Embarazo adolescente, un ‘retraso’ en la garantía de los derechos de la niñez y la juventud colombiana

Crédito: Suministradas / EL NUEVO DÍACuando la madre no tiene educación, la tasa de mortalidad infantil puede ascender a 51 muertes por cada 1.000 nacidos vivos.
Para el caso de Tolima, en 2019 se presentaron 3.248 nacimientos de madres adolescentes entre los 15 y los 19 años de edad y tuvo una tasa de 5.888 por cada 100 mil habitantes.
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“Mi plan no era quedar embarazada. Tenía 16 años cuando me enteré que esperaba a Isabella, en ese entonces yo no me llevaba bien con mi mamá, peleaba mucho con ella, por esa razón me fui de la casa, dejé a un lado mis estudios e intenté vivir con el papá de la niña, pero no funcionó. De métodos anticonceptivos poco sabía, incluso, me enteré de que estaba en embarazo 15 días después de empezar a planificar, puesto que mi suegra me recomendó que lo hiciera. Hoy en día la bebé y yo vivimos con mi abuela, quien nos está apoyando, aunque la relación con mi mamá ha mejorado”, relata Sol Angie de 18 años.

 

Dime de quién naces, y te diré quién eres

Si bien la tasa de embarazo adolescente en 2019 mostró una disminución del 4.5% frente a lo acontecido en 2018, los promedios ocultan inequidades y diferentes realidades. Dónde nacer y de quién ser hijo, por ejemplo, influye directamente en los indicadores sobre lo que pasará con cada niño y niña que acaba de llegar al mundo.

Según el Dane, en 2018 nacieron 649.115 bebés, de los cuales 123.223 tenían a una madre entre los 15 y 19 años, lo que equivale al 19% de los nacimientos en Colombia.

Ahora bien, en este mismo año, de los 7.329 niños que fallecieron antes del primer año de vida, el 20% tenía una madre que estaba entre la edad de los 15 a 19 años y el 1.2% entre los 10 a 14 años.

Alrededor de este panorama hay que analizar también los múltiples determinantes sociales que afectan de una u otra manera la vida de las madres adolescentes, sus familias y comunidades. Entre ellas, se encuentran algunas necesidades básicas insatisfechas, la pobreza, la exclusión social, la baja calidad educativa, poca o nula educación en derecho sexuales y reproductivos, la inequidad de género, la falta de oportunidades a empleos dignos y en ocasiones, el ser víctimas de hechos violentos.

Algunos estudios, como el realizado por Profamilia y la Fundación Plan en 2018, evidencian que los embarazos en adolescentes no se dan entre pares. De acuerdo con el Dane en 2018, entre las mujeres de 15 a 19 años que ya son madres, la edad del padre de su hijo era superior entre 2 a 10 años en el 63.6% de los casos y en el 10% de las ocurrencias el papá era mayor que la mujer por más de 10 años.

Para Ángela Anzola, presidenta ejecutiva de la Fundación Plan, el carácter multidimensional de las causas del embarazo en la adolescencia requiere un abordaje y la creación de estrategias intersectoriales que estén orientadas hacia la prevención y a la postergación de la maternidad y la paternidad temprana.

A ello, suma que: “Nos preocupan principalmente, los embarazos que se producen como consecuencia de las relaciones de poder en contra de las niñas y que se esconden detrás de los matrimonios infantiles y uniones tempranas y forzadas, lo que genera, no solamente embarazos muy tempranos y de alto riesgo, sino también desigualdades y vulneraciones a los derechos de las niñas y las adolescentes”, asegura Anzola.

 

Morbi-mortalidad materna

“Sufrí mucho durante el embarazo, cuando tenía 36 semanas los médicos me dijeron que tenía una infección y que eso podría generar que la niña naciera con alguna malformación o con otras afectaciones serias en su salud. Sentí miedo e impotencia porque no me había hecho los exámenes correspondientes en la EPS, pero gracias a Dios, Isabella nació bien”, explica Sol Angie.

En Colombia, gran parte de la morbi-mortalidad materna se asocia a fallas de acceso y calidad de la atención por parte de los servicios de salud en el cuidado de la gestante, en la promoción de prácticas saludables, en la oportunidad de la detección y en el manejo del riesgo materno y sus posibles complicaciones.

Entre 2005 y 2017 la mortalidad materna en Colombia pasó de 70.1 a 51.01 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos. Pero fue 5.48 veces más alta en departamentos como Chocó, Vichada, La Guajira, Córdoba, Guainía, Vaupés y Putumayo .

Según el Dane, para el año 2018, 521 mujeres perdieron la vida por causas asociadas al embarazo o al parto y que en su mayoría pudieron haber sido evitables.

El 15% de ellas, estaban en la edad entre los 15 y 19 años. Los análisis indican que la mayoría de estas muertes son evitables y suceden en contextos con altas barreras de acceso a servicios de salud.

Ángela Anzola, de la Fundación Plan, agrega que, tanto para las madres gestantes como para sus hijos, las consecuencias son de tipo biológicas, psicosociales y económicas. “Las niñas que quedan embarazadas a una edad temprana corren mayores riesgos de padecer mortalidad y morbilidad materna.

 El embarazo durante los primeros años después de la pubertad aumenta el riesgo de aborto espontáneo, obstrucción del parto, hemorragia posparto, hipertensión relacionada con el embarazo y afecciones debilitantes durante toda la vida. A ello se suma que los bebés que nacen de madres adolescentes, tienen más probabilidades de nacer prematuros o con bajo peso y corren mayor riesgo de vida”, subraya Anzola.

