El otro drama que sufren muchos pacientes con cáncer

Crédito: FOTOS: CRISTIAN BONILLA – EL NUEVO DÍALuis Celis salió hace tres años de su finca en Casabianca, para luego, de estar en varios hospitales, recibir sus tratamientos.
Los pacientes diagnosticados que siempre han vivido en los pueblos sufren demasiado por sus tratamiento oncológicos, algunos, al no tener apoyo y evitar tanta tramitología, prefieren sufrir y morir debido a la indiferencia de un país con un sistema de salud mucha veces inhumano.
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Para muchos pacientes, el solo hecho de recibir la noticia acerca de padecer cáncer lo asocian como sinónimo de muerte, otros luchan con todas sus energías y en familia para sobrevivir, pero a muchos los agobia la falta de dinero, la indiferencia de la sociedad y la tramitología de un sistema de salud colombiano muchas veces corrupto.

A diario se escuchan las denuncias de personas que piden una cita médica, una terapia, un medicamento y al final, o lo reciben mediante una acción de tutela, o se quedan a la espera de una autorización.

Ahora, si el enfermo vive en un pueblo o en una vereda, las cosas se complican más, pues si reciben un tratamiento, deben desplazarse a una ciudad capital, a una urbe que no conocen, en medio de desconocidos que caminan a sus lados para llegar a sus casas mientras ellos o sus acompañantes, no sabrán dónde pasar la noche.

Son cientos de historias de personas que llegan desorientadas, sin saber cómo sobrevivir en tierras extrañas, en Ibagué, para fortuna, existe Prodihogar, un hogar de paso para enfermos de cáncer, donde se escuchan los verdaderos relatos cercanos a la muerte, pero son más de quienes quieren vivir.

 

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Durante 14 años, ‘Monaguillo’ ha sufrido con los casos de los pacientes que acoge en la Fundación.

 

Tres años de luchas

Nacido en Villahermosa, pero desde que pudo comprar una finca en Casabianca se trasladó allí para vivir junto con su esposa y criar sus hijos, cierto día Luis Evelio Celis Ramírez sintió un dolor en la espalda que jamás había padecido.

Su primera reacción fue bajar al pueblo para que lo examinara el médico, pero fue tanto el dolor y la falta de equipos en el hospital, que su hijo, quien vive en Frías (Falan), se lo llevó para Mariquita, allí tampoco lo podían tratar y fue remitido a Honda.

En la ‘Ciudad de los Puentes’, los galenos, sin tecnología, tampoco pudieron calmarle el fuerte dolor, ya no solo podía acostarse de lado, así que llegó a Ibagué. En la capital tolimense, debido a que Luis Evelio no podía permanecer boca arriba, no le pudieron practicar una resonancia.

Ahora su destino era Bogotá, donde lo tenían que tratar con anestesia para que el dolor le permitiera durar al menos una hora mientras duraba la resonancia, allí le diagnosticaron cáncer de médula.

Nuevamente, Ibagué para las radioterapias y ahí surgió otro inconveniente, pues en Bogotá tenía las citas para las quimioterapias, así que no sabía si viajar a Bogotá o vivir en Ibagué.

Para su infortunio una nueva enfermedad llegó a su vida, pues empezó a sufrir molestias para orinar y le detectaron problemas en la próstata; hubo una reunión entre los galenos para saber si se suspendía el tratamiento por un tiempo para una intervención.

 

Sin ver a sus hijos

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Yolanda Celis ha tenido que pelear con las EPS para que su padre reciba atención digna.

 

Desde que le informaron la noticia sobre la enfermedad de su padre, Yolanda Celis Gallego empezó una nueva vida, tuvo que dejar su casa en San Vicente del Caguán para cuidar a su padre en todos los viajes entre Bogotá e Ibagué y tasar el dinero para poder sobrevivir.

Cuenta esta mujer, quien antes sufrió otra calamidad, pues su esposo, quien era presidente de una Junta de Acción Comunal, lo asesinaron luego de que se levantara la Mesa de Diálogos con las Farc, así que tuvo que terminar de criar a sus dos hijos.

Dice que cuando supo de la enfermedad de su padre, nunca imaginó que se trataba de un cáncer, pues en la finca, Luis Evelio siempre trabajo sin sufrir alguna dolencia; también pensó que no duraría tanto tiempo en estas terapias, y desde ese día ha pasado tres años, apenas volvió a ver a sus hijos.

“Fueron muchos hospitales los que recorrí con mi padre hasta que lo llevaron a Bogotá, donde yo tenía que estar pendiente las 24 horas y apenas tenía tiempo para ir a un hospedaje donde guardaba mi ropa e iba a bañarme.

“Aunque mis hijos ya están grandes, fue muy duro dejarlos, porque vivíamos juntos, teníamos proyectos que ahí quedaron, mi deber ahora es cuidar a mi papá”, cuenta Yolanda Celis.

