La necesidad de la educación emocional y la neuroeducación

SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
Cada vez más se piden competencias adicionales en el desempeño de los docentes. Porque se cree que muchas de las situaciones que ocurren en el ámbito colombiano, se pueden solucionar o fortalecer a través de procesos de formación humana de los estudiantes, de la cual son parcialmente responsables los docentes en las instituciones escolares.

Se pide que el docente sepa lo que enseña, que sepa enseñar, lo cual hace parte de su formación pedagógica; pero, también, que conozca sobre el comportamiento de los estudiantes y en consecuencia tenga formación básica de Psicología y que sepa cómo se actúa en organizaciones sociales, entre ellas la escuela y, entonces , también debe saber de Sociología educativa y Antropología básica.

Pero ahora, surge una nueva demanda de formación previa, se pide que el docente se convierta en un neuroeducador, porque es necesario que conozca cómo funciona el cerebro de los humanos para que los estudiantes logren los aprendizajes significativos; que el docente sepa cómo conocer sus emociones y sentimientos y los de sus estudiantes, padres de familia y compañeros de trabajo en el establecimiento educativo, porque las emociones son un ingrediente clave para el logro de los aprendizajes en las aulas.

Dos psicólogos que ejercen la docencia en la Institución Educativa Distrital Arborizadora Baja de Bogotá, en la ciudadela Simón Bolívar, en el Sur de la capital de la República, en su calidad de estudiantes de la Maestría en Educación que ofrece la Universidad del Tolima, bajo la dirección del docente de la UT Carlos Alfonso Quimbayo Valderrama, elaboraron la investigación ‘La inteligencia emocional y el tratamiento de las conductas disruptivas en las aulas de clase’, sobre un tema y problema de vital importancia en tiempos en que el Estado se ocupa de implementar un Sistema Nacional de Convivencia Escolar.

Se trata de una investigación que hace parte de la programación del grupo de investigación en Gestión Escolar de la Universidad del Tolima. Los autores, los psicólogos y docentes Diego Andrés Buitrago Muñoz y Carmen Rosa Herrera Ortigoza, ya obtuvieron su título de magísteres en Educación, después de la sustentación de este trabajo de grado y el concepto favorable del jurado Indira Orfa Tatiana Rojas Oviedo, líder del grupo de investigación y docente de la Maestría.

El tratamiento de conductas disruptivas por los docentes 

No hay duda de que al docente le gusta que sus estudiantes sean disciplinados, que en consecuencia no manifiesten conductas disruptivas que en el aula entorpecen el desarrollo de las clases.

Pero es una situación que está condicionada por la concepción que el docente tenga sobre la disciplina o indisciplina. Pero tener a unos estudiantes sentados e inmóviles escuchando la exposición o explicación de temas por parte de su profesor no es lo deseable, porque ello termina en aburrimiento de los estudiantes.

En una conferencia que tituló “Sólo se aprende aquello que se ama”, este autor de 20 libros dice que los docentes y otros profesionales deben hacer un viaje al interior del cerebro de las personas, para saber cómo actuar ante los procesos de enseñanza y aprendizaje y cuando pretenda intervenir sobre conductas y comportamientos de los estudiantes.

La Neuroeducación, que todavía no es una disciplina científica, se convertirá en una “nueva forma de evaluar la educación, desde el cerebro”, dice el médico y fisiólogo español Francisco Mora Teruel, de la Universidad Complutense.

De esta manera, queda aquí planteada una tarea para los docentes, saber de inteligencia emocional y de neuroeducación, para mejorar su desempeño profesional.

Las emociones y las conductas disruptivas 

La investigación ya citada establece la relación entre dos grandes conceptos y campos teóricos: La inteligencia emocional y las conductas disruptivas de los estudiantes de educación primaria en las aulas. “¿Cómo influye la inteligencia emocional percibida por los profesores del grado Quinto de la Institución Educativa Distrital Arborizadota Baja de Bogotá, en el tratamiento de las conductas disruptivas de sus estudiantes?”, es la pregunta central de la investigación.

De tal manera, se buscó conocimientos sobre la Inteligencia Emocional entendida como “las capacidades para interactuar con habilidad a través de las emociones y sentimientos, permitiendo desarrollar autoconocimiento, motivación, control de impulsos, entre otros procesos”, dice el texto del informe de investigación. Y, de otra parte, están las conductas disruptivas entendidas como las conductas y comportamientos del estudiante en el aula, que entorpecen u obstaculizan en desempeño del docente y de los estudiantes en los procesos de enseñanza aprendizaje de cada área y asignatura del plan de estudios.

Se desarrolló un modelo de investigación expostfacto de tipo descriptivo, “los participantes fueron estudiantes de los tres cursos del grado Quinto y sus correspondientes directores de curso. Se aplicó el test de inteligencia emocional YMMS 24, dos encuestas y una entrevista estructurada a profesores”.

Entre las recomendaciones de los estudiantes investigadores está “que es necesario que los maestros conozcan de sus emociones, y participen de un proceso de Educación Emocional, el cual es posible en cualquier momento de la vida”.

Igualmente es necesario que los docentes sepan cómo intervenir sobre los comportamientos disruptivos; que estén en capacidad de establecer tipologías y características de los mismos que “resulta necesario pensar en la participación de los estudiantes en decisiones y/o acuerdos para el mantenimiento y mejora de situaciones particulares del escenario”.

LUIS E. CHAMORRO RODRÍGUEZ ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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