En Chaparral le apuestan a proteger las abejas y a fortalecer la apicultura

Crédito: Jorge Cuéllar / EL NUEVO DÍAEn total son 183 familias las que dependen económicamente de las abejas en esta población del sur.
En la llamada ‘Capital del sur’ más de 150 familias se sostienen económicamente con las colonias de abejas, la producción de mieles y sus derivados. Aunque son años de arduo trabajo, hasta ahora es desconocido, por lo que con un proyecto de acuerdo del Concejo se busca respaldar a los abejeros.
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“No poseo otra entrada (económica), sino abejas, desde hace unos 25 años me dedico solo a las abejas”, dice don Elberth de Jesús Yate Agudelo, un chaparraluno que expresa no ser un apicultor sino un abejero, pues aunque lleva décadas en el oficio, manifiesta que aún le falta mucho que aprender.

Actualmente, junto a su familia tiene a cargo mil 280 colmenas, que están distribuidas en diferentes lugares de Chaparral, algunas están a 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar, como en el Cañón de las Hermosas, para la producción de polen y al otro extremo, en Coyaima, se tienen apiarios para la elaboración de miel.

Yate Agudelo recordó que desde 1979 le ‘picó’ el gusto por las abejas, igualmente, que sería de una tercera generación, y aunque intentó en otras labores no logró acomodarse, tendencia que fue seguida por uno de sus hijos, por lo que al finalizar la década de los 90’s ya se empezó a proyectar el oficio de ser abejero como negocio.

Comentó que este año ha sido atípico, hablando desde dicha actividad, pues aunque se tienen identificados meses claves para la producción, en 2020 la miel se mantiene escasa. Elberth explicó que existe una curva en abril, mayo y junio, al igual que, entre septiembre y octubre, “pero este año nos salió desfase, no nos dio por ningún lado, el cambio climático las afecta mucho, por ende nos (alteró) económicamente, las (finanzas) de los abejeros se ha ido a pique”. En total serían ocho meses sin la producción de miel.

Y es que el campo, ya tiene huellas de lo que significan los cambios bruscos del clima, “hay árboles que no florecen hace cinco años, se pierden en las heladas y por ende las semillas, hay algunos llamados comúnmente varejón de caballo y ya se desapareció, está el guacharaco que hace cinco años tampoco florece.

“Este año, a uno que le llamamos varablanca o árbol loco no floreció, eso nos indica que el cambio climático nos afecta y hay especies que tienden a desaparecer”, precisó el abejero.

Además de él, toda su familia está involucrada en la apicultura, por ello, ante la escasez de miel, la producción se orienta al propóleo, jalea real, vinos y al polen, igualmente, al cultivo de abejas reinas para la venta.

Uno de los apiarios está ubicado en la vereda Espíritu Santo – Albania en Chaparral, a un kilómetro de zona cafetera y cerca de una vía carreteable, allí las colonias están conformadas por abejas caucasianas, que son originarias de un criadero de Malta en Argentina, se mantienen apartadas pero seguras, trabajando incansablemente para proteger a su reina.

En esta población se cuenta con más de 180 familias que dependen de la apicultura y que están distribuidas en 12 asociaciones, que se ubican en los cinco corregimientos. A pesar de la importancia económica aún sigue siendo invisible, “esta labor es más importante por la protección que le estamos brindando al planeta (pero) en Colombia somos desconocidos”, comentó Elberth.

 

Una protección desde la normatividad

Teniendo en cuenta la importancia de esta actividad para Chaparral, recientemente se aprobó un proyecto de acuerdo que declara a la abeja como insecto de interés ecológico, social y económico. El concejal Jhonnatan Perdomo Lozano, creador de la propuesta, explicó que al notar las oportunidades que da la apicultura en su municipio, surgió la necesidad de crear una forma para fortalecer la actividad.

En la declaratoria se incluye la creación de una Mesa Técnica conformada por la Alcaldía, las asociaciones, el ICA, Cortolima y el Comité de Cafeteros, para que se articulen en pro de los apicultores, “también tenemos el tema educativo, donde la Administración puede, a través de personas como don Elberth Yate, capacitar a los campesinos, a los que quieran y a las asociaciones”, en este último entrarían los productores de café y los cacaoteros.

Otro de los retos es lograr que los plaguicidas se utilicen adecuadamente para que no envenenen a las abejas, tampoco adelantar prácticas de quema, igualmente, alinear la propuesta del orden municipal con la ordenanza departamental.

Al sumar la apicultura como otra línea de sostenimiento económico, las familias que se dedican a dicha labor pueden ser identificadas de una manera más fácil y ayudarlos con inversión educativa, al igual que recursos, para fortalecer las colmenas e identificar material que ayude a los polinizadores.

Actualmente, se tiene identificadas colmenas en los corregimientos de la Marina, el Limón, Calarma, Amoyá y el Cañón de las Hermosas, igualmente, en las afueras del casco urbano de Chaparral.

“El Concejo es ejemplo departamental y nacional con la aprobación del proyecto, pues como lo dicen los científicos el 70% de toda la producción alimentaria depende de la polinización de las abejas y es importante que el campesinado no las acabe, sino que las acoja porque le va ayudar a la producción que tienen implementada en sus tierras”, precisó Perdomo Lozano.

Tolima.

Generando conciencia de protección

La iniciativa de proteger a las abejas, también la están impulsando los jóvenes, un ejemplo de ello es la Asociación Magna Domina, Alas para cuidar. Según María Alejandra Sierra, ingeniera Ambiental, explicó que le apuestan a trabajar de una forma “simbiótica con las comunidades para lograr que el agricultor y el apicultor tengan una mejor rentabilidad desde la agricultura, hasta la producción de miel”.

Aunque es una gran tarea, el primer paso es acercarse a los productores y a las comunidades para explicarle la importancia que tienen las abejas y los polinizadores, explicó Wendy Vanesa Amaya, técnica Agropecuaria.

Las jóvenes comentaron que se quedaron en su territorio para lograr un progreso de “forma técnica, que los trabajos se hagan de forma técnica y que al momento de adelantar las prácticas de la agricultura no se dañe el suelo, ni el ambiente de los otros animales como son los polinizadores”, comentó Sierra.

XIMENA VILLALBA C.

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