Los problemas continuaron para esta familia, pues empezaron los líos jurídicos, ya que las órdenes para las quimioterapias fueron en una clínica en Bogotá, mientras que las de las radioterapias las tenía que recibir en Ibagué.

“Les dije a los médicos que era muy complicado estar en constantes viajes, que no nos alcanzaba el dinero para pasajes, hospedajes y otros gastos, así que interpusimos una tutela y ambos procedimientos los dejaron en Ibagué”, agregó Yolanda.

Finalmente, esta mujer agradeció el apoyo que desde Prodihogar le ofrecen al dejar quedar a su padre y a ella, quien lo cuida hace tres años.

“Estoy muy agradecida con Dios porque acá se ve la mano de él, yo soy mujer de campo y desplazarse a una ciudad es duro, pero nos ha puesto los lugares y las personas para salir de esto”.

 

Las peleas contra el sistema de salud

 

Desde hace 14 años Carlos Alberto Gómez, conocido como ‘Monaguillo’, adelanta esta labor social a favor de los pacientes con cáncer, sabe los problemas que los pacientes tienen para recibir una atención médica especializada prioritaria y ha llorado con historias de vida y muerte.

“Nuestro lema, el que tenemos en la entrada de Prodihogar es: ‘El cáncer no mata, mata la indiferencia’, porque he conocido casos en los que incluso, muchos familiares dejan botado al paciente, y les decimos, no los boten, porque acá damos damos comida, amor y dormida, pero el afecto nunca se podrá reemplazar.

“Un paciente solo, sin amor de familia, tiende a perder la batalla contra el cáncer, además la parte económica es complicada, pues no se pueden subir después de un procedimiento a un bus, debe ser en taxi, y todos los días no lo aguanta el bolsillo”, cuenta ‘Monaguillo’.

Asegura que las leyes en Colombia dicen que un paciente diagnosticado crónico debe gozar de los exámenes, cita con el oncólogo, tratamientos, pero no debería de ser con autorización, ya que mucha veces, cuando la persona tiene los resultados de los exámenes, hasta el día que le dan la cita la enfermedad ya avanzó por otras partes del cuerpo.

“Existen muchas trabas hacia los pacientes, hay casos en que prefieren tirar el tratamiento, nosotros los apoyamos, pero ellos se decepcionan con tanta tramitomanía. No podemos hablar de una Colombia eficiente si acá mueren por todo eso.

“También hemos tenido pacientes que han viajado por todo el país, pues les ordenan una quimioterapia en Armenia, una cita de control en Neiva y la radioterapia en Bogotá. El desarraigo del paciente es duro. Ahora con esta pandemia todo es Covid, desapareció el cáncer, y ese es el clamor que hago a las autoridades de salud, no olvidemos a los enfermos de cáncer”, apostilló Carlos Gómez.

 

 

 

Una labor que se cae a pedazos

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El peso del agua tumbó el cielorraso en varios sectores del hogar de paso.

 

Si bien, Prodihogar recibe algunas donaciones en alimentos, ropa, dinero, este invierno los ha afectado de manera alarmante, pues desde que recibieron la casa, la cual agradecen siempre a quien la donó, la suerte no sonrió del todo por culpa de unos obreros que dejaron mal la construcción y el techo, cada vez que llueve, tiene goteras debido a que quedó mal puesto, con desniveles y otros daños.

El segundo piso, donde están las habitaciones, hay muchas que están fuera de servicio debido a la humedad y las goteras, y aunque recibieron donaciones de tejas de zinc, el problema consiste ahora en que algunas son grandes, otras pequeñas y no casan y el problema continuaría.

La solución más rápida que tienen, es aprovechar unas cerchas que les obsequió el padre de la parroquia María Auxiliadora para instalar un techo sobre el techo, y así evitar más pérdidas en el mobiliario.

“Necesitamos unas tejas, posiblemente que sean Eternit, pues todas son iguales, también dinero para contratar obreros responsables, por eso iniciamos este programa ‘Un techo para los pacientes de cáncer’, recibimos también ayudas monetarias en nuestra cuenta de ahorros Bancolombia 8070-59658-34. Nosotros certificamos a quienes donen porque estamos registrados en Cámara de Comercio, la Dian, contamos con revisor fiscal y contador, así que pueden deducir este apoyo en sus impuestos”, puntualizó ‘Monaguillo’.

 

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Los techos de drywall de los dormitorios sufren por las constantes lluvias y los problemas que quedaron tras la construcción del inmueble.

 

Frase:

“Uno viene de un pueblo pequeño y desconoce todo lo que pasa en una ciudad y todo lo que hay que hacer para que le atiendan a un familiar con una enfermedad como el cáncer”, Yolanda Celis.

 

 


 

 

ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS

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