 

La educación, clave para el desarrollo

La ENDS en 2015 develó cómo la educación de la madre juega un papel clave en el contexto del embarazo adolescente. Cuando la madre no tiene educación, la tasa de mortalidad infantil puede ascender a 51 muertes por cada 1.000 nacidos vivos.

A ello se suma, que el mayor porcentaje de adolescentes madres o embarazadas, es decir, el 41.8% de ellas, se encuentra entre las jóvenes con el menor nivel educativo (primaria), mientras que el menor porcentaje (4.7%), se contempla en las adolescentes del quintil más alto de riqueza.

Como correlato, el Dane expone que del total de las madres adolescentes que dieron a luz durante el 2018, el 15.5% estaba cursando preescolar y básica primaria; el 42.3% estaba en básica secundaria, que comprende los grados entre sexto a noveno y el 32% se hallaba estudiando la media académica o clásica, la cual agrupa los grados de décimo y undécimo. Únicamente, el 4.6% de ellas tenían estudios tecnológicos o eran profesionales.

 “A los 17 años quedé embarazada de Isabella, yo en ese momento estaba en grado once y aunque alcancé a graduarme, fue muy duro para mí. Yo era una joven dedicada al estudio y con mi mamá trabajaba los fines de semana para ahorrar dinero para mi universidad, ese era mi sueño.Todo esto quedó atrás, porque mi atención y esfuerzos ahora están en ella y espero algún día poder estudiar sistemas”, narra Evelin de 18 años, quien es otra de las adolescentes entrevistadas para este reportaje.

De manera contundente, la Comisión Económica para América Latina y El Caribe, Cepal, ha planteado que concluir la enseñanza secundaria es el umbral educativo mínimo para reducir la posibilidad de vivir un futuro en situación de pobreza.

Por esta razón, garantizar el derecho a la educación ayuda a reducir la desigualdad y las brechas de pobreza de los países, situaciones que en Colombia son recurrentes y que derivan en contextos como el del embarazo adolescente.

Ángela Anzola, hace referencia a que “El Estado debe garantizar el acceso y permanencia de niñas y adolescentes madres en el entorno escolar, ellas se enfrentan a dificultades sociales y económicas que disminuyen sus oportunidades de terminar sus estudios y, en consecuencia, no poder conseguir un empleo digno que les permita elevar su calidad de vida y la del bebé. No hacerlo, les conlleva muchas veces a perpetuar círculos de pobreza en sus familias. Por ello, es clave que se les garantice su derecho a la educación”.

 

Educación en derechos sexuales y reproductivos

Una estrategia en favor de la adolescencia y la juventud, un estudio realizado por Profamilia y la Fundación Plan, analizó algunas determinantes sociales y entre los hallazgos evidenció que acceder oportunamente a la información sobre anticoncepción, garantizar la permanencia de los adolescentes en la escuela y entender que la salud sexual debe ser un tema prioritario para las personas independientemente de su sexo, género u orientación sexual, se convierten en factores protectores del embarazo adolescente.

Adicionalmente, esta investigación encontró que considerar que a las personas solo se les debe empezar a hablar de anticoncepción cuando comienzan a tener relaciones sexuales, aumenta las posibilidades de que se produzcan embarazos en edades tempranas.

“Todas las niñas, los niños, los y las adolescentes y jóvenes tienen el derecho a tomar sus propias decisiones de manera informada, a tener el control sobre su salud y su vida sexual y reproductiva, y a estar libres de coacción, violencia, discriminación y abuso”, enfatiza Anzola.

De esta manera, es importante que, desde el Estado, la familia, la escuela y la sociedad en general se promuevan y garanticen los derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes para asegurar así que tengan un acceso óptimo a la información, a la educación y a servicios de salud de calidad, que incluyan el conocimiento y adecuado uso de métodos anticonceptivos.

“Desde Plan instamos al Gobierno nacional y a las administraciones locales para que los presupuestos de salud incluyan la dotación adecuada de recursos para su provisión. Consideramos que todos los y las adolescentes sexualmente activas, con necesidades no satisfechas en planificación familiar deben tener acceso a métodos modernos de anticoncepción, con orientación por profesionales para la prevención de embarazos subsecuentes muy seguidos.

“Los servicios de anticoncepción deben ser provistos sin discriminación y no deben requerir del consentimiento del cónyuge, padres, madres o tutores/as”, puntualizada la Presidenta Ejecutiva de la Fundación Plan.

Entre tanto, Gloria Carvalho, secretaria Ejecutiva de la Alianza por la Niñez Colombiana, asegura que, “seguir trabajando frente al fenómeno del embarazo y maternidad adolescente supone abordar sus determinantes con enfoques integrales de intervención en el que se lleven a cabo acciones simultáneamente dirigidas a las y los adolescentes, las familias, la escuela, la comunidad y la sociedad”.

Tanto Sol Angie como Evelyn aseguran que muchos de los embarazos que se presentan a edades tempranas, ocurren porque los hijos no tienen confianza en sus padres, les da pena hablar sobre sexualidad y eso conlleva a que en ocasiones se confíe más en los amigos o las parejas, y es por ello que consideran que, en las familias y en la escuela, se debe abordar el tema de la sexualidad sin ningún tipo de mito o limitante social o cultural.

 “Yo le digo a los adolescentes que antes de tener un hijo, cuídense, infórmense y asesórese bien, que si quieren ser mamás lo hagan cuando hayan terminado sus estudios y estén en condiciones de brindarles lo mejor. Por ejemplo, Isabella es mi motor y llegó a mi vida para cambiármela totalmente, pero no quiero que ella repita mi historia y por esa razón quiero ser una madre comprensiva que se comunica bien con ella”, reflexiona Sol Angie.

 

EL NUEVO DÍA

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