de morir y rescató a su hija.

Otros supervivientes estaban a la espera de la visita prometida por el alcalde Andrés Fabián Hurtado Barrera, cuestionado por los ibaguereños luego de conocerse su viaje al Eje Cafetero durante el confinamiento, al menos algunos de sus secretarios estuvieron atentos tras la tragedia.

Jhorman Esneider, un obrero de 31 años, hace una pausa para hablar, pues dice que es muy duro recordar cómo quedó aprisionado por el barro y escuchar los gritos de su hija, de los vecinos, mientras él trataba de salir del lodo para rescatar a su pequeña de 11 años.

“Una tragedia, fuimos 11 familias que lo perdimos todo, eso fue un estruendo muy fuerte, yo me acordé cuando se sintió el terremoto de Armenia, y en cuestión de segundos quedar tapado de lodo y los gritos de auxilio de todo mundo.

“Yo quedé aprisionado contra el camarote y pensaba en mi hija, como pude abrí un hueco y al sacar la mano me corté, por salir me raspé las caderas, tenía raíces, palos por todo lado. Cuando logré salir fui por mi hija quien quedó como arrodillada, toda doblada y aprisionada”, narra.

En su casa vivían cuatro personas, su hija, su esposa, un tío y él, cuenta que afortunadamente su tío no estaba esa noche, o sino hubiese ocurrido una tragedia peor.

“Mientras sacaba a mi hija, que antes de que le cayera todo encima veía una película, escuchaba al hijo de mi vecina gritar, le cayó un muro que casi le rompe la cabeza, lo golpeó en la clavícula”, narró.

Luego de una pausa y mirar el albergue temporal, este hombre cuenta que mientras dormía sentía el temor del derrumbe.

“Siento que quedé con ese trauma, ya son ocho años viviendo ahí, porque un tío me dejó construir ya que no me alcanza el dinero para pagar un arriendo y tengo a cargo cuatro personas”, dice Esneider Martínez.

Este hombre, así como los demás damnificados, esperan una reubicación, pues cuenta que no le quedó nada, ni siquiera para poder cambiarse de ropa, todo lo perdió. Su miedo ahora, es que su hija se enferme, pues por las rendijas del kiosko entra el viento de la noche y apenas duermen en una colchoneta y arropados con una sola cobija.

Controversia

Y mientras las familias que vivieron una de las peores noches de sus vidas la madrugada del domingo, el escándalo provino de la Alcaldía de Ibagué, pues según lo conocido, Andrés Hurtado estaba fuera de la ciudad en un viaje de fin de año con su familia.

Si bien, algunos de sus secretarios de despacho estuvieron desde tempranas horas de la mañana en el lugar de la catástrofe, el mandatario brilló por su ausencia y por ello lo compararon con la alcaldesa de Bogotá, Claudia Nayibe López, quien también se ausentó de la ciudad, a pesar de tener días de descanso. Hasta ayer en la mañana visitó a los dos lesionados que siguen hospitalizados.

Diferente suerte corrió el gobernador José Ricardo Orozco Valero, quien incluso lideró una reunión con Gestión del Riesgo y dio sus indicaciones para por lo menos otros 900 puntos críticos que podrán generar una tragedia en el Tolima.

Ha vivido todas las tragedias

La del domingo no fue la primera vez que esta montaña desprende una porción de tierra, pues antes ya cobró sus vidas, desde Chapinero hasta el Baltazar, y esto lo recuerda muy bien María del Socorro Marín Castro, quien desde hace más de 30 años vive en esa montaña y ha tenido que reconstruir varias veces su morada.

“A mí me ha pasado de todo en ese barrio y nunca me reubican, afortunadamente esta vez no hubo víctimas; ahora solo espero que el Alcalde o el Presidente nos escuche, no siempre es bueno recibir solamente colchonetas y mercados, para luego volver a levantar nuestras destruidas casas, queremos la reubicación porque seguiremos en esta zona de riesgo, porque yo no tengo para un arriendo ya que trabajo en oficios varios”, aseguró esta mujer, quien para su fortuna, esa noche estaba donde unos familiares y supo que no tenía casa luego de recibir una llamada sobre las 6 de la mañana.

EL NUEVO DÍA

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