Esta semana se conocerá el fallo en el caso de niños asesinados en Tame

El padre de los niños de 14, 9 y 6 años por cuyos asesinatos acusan al subteniente (r) del Ejército Raúl Muñoz Linares, dice que por lo sucedido a sus hijos el único que está pagando una condena es él.

En contra de Muñoz Linares, recluido en la cárcel La Picota de Bogotá, existen pruebas contundentes: muestras de ADN y testimonios de quienes lo vieron abandonar, el día de los hechos, por unas tres horas, el pelotón.

No hay día en que este hombre no se pregunte por qué alguien les hizo semejante daño a sus hijos. Los tres niños fueron encontrados sin vida en una fosa cerca de su casa, en la vereda El Temblador, en Tame (Arauca), en octubre de 2010. Los dos mayores habían sido abusados sexualmente. Todos fueron ultimados con arma blanca.


Por casualidad o deseo del progenitor, los nombres de los tres niños iniciaban por J; tenían 14, 9 y 6 años. Los dos mayores iban cada día a la escuela en un burro, en el que cabalgaban una hora por las sabanas araucanas. El menor aún no acudía al centro educativo, pasaba sus días acompañando a su padre en las labores del campo.

El presunto agresor
Hoy el principal sospechoso, a quien se le hace un juicio en el complejo judicial de Paloquemao, es el subteniente (r) del Ejército Raúl Muñoz Linares. La defensa del oficial ha dicho que este sí sostuvo relaciones sexuales, consentidas, con la jovencita de 14 años, pero que no ultimó a los niños. El exuniformado también es señalado de abusar de otra niña, de 13 años y en esa misma zona del país, días antes al triple homicidio.

En contra de Muñoz Linares, recluido en la cárcel La Picota de Bogotá, existen pruebas contundentes: muestras de ADN y testimonios de quienes lo vieron abandonar, el día de los hechos, por unas tres horas, el pelotón B2 de la Móvil 5, que comandaba; dicen que llevaba un machete, arma que desapareció tras descubrirse el triple homicidio.

 
No lo hizo solo
El padre de los tres niños manifiesta que el oficial no fue el único que les hizo daño a sus hijos; cree que hay más culpables: “La tropa que estaba ahí fueron autores de lo que les pasó a mis hijos. No sé quién haya sido propiamente. Digo que ese señor no lo hizo solo. Ahí hay más tipos involucrados en ese hecho; el Ejército estaba al pie de mi casa y dos veces llegó y encontró a mis hijos solos, eso fue el 9 y 10 de octubre de 2010. El 14 los niños desaparecieron”.

De acuerdo con el progenitor de los menores de edad víctimas, él y su familia no son los únicos que padecen a raíz de los asesinatos, sino también la comunidad de su vereda, que siempre lo ha apoyado e, incluso, le pide que vuelva. “Esto es muy duro para mí, la familia, para la comunidad. Es una cosa muy terrible; no solo nos amenazan a nosotros, sino a los habitantes de la vereda. La gente ha quedado completamente destrozada. No hay seguridad de nada. La misma brigada, la Móvil 5 es la que está en la zona”.


Depredador sexual
La Fiscalía ha calificado al subteniente como depredador sexual, porque ubicó la casa de los niños para abusarlos, asesinarlos y luego enterrarlos en una fosa para no dejar rastros. El oficial es señalado de los delitos de doble acceso carnal y triple homicidio agravado. El representante del ente acusador, además de pedir la máxima condena, de 60 años, también solicitó que se investigue a algunos de los testigos presentados por la defensa, pues considera que mintieron al entregar declaraciones.

“Aquí también tienen que salir copias contra Yaruseski Florido Vega, para Freddy Alexis Caballero Rodríguez y para Elainer Payares, el testigo ‘kafkiano’ que presuntamente dijo mentiras en el B2 de la seccional de inteligencia de la Brigada 18”, precisó el jefe del ente acusador.

Payares es considerado el testigo ‘estrella’ de la defensa, pues con su relato se pretendía demostrar que habían sido las Farc las culpables de los hechos.


Por su parte, la representante de víctimas, la abogada Olga Silva, fue enfática en recordar cada uno de los hechos que involucran al militar. Por fuerte que se escuchara su argumentación, la jurista quiso demostrar lo brutal del acto cometido.

COLPRENSA

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