Cosas de humanos

Samuel Chalela

Las denominadas posiciones “personales”, que en realidad son ideológicas, sociales o religiosas y, al fin y al cabo políticas, intentan determinar cómo hacemos frente a la realidad. Si nos dejamos llevar, podemos inflexibilizar el pensamiento, bloquear la mente de principiante, la sana crítica. La civilización occidental, dice la británica Sarah Bakewell (1963), ha ido al vaivén de posiciones que entran en conflicto. Aparecen los dilemas:
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¿libertario o proteccionista?, ¿derecha o izquierda?, ¿autoritarismo o garantías individuales?, ¿religiosidad o laicisismo?. Según Bakewell la verdadera cuestión detrás de esos dilemas es: ¿nacemos los individuos buenos?, o ¿hay en nuestra naturaleza una proclividad al mal que la sociedad debe poner en cintura?. “Provocadores y Paganos, el asombroso viaje del humanismo” (junio, 2024, un estreno), es el libro con el que Bakewell nos lleva a través de la historia del “Humanismo” y sus antagonismos.

Primero intenta definir lo que entendemos por “humanismo” y, valiéndose del episodio de una novela David Nobbs, ensaya aproximaciones al término: ¿son los ‘humanistas’ los continuadores de los ilustrados renacentistas que querían desprenderse de la Edad Media y sus dogmas de fe?, o ¿'humanista’ es aquel enfoca la vida desde las dimensiones puramente humanas, tales como la literatura, el arte, la filosofía y el análisis crítico, para abrirse a la experiencia de los otros de manera más racional, reflexiva y empática?. Tal vez todo y más que eso.

La historia del humanismo se narra en Provocadores y Paganos con los nombres propios de grandes eruditos de los últimos siete siglos y sus no menos notorios contradictores. Y de verás que en todos los dilemas que nos propone la realidad habría que encontrar un justo equilibrio o un puente entre las posiciones extremas. Así, es llamativo que dos filósofos chinos XunZi y Mencio (brillante discípulo de Confucio), coincidan en que la educación es una buena forma de alcanzar la felicidad y la convivencia sociales, aunque aquél dice que para alejar al hombre de su detestable naturaleza, mientras que éste para hacer fructificar las virtudes naturales humanas.

En 1933, antes de otra catástrofe mundial, se suscribió un Manifiesto Humanista, en el que se decía que incluso se podrían tener “emociones religiosas” entre los humanistas, pero que primaría “un sentido elevado de la vida personal y un esfuerzo cooperativo para promover el bienestar social”. Un sentido elevado de lo personal alude a la garantía de ejercer la individualidad mientras con ello no se vulnere el “bienestar social”. Simples variables del humanismo, que al equilibrarlas permiten diluir los extremismos con los que se afrontan temas como el asunto migratorio en Europa, la crisis climática, la libertad de los individuos, la Inteligencia Artificial. Lo humano es de aplastante actualidad.

 

Samuel Chalela

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