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Lea y disfrute de las historias ganadoras del concurso ‘Ibagué: te canto y te cuento’

Crédito: INTERNET / EL NUEVO DÍA
En esta nueva entrega de las obras ganadoras, encontrará la categoría C: de 11 a 12 años de este concurso, que eligió entre 104 seleccionados, los mejores cuentos. Disfrute segundo puesto; esperamos que viajen a mundos de fantasía gracias a las historias de los niños ibaguereños.
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Consecuencias de una guerra

Una mañana, como todos los días, don Antonio salió al pueblo a vender el maíz que con tanto esfuerzo había cultivado en su finca; mientras tanto, sus hijos iban a la escuela y su esposa se dedicaba  a los quehaceres del hogar. 

La situación en la vereda era bastante difícil, pues el conflicto armado en Colombia no llegaba a su fin y don Antonio vivía con el constante miedo de perder su hogar y todo lo que el campo y sus tierras le habían brindado.

Ese mismo día al llegar a casa, su esposa, la señora Claudia le dice:  

Aquellos hombres no están pidiendo una cuota mensual, doña Claudia se refería a ellos como “aquellos hombres” para que sus hijos no se dieran cuenta.

No les vamos a dar nada, a duras penas lo que vendo alcanza para sobrevivir. Contestó Antonio. 

Claudia le respondió - Vámonos de acá por favor, esto está muy peligroso.

Su hijo Manuel, al escuchar esta conversación y teniendo muy claro a quienes se refería su mamá con “aquellos hombres”, les dijo:  

Mamá, al vecino de al lado lo estaban amenazando y nunca más volvió a su casa. ¿Nos va a pasar eso a nosotros?

Su mamá, muy sorprendida al escuchar lo que decía, no pudo evitar regañarlo y prohibirle volver a decir esas cosas.

Al siguiente día, Manuel salió con su hermana Sofía para el colegio, la profesora Rosita les habló sobre la importancia de aprender a escribir y leer correctamente. En el descanso jugaron, corrieron, rieron y pasaron una mañana agradable junto a sus compañeros, o al menos con los que quedaban, porque de unos días para acá muchos niños no habían vuelto al colegio y tampoco vivían en la vereda.

Fue inevitable para Manuel preguntarle a su profesora qué estaba pasando, porque una de sus compañeras, Camila, se había ido sin avisar, ni comentar nada cuando eran tan unidos y buenos amigos.

La profesora Rosita le respondió:

Manuel, lo único que sé, es que a la hermana mayor de Camila le sucedió algo. No quiero decirte nada porque son cosas que los niños no deben escuchar, pero desde entonces Camila no ha vuelto y creo que no volverá.

Él no podía dejar de pensar en lo que le había sucedido y escuchaba rumores de sus compañeros en los que mencionaban que se había encontrado el cuerpo de una chica en la montaña, era inevitable y muy lógico que se trataba de la hermana de Camila y que por esa razón se habían ido.

Manuel llegó llorando a su casa y le dijo a su madre:

No quiero que eso le suceda a mi hermanita, mamá, ¡la hermana de Camila está muerta!

La señora Claudia cada vez estaba más convencida de que lo mejor era irse, pero su esposo aún no estaba de acuerdo.

Aparte de este terrible hecho, cada día alguien diferente debía dejar sus tierras de manera clandestina y vulnerando sus derechos. Aún con todas estas situaciones Manuel evitaba pensar en todas esas cosas y trataba de ser valiente; entendía que su padre había luchado y trabajado durante años para tener las tierras y que eso hacía difícil la decisión para él,  iniciar de nuevo en otro lugar.

Cada día se hacía más difícil vivir allí, en las noches se escuchaban guerras y balas perdidas no muy lejos, inmediatamente había que esconderse y buscar un lugar seguro dentro de casa.

La señora Claudia, muy cansada de esta situación, salió de madrugada junto a Manuel y Sofía, dejando a su esposo en la finca, pues aunque lo quería mucho, sus hijos debían estar primero.

Ella sabía que Manuel, al tener 12 años, corría el riesgo de ser reclutado y arrancado de sus brazos; y que la pequeña Sofía, cada vez iba creciendo más y ella también corría muchos riesgos.  

Después de un tiempo, don Antonio se dio cuenta de que estar solo en ese lugar no tenía sentido, necesitaba a sus hijos y su esposa, vendió todo lo que más pudo de la finca y se dispuso a buscar a su familia. 

Fue juzgado por muchos de sus amigos campesinos, que veían esa idea como una locura,  pues vendió sus tierras por muy poco dinero y volver a tener esas tierras iba a ser muy difícil.

Así, muchas familias preferían estar en ese lugar y aguantar los constantes abusos por parte de grupos armados por miedo a perder cosas materiales que con tanto esfuerzo habían conseguido o por miedo de iniciar en un nuevo lugar, pero don Antonio y Claudia ya habían tomado una decisión diferente y la ciudad los esperaba para comenzar de nuevo.

Manuel y Sofía entraron a un colegio nuevo, fueron creciendo y las oportunidades eran más viables para todos. Sin embargo, Manuel no dejaba de pensar en todo lo que vio y experimentó en el campo, y en todas aquellas personas que se habían quedado allí,  pensaba en cómo podía mejorar las situaciones del país, de vivir libremente, acabar con la violencia y luchar por los derechos de todos.

Al crecer, se convirtió en un líder social, trataba de comunicarse con aquellos grupos armados y tratar de llegar a un acuerdo con ellos en los que se entregaran; siempre buscó el bien común de la sociedad, hacía campañas y eventos tanto para niños como adultos para disminuir la violencia y abusos. 

A partir de ese momento se comprometió en cuerpo y alma a ayudar a todas aquellas familias que trabajan diariamente por lo suyo y que de un momento a otro se los arrebataban sin piedad, no solo llevándose sus cosas materiales, sino lo más triste, a integrantes de sus familias.

FIN

 

POR EMMANUEL GIL MANRIQUE

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