Memoria e historia: crónicas para conocer la grandeza del Líbano

Crédito: Suministrada / EL NUEVO DÍALeonidas Arango, escritor libanense.
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Después de muchos años relatando otras vidas y otros espacios, actualmente dedica su tiempo a narrar sucesos que permiten comprender las particularidades de la tierra en la que creció.
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El escritor Leonidas Arango, desde su notable pasión por la lectura y empirismo se acercó a la labor periodística -es corrector de estilo-, lo acogieron con fervor por su estilo narrativo y habilidad interpretativa. Ahora que lleva una vida menos agitada, con muchos años de experiencia, se dedica a investigar, y manifestar todo su bagaje respecto al Líbano en varios tomos.

Esa tierra que lo vio nacer tiene su encanto, por ello el tiempo no es un limitante para contribuir a la historia, la cultura y forjar la identidad en los habitantes y los diferentes espacios.

¿Qué aborda en el libro Crónicas de Musgonia? 

Es una recopilación de crónicas, artículos y conferencias adaptadas, dedicadas a mi niñez y a mi juventud en mi pueblo porque llevo más de 50 años viviendo en Bogotá pero voy con frecuencia al Líbano y me encuentro con amigos y hago nuevos vínculos.

Además, estando en el pueblo es normal dejarse llevar por esa gran riqueza cultural, el amor de la gente, entonces en el libro hay una investigación de lo que era el Líbano, su proceso histórico, la guerra, así como la importancia de los movimientos espirituales que desde su fundación fueron importantes en la región.

Asimismo, hay un artículo que recoge la historia del periodismo en el Líbano que comenzó en 1910 donde tuvo un periodismo escrito muy vigoroso donde habían hasta tres imprentas y periódicos de diferentes tendencias políticas que se tiraban muy duro como solía ocurrir. 

¿Escribir respecto al Líbano es un tema que siempre ha sido de su interés ?

No siempre, el interés por el Líbano me vino después de cumplí 60 años, cuando no tenía ese trabajo formal; resulta que yo me crié con mis hermanos en la ‘botica’ que fue de mi mamá, mi papá y mi abuelo materno, entonces me entró un interés por hacer una serie de crónicas sobre las farmacias en Colombia.

Eso me llevó a ser miembro de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina como historiador, y este estímulo de estar allí escribiendo dando conferencias participando en muchas actividades mantenían parte de la casa viva.

¿Cuál ha sido la reacción de las personas con respecto a este nuevo libro, y dónde radica su vigencia?

El estilo de la crónica es muy bien recibido, lo que más destacan es que el Líbano está lleno de historias con muchas singularidades y en cierta forma la idea es que este manuscrito lo puedan leer los jóvenes como los viejos, para recordar tiempos pasado desde un punto no melancólico, siempre me he cuidado de no caer en la nostalgia porque es una trampa tremenda y me parece muy triste.

Me he propuesto no repetir cosas que ya se saben, o volver hablar de los mismos personajes, aunque si encuentro algo nuevo que no se había divulgado, entonces lo hago. Pienso que eso es lo que le da vigencia, además me cuido de escribir para el futuro, es decir, yo estoy escribiendo historia y para que este escrito permanezca como fundamento de la historia del Líbano escribo lo que es, y lo comunico cómo creo que debo decirlo y él mismo relató es el que tiene que defenderse en el tiempo.

¿Cuál es el papel actual de la crónica?

Yo lamento mucho que la crónica este en desuso, especialmente con los cambios tan profundos e impetuosos que se unen al periodismo, porque la crónica ha perdido muchísimo, pues ya el periódico escrito en papel no lo compra la gente para leer con calma en la mañana o el domingo, donde estaría con más vigor la crónica, eso se ha perdido porque ahora está eso de los mensajes por medios electrónicos.

Pero a mí me parece que la crónica es un modo de hacer que el gran público se acerque un poco a la historia, un poco al humor, un poco a los temas ligeros y sé que es un género difícil porque es el que le permite al periodista ‘manosear’ la literatura.

¿Cómo hizo para conectar el rigor que tiene el periodismo y la crónica cuando usted no conectaba mucho con la academia?

Leyendo, mientras mis compañeros en el colegio y en la universidad se quemaban las pestañas haciendo trabajos por la nota o se iban a jugar billar, yo escuchaba radio, me iba a la biblioteca y leía, entonces la lectura me formó, me dio mucho para hacer cosas que de otro modo no hubiera podido hacer, lo que hice durante tantos años. Esas cosas me salvaron y orientaron.

¿Cómo fue ese trabajo como corrector de estilo, sobre todo cuando es una labor donde se debe tener un criterio para decir que funciona y que no?

Cuando trabajé en la primera imprenta había un amigo que era corrector de estilo de varias revistas y en medio de la amistad y de la cantidad de trabajo que él tenía me puse ayudarle y vi que se me facilitaba, entonces fue otra cosa a la que me adapte y todavía me gusta mucho.

Pienso que el corrector es un intermediario entre el autor y el lector, entonces hay varias cosas que hay que mirar con delicadeza, a veces hay artículos muy flojitos en cuanto a redacción y otros muy buenos a los que no hay que hacerles casi nada y otros a los que hay que trabajar mucho, pero por malo que sea un artículo me parece que el corrector debe cuidarse de no dañar el estilo original del autor.

Entonces hay que conservar la personalidad pero dar una versión lo suficientemente clara para que la entienda cualquier persona, como periodista yo siempre pienso que hay que escribir para todo el mundo y no para gente muy especializada, pues la idea es tratar de que cualquiera pueda leer y entender un texto  hasta donde sea posible.

Ha tenido la posibilidad de estar en otros países y ciudades, ¿cómo ve la evolución de la cultura en el Líbano?

Por fortuna está región tiene un equipo cultural de la administración bastante inquieto, con altibajos a veces por el cambio de alcalde, pero en general se ha mantenido la cultura y los aportes que le hacen.

En este momento en el Líbano hay quizás un mayor número de población inmigrante que población autóctona, entonces una de las tareas que se ha propuesto a la administración cultural es “recoger a estos ‘pelaos’ nuevos inmigrantes y decirles que ellos tienen un pueblo, una identidad no como libanenses exclusivamente, sino que ellos vienen de otras regiones donde aportan al acervo cultural del Líbano y que tienen un pueblo que los va a definir con seguridad, eso me parece muy interesante.

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Redacción Cultural / EL NUEVO DÍA

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