En la pandemia, pedagogía contra el aislamiento

Crédito: Colprensa / El Nuevo Día.
Han comenzado a surgir artículos científicos, investigaciones y hasta libros que se proponen dar explicaciones sobre los efectos de la pandemia del Covid-19 en la educación y en particular en el sistema escolar de todos los niveles educativos en todos los países.
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Son textos escritos por investigadores interesados en aportar nuevos conocimientos científicos, que van más allá de los datos, sobre el impacto de la pandemia en el crecimiento económico, en el estado de la salud de las personas, de los contagiados y las muertes que se acrecientan por oleadas.

Me ha llamado la atención un listado de tesis, que también pueden ser calificadas como hipótesis, elaboradas por un grupo de estudiosos agrupados por la Organización de los Estados Iberoamericanos para la educación, la ciencia y la cultura, OEI, que agrupa a 22 países en los que se habla el español y el portugués. El grupo, al que hago referencia, se denomina Pansophia Project con sede en la Argentina.

Me guío por las tesis de este grupo y las reflexiones que al respecto hace el mexicano Juan Carlos Yáñez (agosto de 2020).

Son once tesis y la primera de ellas se hace sobre las enseñanzas del Covid-19, en torno al interrogante ¿qué hubiéramos hecho si la pandemia ocurriera en 1999?

“Nos hubiera encontrado en cuarentenas con radio, TV por cable, conexiones a internet mayormente por vía telefónica (para la minoría conectada) y celulares de tapita. Sin plataformas, sin redes sociales, sin videos on demand, sin series por streaming ni videollamadas y con una web que apenas despertaba”.

Hacia el año 2000, el primero del presente siglo, los  celulares eran Nokia 5120, “una panela de media libra de peso” (Semana, 2015).

¿Cómo, entonces, se afrontaba la tarea de enseñar  a cargo de los docentes, en el año 1999?

 

La pedagogía es lo contrario del aislamiento

Es la segunda tesis de Pansophia Project, se enfatiza en que los actos pedagógicos, que implican los procesos de enseñar (objeto de estudio de la didáctica) y los procesos de aprender, que corresponden al rol del  estudiante,  se realizan satisfactoriamente si en ello hay interacción entre el docente y los estudiantes.

Porque, además, el estudiante aprende en grupo y en las relaciones de amistad con sus compañeros, interacción que se restringe cuando tal comunicación se hace a través de medios virtuales.

Son prácticas más satisfactorias si son presenciales, cara a cara, tal como se espera si a partir de mediados de julio, los estudiantes regresan a las aulas en Colombia.

Tesis: La casa es lo contrario de la escuela

Es la tercera tesis del grupo de expertos argentinos, “una escuela es muy diferente a una casa o a una familia. Una escuela es una organización compleja, conducida por educadores especializados que viven de ese trabajo”.

En tiempos de pandemia, los padres de familia en el ámbito del hogar, han asumido roles como educadores formales de las 9 asignaturas obligatorias del plan de estudios exigido en Colombia para cada uno de los grados. Si los procesos de enseñanza y aprendizaje están mediados por aparatos tecnológicos (computadores, tabletas, celulares, etc.) la situación se vuelve más difícil, debido a que no todos los padres tienen la formación previa exigible en estos casos.

El estudiante de la Maestría en Educación de la Universidad del Tolima, Eduardo César Príncipe Roca, ha realizado una investigación en la que aborda el tema de Las relaciones estudiante, docente y familia en tiempos de pandemia en la Institución Educativa Papagalá del municipio de Saldaña.

Al plantear el problema correspondiente dice, “los estudiantes de la Institución Educativa Papagalá, tuvieron al igual que muchos otros que recibir sus clases desde casa y los docentes tuvieron que preparar su aula virtual para comunicarse y poder orientar sus clases desde sus respectivos hogares, algunos sin una preparación previa, como parte de los programas preventivos que según la Unesco, afecta a más de 861.7 millones de niños y jóvenes en 119 países, que se han visto afectados al tener que optar por el aislamiento preventivo y la virtualización como medida para hacer frente a la pandemia (Villafuerte, 2020).

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De nada sirve pretender normalidad

Es la cuarta tesis. “Frente al encierro, nuestra respuesta inicial fue performativa y eficientista. El desconcierto inicial se manifestó en hiperactividad y se tradujo en agobio. Quisimos darle naturalidad a una normalidad tambaleante”. No serán iguales los aprendizajes en clases presenciales que a distancia, lo normal es que se regrese a las clases presenciales, aunque es válido alternarlas con clases virtuales, principalmente en asignaturas que facilitan la mediación tecnológica.

Todos queremos mayores posibilidades de salir del encierro en que nos ha tenido la pandemia, sentimiento que también existe en los estudiantes y los docentes.

 

La tecnología ayuda, el solucionismo tecnológico embrutece

“El solucionismo embrutece cuando damos una respuesta allí donde solo hay preguntas: ¿Soluciona la tecnología los problemas educacionales que plantea el aislamiento? O, en todo caso, ¿en qué situaciones y en qué medida lo hace?”.

Pansophia Project de la OEI plantea otras cuatro tesis que se resumen así:

Construir la continuidad educativa por otros medios (y con otros tiempos), a medida que la edad de los alumnos desciende los estudiantes necesitan cada vez más el apoyo de un adulto; en la prioridad es fundamental volver a los fundamentos. Los tiempos del aislamiento son diferentes y nos obligan a despegarnos del cronograma escolar, priorizar significa construir criterios de relevancia entre disciplinas, contenidos y saberes; construir un proyecto flexible, realista y pansophiano, estamos huérfanos de instrucciones y perdimos la línea de certezas que apenas se delineaba en cada escuela.

Y la última de estas once tesis de los expertos de la OEI es: “Cuando la experiencia no alcanza hay que pensar el presente” (2020).

 

El aislamiento profundiza las desigualdades

“La escuela es la tecnología de distribución del conocimiento con el mayor potencial igualitario de la historia de la humanidad. A pesar de sus enormes logros, la escuela no consiguió llegar a todos e incluso el acceso al conocimiento no escapó a los procesos más generales de segregación y desigualdad”.

Uno de los libros que se ha escrito con ensayos y resultados de investigaciones sobre el impacto de la pandemia en el sistema escolar es el titulado Educación y pandemia. Una visión académica, compilación que incluye 35 destacados autores mexicanos, entre ellos a Miguel Ángel Barriga, Jesús Aguilar,

Marón Llayd, uno de ellos, con relación a este tema de la brecha digital que crea la pandemia, dice “la nueva oferta virtual enfrenta serias limitantes, dificultades y cuestionamientos éticos, sobre todo en cuanto a la equidad del modelo. Entre los factores que condicionan el acceso a una educación de calidad en línea son: la clase social, la raza, la etnia, el género, la ubicación geográfica y el tipo de institución educativa a la que pertenecen.

Juntos, esos factores configuran la llamada brecha digital entre los que pueden aprovechar las Tic y los que quedan excluidos”.

El teletrabajo docente no es trasladar la escuela a la casa del docente.

Es la tesis o hipótesis que explica la diferencia de roles que produce la pandemia, con relación a la permanencia de prácticas tradicionales de enseñanza que subsisten a pesar de los cambios que debieran ocurrir. “Adaptar el trabajo docente a esta modalidad implica una transformación profunda: no solo se debe cambiar el medio sino el tipo de educación que se estructura, que abandona lo presencial y se organiza a distancia y requiere modificaciones pedagógicas y didácticas”, dice el grupo de expertos que plantea estas once tesis.

LUIS EDUARDO CHAMORRO RODRÍGUEZ

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