Lea y disfrute de las historias ganadoras del concurso ‘Ibagué: te canto y te cuento’

Crédito: Pixabay / El Nuevo Día
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En esta segunda entrega encontrará las obras ganadoras de la categoría B: de 9 a 10 años de este concurso, que eligió entre 104 seleccionados, los mejores cuentos. En esta categoría está el tercer puesto.
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El hombre y los dragones

Cuenta la historia que un hombre alto y delgado, vivía en el bosque entre animales salvajes y violentos como los tigres y los leones. 

Los comentarios de generación en generación eran que en el entorno estaba la gran cueva de los dragones. Pero Héctor, lo desconocía por completo. Su vida había transcurrido en comunicación directa con estos animales. 

Dando vueltas por la vera del riachuelo, un buen día halló las huellas que no correspondían a sus amigos animales. Extrañado, decidió seguir con atención el recorrido por el sendero estrecho e inclinado.

Al cruzar el riachuelo estuvo a punto de perder el recorrido, pero con gran esfuerzo lo recuperó y siguió. Al cruzar una espesa arboleda observó contra la pared de la montaña un hueco inmenso. Sintió miedo. Quiso regresar, pero la curiosidad fue más fuerte. Avanzó. 

Era una cueva oscura, misteriosa y amplia. Parado en la entrada principal intentó mirar su interior, pero la oscuridad se lo impedía. Agudizó el oído y escuchó un ruido estridente, diríase sobrenatural. Horrorizado se retiró a toda carrera regresando a su morada.

Esa noche no durmió bien. Soñó con monstruos, un gigante con un solo ojo en la frente y un concierto de lamentos que desgarraban su espíritu. Nervioso, se levantó temprano y después de alimentar a sus hermanos felinos, se volvió a la cueva. 

“Tengo que vencer este misterio”, pensó. Se llevó una linterna y el machete a la cintura bien afilado. Dando pasos inseguros entró paso a paso. La linterna era insuficiente. Una lluvia de mariposas cayó sobre él, revoloteaban en todas direcciones. Su piel se erizó. Quiso regresar, pero la curiosidad era más fuerte.

Bien al fondo, la oscuridad desapareció y un vientecillo acogedor lo envolvió.

El bosque era verdoso y frondoso. Pequeños caminos bien delineados y árboles frutales por todas partes. Al fondo, contra la pared, una cascada imponente y sonora. Héctor se detuvo desconcertado. Miraba en todas las direcciones. Una voz misteriosa salió de todas partes a la misma vez, diciendo: “Bienvenido a la cueva de los dragones”. “¿Dragones?”, dijo en voz alta reflejando su pánico.

“No temáis”, dijo la voz y desapareció. No se oyó más. Héctor no sabía qué hacer. El bosque se estremeció y poco a poco hizo presencia el dragón alfa. Era alto y enorme. Caminó despacio. Héctor intentó huir, pero no pudo. Petrificado abrió los ojos. El enorme mastodonte se colocó cerca de él y en son de paz le indicó que se acercara. Sin dar crédito a lo que estaba viendo y viviendo, Héctor dio unos pasos más, diciendo balbuceante: “Aquí estoy”

Por el otro costado, llegó un hombre alto, moreno y de ojos grandes. “No temáis, habéis llegado al reino de los dragones”. Héctor, escasamente pudo girar su cabeza para ver al corpulento hombre. “No temáis”, insistió el desconocido. Se arrimó al dragón y lo consintió y el animal gigante correspondió. “¿No matan?”, preguntó. “No”, contestó Alfredo, dibujando una carcajada burlona. 

Poco a poco el miedo se fue diluyendo. Héctor comenzó a moverse con más soltura. Incluso, tuvo la osadía de darse un paseo por el entorno en la espalda del dragón. Fue una aventura fenomenal. Voló por entre las copas de los árboles.

Héctor, maravillado regresó a su choza y durante la asamblea general de la aldea contó la historia. Nadie le creyó. Algunos lo trataron de loco y otros de satánico. “Digan lo que digan – dijo – pero los dragones existen y están con nosotros”.

FIN.

 

POR MILLER ROJAS YONDA / ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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