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La historia del tendero invidente que encontró una oportunidad en Ibagué

Crédito: HÉLMER PARRA – EL NUEVO DÍA
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Un accidente de infancia le quitó la visión, pero aún así ha logrado formar familia y adquirir nuevas habilidades para trabajar. Ahora, con mucha energía, atiende su negocio en el Topacio.
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Con la habilidad que tiene un tendero vidente, Olmedo Torres Carmona despacha a sus clientes, verifica el dinero, se acomoda frente a la vitrina, alza la mano para coger un paquete de papas picantes y lo entrega, recuerda también el inventario para cuando lleguen los proveedores.

Olmedo no es un tendero cualquiera, él no puede ver, perdió la vista cuando tenía 10 años de edad, según cuenta, un día, cuando regresó a casa, en Sevilla (Valle), llegó acalorado y se metió a la ducha, la reacción del cuerpo no se hizo esperar y le dio meningitis que acabó con su vista.

Aunque sus padres lo llevaron con médicos y especialistas de diferentes partes del país, sus ojos nunca más volvieron a ver, su vida, por supuesto, cambió de un momento a otro y empezó a buscar cómo vivir con esta condición.

Pero tenía sueños, grandes aspiraciones que no iba a dejar que quedaran truncados por este accidente y se fue a estudiar a Medellín donde se graduó como bachiller, luego, con apoyo de una persona, empezó a estudiar Derecho en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Pero para su infortunio, solamente alcanzó a cursar cuatro semestres, ya que en esta ocasión, quien lo patrocinaba falleció.

Decidió irse a vivir a Bogotá, e ingresó a un centro de rehabilitación para adultos ciegos donde le enseñaron cómo movilizarse en las calles, ubicar direcciones, el alfabeto braille, desarrollar otros sentidos, cocinar, e incluso lo ubicaron en un trabajo.

“Cuando me gradué, me dijeron que me salía trabajo en Ibagué, me vine a vivir acá, tenía 24 años y era en la fábrica de muebles Juvalzam, de Julio Valderrama Zambrano, estaba ubicada en la calle 23 con Primera, allí duré 15 años.

“Empecé lijando muebles, al principio me parecía muy aburridor, pero luego empecé a escalar puestos y de los 160 trabajadores que éramos, llegué a ser control de calidad de la empresa. Para mí era un orgullo, el único invidente y tenía ese cargo máximo”, cuenta Torres Carmona.

Rememora que cuando le preguntaron cómo iba a hacer para medir los muebles y que estos cumplieran con lo estipulado, se consiguió una regla de madera, y en cada centímetro le hizo una marca, sus jefes, al ver esa habilidad, lo dejaron en el cargo.

Dejó esa fábrica y se fue a otra mueblería donde fue operario de máquinas, en ella duró 10 años, tiempo que le sirvió para sumar a la pensión, la que consiguió finalmente tras cotizar algunas semanas mientras trabajaba en la calle.

 

La tienda

 

Ya con la pensión, pero con la energía para laborar, montó la tienda en su casa, en el barrio Topacio, en ella lleva ocho años y lo ayuda su esposa Bernarda Zarta, una purificense que conoció en una de las fábricas.

Adquirió más habilidad táctil, pues muchos han intentado meterle billetes falsos o mentirle con las denominaciones, pero él ya conoce las texturas y medidas y es difícil que se le pasen.

“Los billetes falsos son lisos, mientras que uno original tiene relieves, también tengo una tabletica que me entregaron en el banco, que sirve para medir la longitud, se dobla y cada uno llega hasta una marca, la cual, con el sistema braille, indica qué valor es.

“En cuanto a los productos, mi esposa me los deja alineados, entonces ya sé dónde están ubicados los paquetes, la gaseosa. Cuando la voz es de un cliente que conozco, confío, pero cuando no la identifico, verifico muy bien para evitar entregar mal el cambio. Han llegado a engañarme”, cuenta.

 

invidente

 

Al centro

 

Con más de 40 años en Ibagué, asegura que conoce muy bien la ciudad, y muchas veces debe subir al centro a resolver asuntos o a sacar citas médicas, toma su bastón y se dirige hacia el paradero de buses.

“Las personas me dicen qué ruta pasa, así que cuando tomó la Ocho, sé que esta coge Quinta arriba, cuando pasa sobre el puente de la calle 19 siento el resalto y calculo las cuadras, si debo quedarme en la calle 15 o en la 10.

“Lo mismo cuando me devuelvo, me guío cuando la buseta asciende y desciende el puente del Éxito, y cuando gira a la derecha para entrar al barrio Topacio y empieza a subir, son detalles que los videntes no tienen en cuenta pero para nosotros es muy importante”, asegura Olmedo Torres.

Con su esposa tuvo tres hijos, a todos los educó y mantuvo con su trabajo, se siente feliz con su hogar, y dice que su esposa es la mano derecha, quien le ayuda en la tienda a organizar, y él a veces también le colabora con el oficio de la casa o a ir al supermercado.

Finalmente, Olmedo Torres deja su mensaje: “Nosotros necesitamos una oportunidad en la sociedad para trabajar dignamente, que con estudio nos preocupamos por salir adelante, tratamos de ser ejemplo de superación, incluso para quienes tienen vista y muchas veces no quieren ni estudiar o trabajar. Nosotros, las personas rehabilitadas, somos un ejemplo para la sociedad”.

 

DATO

 

Olmedo Torres también es conferencista, con sus palabras demuestra a la sociedad que las personas con alguna discapacidad pueden estudiar con los diversos sistemas que existen, pero también, que hay muchas limitaciones en la ciudad, en los colegios, incluso para las personas que se movilizan en silla de ruedas. 

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ANTONIO GUZMÁN OLIVEROS

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